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La mili regresa a Europa: ¿están los jóvenes preparados?

El servicio militar obligatorio gana adeptos en el continente europeo, aunque su popularidad social difiere entre países. Y sobre todo entre generaciones

Soldados realizan maniobras en la playa de San Lorenzo durante el Desfile Naval y Aéreo con motivo del 'Día de las Fuerzas Armadas 2024'
Maniobras militares durante el Día de las Fuerzas Armadas, el 24 de mayo pasado, en Gijón.Carlos Álvarez (Getty Images)

Hace cinco años, cuando aún estaba en cuarto de la ESO, Enrique Ramírez [nombre ficticio] tomó una decisión que le distinguiría de sus compañeros: al cumplir los 18, no iría a la universidad, sino al ejército. Recuerda el vértigo que sintió antes de su internamiento y cómo las películas le habían dado una visión distorsionada de la realidad militar: “Me sorprendió la cantidad de trabajo administrativo que hay, porque en el cine todo son tiros”. Señala que adaptarse al estricto régimen de una academia militar es algo “fuerte” a los 18 y que, aunque el ambiente está diseñado para fomentar la madurez, no sintió una gran diferencia en comparación con sus pares fuera del ejército. “A lo mejor se enseña más la disciplina y el obedecer a la autoridad que sea, si un superior te dice cualquier cosa, no es fácil poner peros”. ¿Eso es positivo? “Hombre, depende de si las órdenes son buenas”.

Ahora mismo, la única forma de entrar al ejército en los grandes países de la Unión Europea es voluntariamente, aunque es posible que esta situación tenga los días contados. La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha negado que “la mili” vaya a volver, pero en el resto de Europa no deja de ganar adeptos. El pasado domingo, el primer ministro británico, Rishi Sunak, anunció que, si gana las elecciones del próximo 4 de julio, reintroducirá el servicio nacional obligatorio. Los jóvenes de 18 años tendrán la opción de colaborar como voluntarios para acciones comunitarias un fin de semana al mes o de enrolarse a tiempo completo en las Fuerzas Armadas durante un año. En marzo, el Gobierno danés anunció que aprobará una ley que incluirá a las mujeres en “la mili”, además de extender su duración. Hace unas semanas, el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, declaró que, en su opinión, la suspensión de la conscripción en 2011 fue “un error”. De hecho, ha iniciado una gira por varios países para explorar modelos de servicio militar, especialmente el sistema sueco instaurado en 2017, que se basa en un proceso selectivo que no convoca automáticamente a todos los jóvenes elegibles por edad, sino que usa criterios para identificar a los más aptos.

“Europa necesita más efectivos para hacer frente a la amenaza rusa”, afirma por videollamada Rafael Loss, experto en defensa en el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, un think tank. “Hay que hacer un cambio de mentalidad: mantener la libertad, la seguridad y la prosperidad no es gratis”. Este experto alemán señala que Europa redujo sus fuerzas en los años noventa, al considerar que esa amenaza había desaparecido. “A mediados de los dos mil, las Fuerzas Armadas de Alemania tenían la mitad del tamaño que durante la Guerra Fría, y el ejército británico, que lleva 14 años incumpliendo sus objetivos de reclutamiento, es el más pequeño desde las guerras napoleónicas”, asegura. Un informe de RAND Corporation de 2017 concluyó que Gran Bretaña, Francia y Alemania tardarían varias semanas en desplegar una brigada blindada en los países bálticos.

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En España, la situación es similar: las Fuerzas Armadas han perdido el 10% de su personal en poco más de dos décadas, según datos de la Subsecretaría del Ministerio de Defensa. Félix Arteaga, investigador principal del Instituto Elcano en Cuestiones Internacionales y Política Exterior, sostiene que, al menos de momento, no es necesario reintroducir el reclutamiento forzoso: “En tropa y marinería [los rangos más bajos del ejército], el Gobierno ha mantenido el límite de efectivos en torno a los 79.000 y, hasta ahora, la demanda por cada plaza sigue siendo alta, con una proporción de cuatro solicitantes por cada puesto disponible”. Sin embargo, destaca que el verdadero problema reside en poder cubrir los puestos especializados, ya que estos perfiles son escasos, y es muy difícil competir con la oferta del mercado civil.

Una excepción a esta regla es Alejandro Torres, que, al igual que otros tres militares de este reportaje, ha solicitado ocultar su nombre debido a las normas que regulan las declaraciones del personal del ejército. Tiene 26 años, hasta hace poco trabajaba de ingeniero en una empresa, hasta que lo dejó para alistarse en la Armada. “Mi trabajo me aburría mucho. Me atraía más el tema militar, tomar decisiones bajo presión”, explica. Confiesa que nunca vio el servir al país como una motivación personal para unirse al ejército. “Muchos sí lo sienten así. Hay mandos que se hartan de decir: ‘¿Ves la bandera de España? La única razón para que estés aquí es para defender esta bandera”, cuenta. Torres lo ve más como trabajar en una empresa donde le gustan “las tareas asignadas y la ley interna”. “Quizás aquí se conservan valores que se han perdido en la calle. A menudo, un superior te da una orden, y tienes que cumplirla aunque no estés de acuerdo. Eso en la calle no se ve, te das cuenta sobre todo cuando estás dentro”.

La popularidad del servicio militar obligatorio varía entre países. Según una encuesta del año pasado, solo el 28% de los británicos apoyaría una conscripción de un año. Un estudio reciente muestra que el 65% de los franceses favorece su reintroducción. En Alemania, el 61% apoya la idea, según otra encuesta. Un estudio de Gallup indica que el 53% de los españoles no está dispuesto a luchar por su país en una guerra.

En España, de lo que no hay duda es de que, durante su existencia, el apoyo a la mili fue disminuyendo a lo largo de los años: mientras que en 1960 un 74% consideraba que el servicio militar era “útil y necesario”, para 1986 este porcentaje había caído al 12%. Una encuesta del CIS de ese año indicó que la mayoría de los jóvenes no creía que la mili les ayudara a madurar personalmente. “Parece claro”, decía el estudio, “que si en otros tiempos hubo una conciencia generalizada de la utilidad del servicio militar para los jóvenes, hoy existe una generalizada opinión de que este no solo es absolutamente inútil, sino incluso perjudicial para su formación”.

Rafael Loss señala una creciente desafección entre los jóvenes europeos hacia las instituciones democráticas y las políticas de generaciones anteriores, que no satisfacen sus necesidades en áreas clave como pensiones y cambio climático. “Además se sienten desfavorecidos en comparación con otros grupos de edad, especialmente tras la pandemia”, indica. Jorge Martínez, con 17 años recién cumplidos, se muestra favorable a un hipótetico retorno de la mili, debido a “la tensión global actual”. Sin embargo, ve el tiempo requerido como un gran obstáculo: “Dos años me parecen demasiados, porque también tengo que hacer la carrera. Lo ideal serían seis meses, como mucho un año”.

Además de las necesidades de defensa, los defensores de “la mili” destacan beneficios como el desarrollo personal y profesional, la cohesión social, el fomento del patriotismo o la reducción del paro juvenil. Alfonso Gallego [nombre ficticio], quien ingresó en la Academia Militar de San Javier a los 16 años —ahora tiene 92— y alcanzó el rango de teniente general del ejército del aire, considera que esta medida sería beneficiosa. “Lo valioso del servicio militar es que unifica a jóvenes de diversas comunidades de España, y fortalece la unidad del país”, dice por teléfono. Gallego también recuerda la dureza de su experiencia militar, particularmente durante los conflictos en el Sáhara Occidental a finales de los años cincuenta, cuando tenía apenas 26 años. “Un día, al salir para volar, vi seis cadáveres de soldados españoles. Todo lo que tú sientas si tienes que matar enemigos, ahí se te quita: me han matado a mis soldados, pues yo tengo que matar también”.

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