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Reportaje:

Partidos brasileños en peligro de extinción

Sólo las formaciones que obtengan al menos un 5% de los votos en las elecciones de este año podrán continuar existiendo

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, acabará su mandato este año sin haber conseguido la gran reforma política que el país necesita con urgencia. En el año 2002, 29 partidos —la mayoría sin apenas ideología política— concurrieron a las urnas. Estas formaciones han sido calificadas despectivamente por los grandes partidos como "grupos de alquiler", ya que, como acabó demostrando el escándalo de corrupción que ha afectado al Gobierno, son fácilmente susceptibles de conceder su apoyo a la aprobación de una ley a cambio de prebendas.

Gracias a una ley ya aprobada pero que entrará en vigor en las elecciones de 2006, sólo los partidos que consigan al menos un 5% de los votos para el Parlamento —de ellos, al menos un 2% proviene de seis Estados— podrán sobrevivir. El resto desaparecerá. Si esa norma hubiese existido en 2002, sólo siete de los 27 partidos que hoy tienen representación en la Cámara habrían pervivido. Sin embargo, los pequeños partidos que podrían no alcanzar la llamada "cláusula de barrera" ya se están organizando para, en caso necesario, unirse en un nuevo partido sin desaparecer y manteniendo los privilegios de los que superan el 5%.

Aunque en Brasil no existe la subvención pública a los partidos, éstos disfrutan de numerosas prerrogativas: por ejemplo, una cuota anual para gastos de burocracia, que para 2006 será de 108 millones de reales (más de 42 millones de euros). Además, los partidos que no consigan el 5% de los votos perderán el derecho a la publicidad gratuita en las televisiones federales y estatales: dos programas de 20 minutos semestrales, además de cuñas publicitarias por un total de 40 minutos en la red nacional y otros 40 en emisoras de los diferentes Estados. Por último, les serán suprimidos los privilegios de que gozan dentro del Parlamento, como el de tener asesores y poder hacer uso de la palabra en las sesiones.

El presidente del Partido Popular Socialista (PPS), Roberto Freire, critica la nueva ley, ya que piensa que los pequeños partidos, al juntarse entre sí, se convertirán de nuevo en "reserva de mercado de los grandes partidos". Por su parte, Carlos Lupiz, presidente del Partido Democrático de los Trabajadores (PDT) —al que se ha afiliado el ex ministro de Educación Cristovam Buarque tras haber abandonado el Partido de los Trabajadores (PT), del que era uno de sus intelectuales más críticos—, afirma que quiere "mantener las puertas abiertas" a aquellos partidos que no hayan conseguido el quórum y puedan ser afines a la ideología del partido.

El principal problema se presenta, sin embargo, para aquellos partidos que, a pesar de ser pequeños, están fuertemente ideologizados, como el nuevo Partido Socialista de la Libertad (PSOL), fundado con los diputados expulsados por el PT al inicio del Gobierno de Lula, o para partidos de corte comunista, como el Partido Socialista de Trabajadores Unidos (PSTU), de raíz marxista, que difícilmente podrán unirse a cualquier otro partido sin ideología definida.