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Reportaje:

Brasil reza a una niña asesinada

La tumba de una pequeña que fue violada y cuyo cadáver apareció en una iglesia se convierte en lugar de culto y oración

Una ONG plantó el sábado 700 cruces ?una por cada persona asesinada en Río de Janeiro este año? en la playa de Copacabana para pedir el fin de la violencia.
Una ONG plantó el sábado 700 cruces ?una por cada persona asesinada en Río de Janeiro este año? en la playa de Copacabana para pedir el fin de la violencia. AP

El asesinato de la pequeña Gabrielli Cristina Eichholz, de un año y siete meses, cometido de forma atroz el pasado 4 de marzo, se ha sumado ya a la larga lista de macabros episodios de violencia que prácticamente todos los días conmocionan a Brasil.

En esta ocasión, el caso ha consumado, una vez más, el horror. El cadáver de la niña fue encontrado en la pila bautismal de una Iglesia adventista de la ciudad de Joinville, en el Estado de Santa Catarina, perteneciente al sur rico del país.

Había sido violada, estrangulada con las manos y arrojada en la pila bautismal de la Iglesia. Ahora, su tumba se ha convertido espontáneamente en un lugar de culto, donde las personas se arrodillan para rezar y para pedir dones a la inocente muerta.

La niña se encontraba en una sala de juegos para niños mientras sus padres asistían a los servicios religiosos. En un momento en el que la pequeña Gabrielli salió de la sala al patio fue abordada por su asesino, un albañil de 22 años, que ya ha confesado con frialdad el crimen. El joven tenía antecedentes policiales por molestar a chicas de entre 12 y 14 años.

Hoy, cientos de ramos de flores se apiñan sobre la tumba de la niña. Las personas dejan allí ofrendas de todo tipo, incluso una muñeca de plástico con la que Gabrielli solía jugar. Han colocado también recortes de periódicos que narran el horrible asesinato cometido a sangre fría. El nombre de la pequeña ha sido escrito a mano en una plancha de cemento.

Los responsables de la Iglesia adventista aún no se han pronunciado sobre el hecho de que la tumba se haya convertido en un lugar de culto. A diferencia de los católicos, los protestantes no creen en los santos y por tanto no canonizan a las personas. Pero muchos de los que rezan sobre el féretro de la niña, en el cementerio de São Sebastião del barrio de Irririú, son católicos y podrían acabar considerando a la pequeña como a una santa. En ese caso, las autoridades de la Iglesia católica, que son quienes tienen que autorizar el culto a un difunto, sí se verían obligadas a intervenir, especialmente si se le empezaran a atribuir milagros, como suele suceder en estas ocasiones.