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Portugal dará "máxima prioridad" al nuevo tratado

Tras mucha incertidumbre y no poco sufrimiento, la presidencia portuguesa arrancará el 1 de julio con el escenario soñado: un mandato de reforma del tratado preciso y claro, como quería Lisboa, y las mejores perspectivas para liderar la redacción de un texto que debe sacar a la UE de la parálisis institucional y que, si nada se tuerce, se llamará Tratado de Lisboa.

Para cumplir esa misión histórica, el primer ministro portugués, José Sócrates, compareció ayer ante la prensa en Bruselas a una hora infernal, las seis de la mañana, y proclamó: "El nuevo tratado será nuestra máxima prioridad en los próximos seis meses".

El futuro Tratado que sustituirá a la fracasada Constitución y tendrá el nombre de la ciudad más cantada del mundo fue el arduo resultado de un maratón negociador lleno de vaivenes, durante el cual Portugal se alineó codo a codo con España para retirar la retrógrada alusión polaca a la moralidad pública, y lideró la oposición a la idea de un mandato a 26 (sin Polonia) que la canciller Ángela Merkel manejó como solución de recurso para desbloquear el acuerdo.

Ahora, la diplomacia lusa solo mira hacia adelante. Sócrates ha anunciado que convocará el 23 julio la Conferencia Intergubernamental (CIG), con la intención de validar un primer borrador en la reunión de ministros de Exteriores que se celebra el 8 y 9 de septiembre en Viana de Castelo, y aprobar el texto final en la Cumbre Informal de Jefes de Gobierno de Lisboa de 18 y 19 de octubre. "Nadie debe dudar de nuestra determinación; haremos todo lo posible para llegar a tiempo", dijo ayer a este diario un portavoz del primer ministro. "Incluso, si hace falta, suspenderemos o acortaremos las vacaciones".

Lo único que falta es decidir cómo se ratificará el tratado. Aunque lvarios partidos de oposición pidieron ayer mismo al Gobierno que convoque el prometido referéndum, una portavoz de Exteriores dijo a este diario que la decisión aun no está tomada: "Ya veremos. Tenemos tiempo para decidirlo".