Columna
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¿Que más puede pasar el Egipto? Que salgan a pasear las momias

Los egipcios han echado el resto: lo que sea para que vuelvan a llenarse los resorts y los cruceros del Nilo, Isis lo quiera

Al Sisi, presidente y mariscal egipcio, en el desfile más pintoresco y macabro que se recuerda.
Al Sisi, presidente y mariscal egipcio, en el desfile más pintoresco y macabro que se recuerda.Getty

Cuando escribo estas líneas no sabemos qué más puede pasar en Egipto: se ha atascado (como un inodoro) el Canal de Suez, se ha descubierto una ciudad faraónica entera y han salido a pasear las momias, así, como lo oyen. A expensas de que aparezca Cleopatra en un café de Alejandría, se halle en la Gran Pirámide un pasadizo secreto que conecte directamente con el bazar de Jan el-Jalili o regresen las diez plagas, vamos a hablar del desfile de los faraones.

¡Vaya despliegue! Oh! When the mummies go marching in, Oh Lord, I want to be in that number. Los egipcios han echado el resto: lo que sea para que vuelvan a llenarse los resorts y los cruceros del Nilo, Isis lo quiera. Es difícil decir con qué imagen quedarse de The Pharaohs’ Golden Parade, que suena a pasarela de Dior y combinó de manera asombrosa lo solemne y marcial con lo extravagante y hortera. A mí me impresionó la estampa de los carros con sus aurigas alineados ante el paso de los vehículos militares redecorados al alza que cargaban las 22 momias reales (Hatshepsut convertida en la tanqueta de Tebas). Me hizo recordar el pasaje del Éxodo –y de la película Los diez mandamientos– en el que el mar Rojo se cierra sobre el ejército del faraón. En cambio, las danzarinas en el templo de Deir el Bahari me parecieron casi dignas de una actuación de Letonia en Eurovisión. Impagable el trávelin del presidente y mariscal Al Sisi recorriendo pasillos y pasillos del Museo Nacional de la Civilización Egipcia como si no fuera a salir nunca hasta llegar a la puerta para recibir a las momias.

He de decir que mucho vender el desfile de los reyes y reinas embalsamados, pero en realidad no vimos a ninguno. Vamos, que nos escamotearon a las momias. Mucha cantante con vestido como de recibir en el ¡Hola! (aquí mi casa de Saqqara) y mucho plano de la chica que tocaba los timbales en la orquesta (¿la prima del realizador?), pero cero momias. Sería por pudor, recato o miedo al qué dirán los islamistas radicales, el caso es que nos quedamos sin ver a las protagonistas del desfile, sustituidas por unos planos digitales de ataúdes antropomorfos.

En la imposibilidad pues de juzgar quién desfiló mejor (¿Tutmosis III?), vamos a crear nuestro propio ranking de Top Mummies. La primera, sin duda, la Anck-su Namun de Patricia Velásquez (mejor en la versión premo- mificación) en La momia de 1999. La segunda, el Imhotep de Boris Karloff de la seminal (glups) La momia de 1932, que estaba basado en la momia real de Ramsés III, una de las que desfilaron. Y la tercera, el ubicuo Kharis de Lon Chaney de La tumba de la momia, El fantasma de la momia y La maldición de la ídem (tres pelis de la Universal). Añadamos, por morbo, la momia de Tom Cruise (y valga la frase): la princesa Ahmanet de inquietantes pupilas dobles de Sofia Boutella. Y la cuota de momia catalana: nadie ha hecho de momia con más desparpajo que el diplomático y arqueólogo Eduard Toda i Güell (véase si no se cree su foto disfrazado en el viejo Museo del Cairo en 1884). Con todos ellos sí que montas un buen desfile. Oh Lord, I want to be in that number.

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