_
_
_
_

Álvaro Cervantes y los inconvenientes de ser un gran actor: “El personaje lo tienes muy claro pero tu vida no”

Con tanto talento como disciplina, el intérprete acaba de estrenar ‘Eres tú' y sigue demostrando que lo único mejor que su carrera es su reputación

Álvaro Cervantes posa para ICON vestido de Hermès.Foto: Sharon López

Todo el mundo quiere a Álvaro Cervantes (Barcelona, 33 años). Dentro de la industria cinematográfica solo se escuchan palabras bonitas sobre él. La cámara, desde luego, también le quiere. Y cualquier espectador que lo haya visto, ya sea en la serie Luna, el misterio de Calenda (2012-13), o en las películas Adú (2020), Loco por ella (2021) o 42 segundos (2022), entenderá por qué: es uno de los actores españoles jóvenes con más capacidad para llevar una película sobre sus hombros, del género que sea. A partir del 3 de marzo, el público tendrá en Netflix una nueva oportunidad de comprobarlo en la comedia romántica Eres tú, de la galardonada directora de Cinco lobitos (2022) Alauda Ruiz de Azúa.

Cervantes ha pasado casi 20 años delante de la cámara y toda su vida adulta viviendo de la interpretación. “Tiene algo muy difícil de encontrar: eso que los americanos llaman star quality. La cámara captura una luz muy bonita en él y cae bien al espectador porque desprende un carisma natural”, explica Fernando González Molina, quien dirigió a Cervantes en 3 metros sobre el cielo (2010) y volvieron a ficharle en cuanto pudieron (en la trilogía del Baztán, 2017-2020). “Es extremadamente profesional, genera un ambiente de trabajo excelente y tiene muy pocas tonterías. Tanto en Tengo ganas de ti [2012] como en Legado en los huesos [2019], escribimos escenas para él que no estaban en la novela”, asegura el cineasta.

Con los años, Cervantes ha entendido que esta disciplina laboral se la inculcaron sus padres (él era comerciante de informática, ella florista) y se enorgullece de ser uno de esos chavales que, como suele decirse, viene educado de casa: “Mis padres son personas muy empáticas, educadas, amorosas... Hace nada vinieron a los Goya en comando Ángela [su hermana, Ángela Cervantes, también es actriz y estaba nominada por La maternal] a disfrutar de la gala y me encantó ver cómo lo hacían todo tan fácil. Ahora que soy más mayor me doy cuenta de los buenos padres que han sido”.

La directora de casting Rosa Estévez, que trabajó con Cervantes en El árbol de la sangre [2018] y Eres tú, recuerda perfectamente el día que lo conoció. “En el primer casting que le hice a Alvarito él tenía 18 años y según lo vi ahí sentado vi la seriedad, la concentración, el compromiso. Era como un actor adulto. Inteligentísimo. Hacía muchas preguntas. Y tuve claro que iba a llegar lejísimos. Estaba llamado por los dioses”, afirma. El actor reconoce que siempre tuvo un enorme sentido de la responsabilidad y que pensó a largo plazo. “Yo no siento que fuera un niño serio”, rebate. “Pero sí que tenía un sentido muy fuerte de responsabilidad. Enseguida conectaba con los adultos, de muy niño me interesaba más escuchar a mis padres conversando con sus amigos. Mis padres no me acompañaban a los rodajes, por ejemplo, y decidí cambiarme de escuela con 13 años porque estaba pensando ya en la carrera y en la nota que necesitaba sacar”. Suena un poco repelente. “Qué va, cero. Ni tampoco era serio exactamente. Era responsable”. Meticuloso hasta para describir su meticulosidad.

Álvaro se enorgullece de haberse protegido a sí mismo en situaciones en las que otros habrían cedido por inexperiencia o por la presión de agradar. A los 16 años, una revista para adolescentes, con la intención quizá de convertirlo en el nuevo Mario Casas, le propuso posar para una sesión de fotos en la que aparecería sin camiseta y enrollado con papel de váter de corazones. “Como si fuera un regalo” recuerda. “Y ahí agradezco haber sabido plantarme gracias a mi sentido de la responsabilidad”. Ese mismo pudor que todavía hoy le impide prestarse a “hacer el monito”, como él dice, durante la promoción de sus películas. Otra cosa que dicen de él es que es muy divertido, más de lo que demuestra en las entrevistas. De pequeño sus actores favoritos eran Jim Carrey y Robin Williams, pero no empezaría a conseguir papeles de comedia hasta los 30 (Bajo el mismo techo [2019], Donde caben dos [2021]). Y eso que le dieron su primer trabajo el de Abuela de verano (2005), después de un casting en el que imitó al rey emérito, Torrente, Pocholo o Carmen de Mairena.

Álvaro Cervantes posa para ICON vestido de Louis Vuitton.
Álvaro Cervantes posa para ICON vestido de Louis Vuitton.Sharon López

De aquella serie con Rosa María Sardà le salió la oportunidad de debutar en el cine con El juego del ahorcado (2008), que le dio una nominación al Goya como mejor actor revelación. En aquel momento estaba arrancando por fin su vida adulta, esa que él llevaba planeando desde los diez años, y su mayor logro había sido conseguir la nota de corte para entrar en Comunicación Audiovisual. Pero esa nominación le abría otra posible puerta que él no dejaba de mirar de reojo: nada más llegar al cóctel de nominados, Maribel Verdú le dio un abrazo que él sintió como una bienvenida a la profesión. No ha dejado de sentirse querido desde entonces. “Gracias al niño empollón que fui, voy a los castings como iba a un examen: pasas nervios, claro, pero si lo llevas bien preparado disfrutarás de rellenar páginas y páginas y de desarrollar”, explica.

Estévez asegura que a Cervantes lo contratan para hacer mucho más cine comercial, de esas películas que parecen americanas, que de autor o naturalista porque no todos los actores resultan convincentes en películas artificiales y hay que aprovechar a los que, como él, funcionan como “chico normal” en películas en las que nada es normal. “Ser el protagonista de una gran producción implica una responsabilidad enorme a la hora de liderar el equipo”, indica. “No puedes coger a alguien que te envenene el rodaje y Álvaro tiene muchísima paciencia y mucha inteligencia emocional”.

En concreto, para protagonizar un reparto coral como el de Eres tú hacía falta un actor con una presencia cercana pero magnética y que represente no tanto cómo es el español medio sino cómo le gusta imaginarse. “Álvaro tiene una energía sexual muy íntima, muy delicada, no tan testosterónica. Tiene esa cosa de novio ideal, de chico formal, de yerno perfecto”, señala Estevez. “No queríamos un tipo agresivo, porque sobre guión el personaje podía caer mal a pesar de que todas las chicas se enamoran de él. Y gracias a Álvaro, haga lo que haga el personaje, el público lo va a querer”.

Para escuchar una mala palabra sobre Cervantes hay que recurrir al propio Cervantes. ¿Podría revelar algún defecto? “Sí, claro”, responde obediente. Resulta que ese niño empollón, silencioso y demasiado maduro para su edad (“para mí era muy importante la excelencia”, recuerda de sus años de instituto) se ha convertido hoy en un “actor meticuloso” según coinciden sus directores, aunque él es menos diplomático y admite que puede resultar “un pesado, un obsesivo y un control freak” con su trabajo. Dani de la Orden cuenta que en ocasiones Cervantes repite una toma porque considera que no ha respirado en el momento adecuado. El actor reconoce que esta vocación de ser el mejor en todo lo que hace puede desembocar en sufrimiento. “Soy muy obsesivo. Y es una de las cosas que me he propuesto de ahora en adelante: dosificar muy bien las cosas que quiero compartir, porque tampoco hace falta estar todo el rato transmitiendo tus dudas o tus miedos. Pero es que me gusta tanto este trabajo que quiero estar en todo”. Vamos, que el principal defecto de Álvaro Cervantes es que es demasiado perfeccionista.

Dice que tiene inseguridades (“muchas”), pero si es así las disimula muy bien. Vaya, otra cosa que se le da bien a Álvaro Cervantes. “Parte de ser un control freak viene precisamente por las inseguridades”, añade. “Si no viera mis trabajos sería mucho más feliz. Te ves para mejorar, o por curiosidad, o por inseguridad, pero sería un acto menos egoico no verse. Es una cosa un poco onanista y a la vez te puede hacer sufrir si no cumples con las expectativas. Por eso creo que sería mucho más feliz y estaría mucho más seguro si no me viera a mí mismo y lo dejase al criterio del director”.

O sea que no es como esos actores españoles que se meten en la sala de montaje para elegir sus tomas favoritas. No, pero porque no me dejan.

¿Si le dejaran lo haría? Hombre, claro.

¿En serio? Sí.

¿Y no dudaría de su propio criterio para elegir la toma buena? No.

Cervantes lleva un año sin rodar, desde que terminó Eres tú. Se ha dedicado a reconciliarse con la idea de que, si bien su vida nunca será tan emocionante como las que vive a través de sus personajes, merece la pena porque es la suya. “Si me hubiera llegado una historia que me hubiera vuelto loco la hubiera cogido, pero prefería parar un poco y estar un poco en paz con eso, descansar un poco para no entrar en la cosa de piloto automático. Para coger lo siguiente con muchas ganas”, asegura.

¿Podría decirse que incluso para descansar necesita estar en control? “Eso ha sido un aprendizaje, a mí me gusta mucho el proceso de construcción, de preparación y de documentación de un personaje y en ocasiones equivale a un cambio de vida. Cuando termina ese proceso te cuesta volver a encontrar tu vida. El personaje lo tienes muy claro pero tu vida no. Tienes que reconciliarte con las pequeñas cosas que no son tan emocionantes. El ejemplo más claro es el de 42 segundos [donde interpretó al capitán de la selección de waterpolo en Barcelona 92, Manel Estiarte], fueron cinco meses de vida de deportista, con mucho miedo de coger covid y tener que dejar de entrenar y no llegar a los objetivos. Además, en el rodaje todo está muy programado, te dicen la hora a la que te tienes que levantar prácticamente, te marcan los horarios, la pausa de la comida, te lo organizan todo. Y sabes lo que tienes que hacer todos los días. Y luego pasas de eso a no tener un plan”. En ocasiones, como durante el rodaje de la serie de TVE Carlos, Rey Emperador (2015-2016) en la que interpretaba a Carlos I de España y V de Alemania, ha recurrido a la terapia o a la carta astral para orientarse.

¿Por qué alguien con semejante afán de control acaba en una profesión tan sujeta al azar como la interpretación? “Precisamente por eso, porque a mí lo que de verdad me gusta es la incertidumbre, la sensación de que una llamada me puede cambiar la vida al menos por un rato”, responde. En Eres tú Cervantes interpreta a un editor de libros con un don mágico: cada vez que besa a una chica, vislumbra cómo sería su vida con ella. “Lo que más me atrajo de la peli es ese componente mágico, la verdad, que lo he vivido como espectador en mogollón de películas y en España no está tan visto”, indica. El conflicto surge cuando tiene que decidir si mantener una relación que ya sabe cómo será paso por paso (perfecta) o lanzarse a otra que no tiene ni idea de cómo irá. Un poco Una cuestión de tiempo, un poco Olvídate de mí. Y un poco Álvaro Cervantes: un trabajador contradictorio que prepara de manera minuciosa en todo lo que está en su mano para poder disfrutar de las sorpresas que le vengan dadas. Hasta ahora todas excelentes. ¿Cómo no va a creer en la magia?

Puedes seguir ICON en Facebook, Twitter, Instagram,o suscribirte aquí a la Newsletter.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Si tienes cuenta en EL PAÍS, puedes utilizarla para identificarte
_

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_