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EL FRANCOTIRADOR DE WASHINGTON

La policía pedirá la pena de muerte para los dos detenidos por los asesinatos con rifle

Las autoridades del Estado de Alabama basan su acusación en la muerte de una mujer en el asalto a una licorería el pasado 21 de septiembre.-El fusil hallado en el coche de los dos arrestados es del francotirador

La policía del Estado de Alabama planea presentar cargos por asesinato en primer grado contra los dos sospechosos de cometer los atentados con rifle en Washinghton. Las autoridades acusan a John Allen Muhammad, ex soldado de 42 años, y John Lee Malvo, de 17 años, jamaicano e inmigrante ilegal, de la muerte a tiros de una mujer durante el asalto frustrado a una licorería el pasado 21 de septiembre en Alabama. De este modo, se podrá solictar la pena de muerte para ambos.

El gobernador de Virginia, Mark Warner, ha anunciado también que pedirá la pena de muerte para ambos sujetos, aunque deberá esperar a que se presenten contra ellos acusaciones formales por alguno de los cinco asesinatos del llamado tirador del tarot cometidos en su territorio. En Maryland, donde también actuó el francotirador, está vigente la pena capital, pero existe una moratoria y no se aplica de hecho. Además, no se aplicaría a Lee Malvo, menor de edad. En Washington D.C., el tercer teatro de operaciones del asesino del rifle no rige la pena de muerte.

Entretanto y, según informa hoy The New York Times, John Allen Mohamed llamó por teléfono a dos sacerdotes de los Estados de Virginia y Washington. En las conversaciones que matuvo con los religiosos, Allen ofreció pistas clave que luego fueron usadas por la policía para dar con su paradero. El detenido realizó ambas llamadas el 18 de octubre, después de intentar infructuosamente comunicarse con las autoridades del condado de Montgomery, cuya incompetencia hizo imposible el diálogo. Uno de los sacerdotes contactados por el supuesto asesino vivía en Ashland, Virginia, donde el francotirador se cobró su novena víctima la noche del domingo, y el otro Bellingham, en Washington, donde Muhammad y Malvo se reunieron por primera vez para decidir llamar a la policía y establecer su credibilidad ante los oficiales, según el diario.

Siempre según esta versión, el asesino pidió al sacerdote de Ashland que la policía comprobará un crimen cometido en Montgomery, pero no en el condado del mismo nombre, sino en la ciudad del mismo nombre en el Estado de Alabama. Desconcertada por este dato entregado por el criminal, la policía contactó a sus homólogos en dicha localidad quienes siguieron el rastro de unas huellas dactilares dejadas en una revista, durante un intento de asesinato y robo en una tienda de licores el 21 de septiembre.

Las huellas coincidieron con las registradas por Malvo en el servicio de Inmigración y Naturalización pues el joven había tenido varios incidentes con los oficiales de inmigración mientras vivía en Bellingham, y sus huellas dactilares están registradas.

"Toneladas de pruebas"

De momento, y a falta de acusación oficial, el FBI tiene "toneladas de pruebas contra Allen". Anoche, las autoridades confirmaron que el fusil utilizado por el francotirador que había creado el terror en torno a Washington desde hace 23 días es el encontrado en el automóvil del sospechoso y de su hijastro, un Bushmaster AR-15 de calibre 5,56 milímetros.

Mohamed, veterano de la guerra del Golfo, y Malvo fueron sorprendidos cuando dormían en el interior de un coche en un área de servicio de una autopista y pasaron inmediatamente a disposición de un juzgado federal de Baltimore (Maryland). De momento Mohamed está detenido por el delito federal de uso ilegal de arma de fuego y Malvo por ser considerado un "testigo sensible" en relación con el caso del francotirador.

Satisfacción de Bush

El presidente de EE UU, George W. Bush, ha expresado su satisfacción por la detención de los dos sospechosos y ha felicitado a las fuerzas de seguridad porque "han levantado la sombra de miedo que pesaba sobre muchas familias". Bush llamó por teléfono a Charles Moose y agradeció su labor y la de su equipo.

Entre las diez víctimas mortales del francotirador confirmadas oficialmente hay siete hombres y tres mujeres de entre 25 y 72 años, la mayoría asesinados en Maryland y Virginia, y uno en Washington. Además, tres personas resultaron heridas de gravedad: una mujer de 43 años y un hombre de 37, ambos en Virginia, y un niño de 13 años, todo ello en puntos distantes en un máximo de 150 kilómetros.

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