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Reportaje:

Las mujeres del 'narco' brasileño

Un libro alerta sobre la cada vez más influyente presencia femenina en el crimen organizado de las favelas

A veces empiezan ya a los 10 años, enamorándose de uno de los jóvenes traficantes de drogas de las favelas de Brasil, y acaban participando en la jerarquía del narcotráfico, llegando incluso, cuando sus hombres mueren, a sustituirles con todos los poderes.

Es lo que revela el libro Falção, mulheres e o tráfico (Halcón, las mujeres y el narcotráfico) de la editorial Objetiva, del Grupo Santillana, escrito por Celso Athayde y MV Bill "un astro del rap y del hip-hop", cuyo contenido está conmoviendo al país aun antes de salir a la calle (estará en las librerías el próximo 6 de noviembre), gracias a la anticipación de algunas entrevistas que se contienen en el libro por el diario O Globo. En ellas se trasluce el núcleo de la obra: la presencia cada vez más influyente de las mujeres en el mundo del crimen organizado y del tráfico de drogas en las favelas.

ocho años de entrevistas

Los autores del libro han entrevistado durante ocho años a mujeres que trabajan con los narcotraficantes en las diferentes favelas de 20 Estados de Brasil. Sobre esta obra se basará, además, un documental televisivo, como sucedió con una obra anterior de Athayde, Falção, os meninos do tráfico (Halcón, los niños del narcotráfico), sobre los niños captados por el crimen organizado. En él se mostraba cómo acaban casi todos muertos antes de llegar a la juventud: de los 17 niños entrevistados en su obra, 16 ya habían muerto cuando se publicó el libro, en 2006.

"Mi deseo sería que el próximo documental fuese sobre cómo Brasil salió de esa encrucijada, de los horrores del tráfico", afirma Athayde, empresario de las principales estrellas del rap, que creció en la favela del Sapo, en Río de Janeiro, y conoce en primera persona la tremenda realidad de aquel mundo, dominado por los narcotraficantes como un poder paralelo al del Estado.

Hay favelas en las que, incluso, para que pueda entrar un ministro —le ocurrió a Gilbero Gil, titular de Cultura—, los traficantes ponen severas condiciones, como la de que vayan desarmados los policías que le acompañan.

Athayde no es optimista sobre el futuro: "A pesar de que sigo predicando que van a llegar días mejores, confieso que aún no me he convencido de ello", afirma. Según Athayde, se calcula que un 20% de los puestos de venta de droga en las favelas está dirigido por mujeres. Antes de tomar el mando personalmente, realizan diferentes funciones, como vigilar las famosas bocas-de-fumo, los centros de venta de drogas.

Son también las que se encargan de transportar la droga y las armas, sirven de protección y escudo al jefe del tráfico en la favela, cuidan de los traficantes heridos y vigilan y avisan cuando la policía está subiendo a la barriada.

Invisibles

En las entrevistas recogidas en el libro hay de todo: desde jovencitas que se jactan de ser las amantes de los traficantes, hasta prostitutas que confiesan que acostarse con un joven traficante con la ametralladora en la mano excita el deseo sexual. Las hay que afirman que lo hacen porque quieren parecer fuertes, enfrentándose a la policía como hacen los hombres: "Necesitamos demostrar que somos iguales a los hombres", afirma una de las jóvenes entrevistadas, que asegura que no consume drogas para estar más despierta. Y las hay que cuentan que lo hacen para asegurar la comida de sus hijos.

Una de las cosas más alarmantes y que refleja la fascinación que los traficantes ejercen sobre las mujeres es que existen jóvenes de clase media de los barrios acomodados de la ciudad que llegan a trasladarse a las favelas para poder estar cerca de uno de los traficantes, a pesar de que saben que todos acaban muriendo jóvenes.

Uno de los dramas añadidos para las mujeres del narcotráfico es que están obligadas a ser invisibles: no deben aparecer y su trabajo está condenado al mayor anonimato.

La muestra es que los nombres de las entrevistadas por Athayde son ficticios. Todas tienen miedo a las represalias, porque además suelen ser odiadas por las otras mujeres de las comunidades de las favelas.

Actúan en la sombra, hasta tal punto que una taxista de una de las favelas más duras de Río de Janeiro confesó rotunda a EL PAÍS que no conoce a ninguna mujer en su favela que trabaje para los traficantes.

Según Antonio Jesús Silva, profesor de Antropologia de la universidad Estacio de Sá, en Río de Janeiro, "las mujeres de los traficantes siempre ayudaron y arroparon a sus maridos o amantes".

La novedad que revela el libro de Athayde y MV Bill consiste en que "ya han llegado a participar de la jeararquía, lo que es preocupante pues supone que podrá agrandarse la tropa del tráfico, donde los hombres suelen morir muy jóvenes. Ahora van a tener a las mujeres para sustituirlos", afirma Silva.

Además, las entrevistas con las mujeres del narcotráfico que contiene el libro, y cuyo anticipo ha conmovido a Brasil, contribuyen a desmitificar a las mujeres como seres pacifistas, amantes de la paz y enemigas de la guerra, según el antropólogo, ya que "revelan que, a la hora de la verdad, pueden ser tan feroces como los hombres y tan fascinadas por las armas y por la violencia como ellos, ya sea por dinero, por sexo o por amor al riesgo".