ensayos de persuasión
Columna
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El triunfo de la injusticia

La desigualdad desbocada que padecemos tiene un claro motor: el sistema fiscal

'El Rubius' en el festival de cine de Sitges de 2018
'El Rubius' en el festival de cine de Sitges de 2018Robert Marquardt/Getty Images (Getty Images)

La injusticia fiscal es uno de los grandes fracasos políticos de nuestro tiempo. El sistema tributario de un país es quizá la institución más importante de cualquier sociedad democrática, aunque resulte antipática. La cuestión de los impuestos se ha removido y vuelto a la actualidad cuando se ha conocido que un grupo de los más importantes youtubers, auténticamente millonarios, se han trasladado o se van a trasladar a vivir a Andorra para pagar menos impuestos, uniéndose a deportistas de élite, aristócratas, empresarios, etcétera. La diferencia de los youtubers con éstos es el ejemplo que dejan en millones de jóvenes para los que son referentes relevantes en su cultura y en los comportamientos de su vida cotidiana.

En el Museo Smithsoniano de Arte Americano de Washington se ­exhibe una servilleta de tela con un dibujo del economista Arthur Laffer. Aunque quizá no sea la servilleta original en la que Laffer dibujó su curva homónima en el restaurante Two Continent, en el año 1974, contiene todos los ingredientes de una de las mentiras económicas más famosas de todos los tiempos: en esencia, que bajando los impuestos se recauda más. Por cierto que la servilleta está dedicada a Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de George Ford y de George W. Bush, y uno de los neocons más comprometidos con la reacción antiimpuestos.

Algunos de los youtubers exiliados económicos admirarían la servilleta de Laffer si la conocieran. Para corregir esas fake news tributarias, dos catedráticos de Berkeley han escrito un libro importante (El triunfo de la injusticia, Taurus). Emmanuel Saez y Gabriel Zucman han revolucionado en los últimos tiempos el estudio de la desigualdad. La tesis del libro es nítida: la desigualdad desbocada que padecemos tiene un claro motor: el sistema fiscal. El triunfo de la injusticia fiscal es, ante todo, una negación de la democracia. Describen con mucho detalle la aparición de una industria de la evasión fiscal que oculta los ingresos y la riqueza; el surgimiento, con la globalización, de nuevas lagunas jurídicas explotadas por las empresas multinacionales; o la espiral de la competencia fiscal internacional, que ha llevado a los países a reducir, una tras otra, sus tasas impositivas. Con estas limitaciones externas es más difícil que nunca que los países puedan debatir el tamaño apropiado de la Administración Pública —con relación a las necesidades de sus ciudadanos— y los porcentajes ideales de progresividad fiscal.

Saez y Zucman ponen los ejemplos de EE UU, que es la sociedad que más conocen, aunque indican explícitamente que, en un grado u otro, la relación entre impuestos y desigualdad está presente en todos los países del mundo. En 1970, los estadounidenses más ricos pagaron en impuestos un total de un 50% de sus ingresos, lo que duplicaba el porcentaje abonado por la clase trabajadora. En 2018, a raíz de la reforma tributaria de Donald Trump y por primera vez en los últimos 100 años, los milmillonarios pagaron menos que los obreros siderúrgicos, los profesores y los jubilados (recuérdense las denuncias de Warren Buffett). Los ricos han visto retroceder sus impuestos a los niveles de la década de 1910, cuando el Estado tenía solamente una cuarta parte del tamaño del actual. “Es como si se hubiese borrado un siglo de historia fiscal”, dicen los autores del libro.

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Este es un buen contexto para describir la huida de El Rubius y otros youtubers a Andorra, un país que hace un rato ya que no pertenece a la lista de paraísos fiscales pero que sus vecinos, España y Francia, consideran “país pernicioso fiscalmente”. En el pequeño país de los Pirineos el goteo de fortunas que permanentemente llegan pagarán un máximo del 10% tanto en el impuesto de la renta como en el de sociedades. Otra celebridad de Internet tan famoso y tan millonario como los que se van, Ibai Llanos, ha declarado que no se irá de España: “Me da igual lo que me quiten (sic), porque sigo viviendo de puta madre y me parece normal que a los que ganan mucha pasta les quiten (sic) mucho dinero”.

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