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Gritos y abucheos contra la única representante del Ejecutivo chileno en el funeral de Pinochet

Cerca de 2.000 personas participan en un homenaje a Salvador Allende en el palacio de la Moneda

La misa funeral por Augusto Pinochet, a la que han acudido cerca de tres mil personas en Santiago de Chile, se ha convertido en un manifestación de apoyo a la dictadura de Pinochet, que gobernó el país andino durante 17 años (1973-1990) dejando un reguero de torturas, asesinatos y violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos, y de rechazo frontal al Ejecutivo de la socialista Michell Bachellet, cuya única representante, la ministra de Defensa Vivianne Blanlot, ha sido recibida con insultos y abucheos de la mayoría de los presentes.

El oficio religioso ha comenzado a las 11.00 horas (15.00 en España) a cargo del obispo general castrense, Juan Barros, quien ha ensalzado la figura de Pinochet, al que siempre se ha referido como Jefe de Estado, y de su esposa, Lucía Hiriart. Con todo, el sacerdote ha pedido perdón por los errores que pudo haber cometido Pinochet, aunque a renglón seguido ha afirmado que el golpe militar se produjo por las "situaciones complejas" que vivía el país durante el gobierno de Salvador Allende (1970-1973). Sus palabras han sido aplaudidas efusivamente por los asistentes, que han recibido, sin embargo, con pifias e insultos a la ministra de Defensa, Vivianne Blanlot, la única representante del Gobierno en las exequias, quien no ha saludado a la familia del fallecido para evitar tensiones. La ira de los seguidores del dictador se ha dirigido también contra la ausente presidenta Michelle Bachelet (torturada en la dictadura y cuyo padre fue asesinado), quien decidió no otorgar honores de Estado al funeral.

Blanlot, cuya presencia en la ceremonia había sido rechazada previamente por la familia, ha llegado acompañada por los comandantes en jefe del Ejército, La Armada, la Aviación y el director de Carabineros. Sin embargo, durante el ritual de la paz en la misa, la hija menor de Pinochet, Jacqueline, ha tendido la mano a la ministra de Defensa. Posteriormente los nietos del fallecido ex gobernante han realizado las lecturas bíblicas durante el oficio. Entre los asistentes han estado, además de la familia, ex ministros de sus sucesivos gobiernos, militares retirados, amigos y partidarios. Durante el oficio religioso el ataúd de Pinochet ha estado cubierto por la bandera chilena y sobre ella su uniforme de gala, las condecoraciones y su gorra.

El "reencuentro" de Chile

La ceremonia ha continuado con una serie de discursos. En el último de ellos, el comandante en jefe del Ejército, el general Oscar Izurieta, ha confiado en que la muerte de Pinochet ayude a mitigar "las pasiones que genera su vida y obra". "Dejemos a la historia un examen objetivo y justo respecto a su protagonismo en los procesos políticos, económicos y sociales en los cuales le cupo participación", ha afirmado Izurieta. En otro momento de su intervención, el jefe del Ejército ha reconocido que las violaciones de Derechos Humanos fue el aspecto más "controvertido" de su gestión.

Al término de los discursos, su cadáver ha sido llevado al patio de honor de la Escuela Militar en una cureña, presidida por un caballo sin jinete, símbolo de la pérdida de un alto oficial, tras lo cual se le han rendido los honores militares, que incluyen tres descargas de artillería. Tras cumplir con el protocolo, el general Izurieta ha entregado a la viuda una bandera de Chile.

Paralelamente, cerca de 2.000 detractores de Pinochet han participando en una ceremonia en recuerdo a las víctimas de la dictadura que ha tenido lugar frente al Palacio de La Moneda, presidida por un gran lienzo donde se podía leer El tirano murió, viva Allende. La manifestación ha culminado sin incidentes.