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Álvaro de Luna, cantante: “En la industria todo se mueve demasiado rápido y yo no quiero ir a ese ritmo”

Tras una breve pausa en la que se ha apartado de su personaje y de gente que no le hacía bien, el artista publica ‘dime dónde estás’, una canción con la que anticipa un próximo álbum más personal. “Que te muestres vulnerable no significa que seas débil”, dice el sevillano

El cantante Álvaro de Luna en la plaza Mayor en Madrid, el 3 de marzo de 2026. Jaime Villanueva

“¿Cómo te llamas?”, pregunta un curioso en una de las calles adyacentes a la plaza Mayor de Madrid a Álvaro de Luna (Sevilla, 32 años), que está en plena sesión de fotos para su entrevista con EL PAÍS. “Luego te escucho”, responde el viandante después de conocer la identidad del artista. Es una semana cargada de trabajo para él, y la afronta con la ilusión de un niño pequeño: es el comienzo de una nueva etapa en la que deja atrás los capítulos más difíciles de su carrera. “Estaba un poco desanimado y desilusionado. Sentía que no me llenaba lo que estaba haciendo en ese momento; me veía sobresaturado”, explica ya sentado en la cafetería del cercano hotel Pestana Collection, un remanso de paz apartado del trasiego de turistas. Entonces compuso dime dónde estás, un “rayito de luz” y el “motor” que le ayudó a buscar la siguiente historia que contar y que lanza este viernes 6 de marzo.

2026 promete ser un gran año por el lanzamiento de su próximo disco, del que aún no puede revelar muchos detalles. Sí reconoce que este proyecto llegó en un momento de cambios, a nivel personal y profesional: “Estaba con mucha ansiedad, mucho estrés y no estaba bien acompañado. Ahora me encuentro muy bien, con gente con la que quiero estar y muy centrado en mi proyecto, un disco que, en mi humilde opinión, es de lo mejor que he hecho hasta ahora. Es muy honesto, y no solo habla de amor y desamor, también de cosas que han ido pasando”.

“La situación me estaba desbordando. Me siento tan agradecido, privilegiado de vivir la situación que vivo... pero no me permito relajarme. He aprendido a buscar esos momentos, porque son necesarios para vivir. Pero me costaba soltar, porque decía: ‘Joder, he trabajado por conseguir este sueño, tienes el privilegio de escribir canciones que conectan con la gente...’. Es como que no te puedes quejar y no puedes parar. Eso me ha pasado factura”, reconoce. Este tiempo en el que se ha centrado en sí mismo también ha entendido la importancia de vivir el momento: “Algo que piensas que no te va a quemar nunca, te empieza a saturar. Es una pena porque pasan cosas increíbles y parece que son como misiones de un videojuego. ¿Ya he cumplido esta misión? A por la siguiente. No puedes disfrutar, ni has disfrutado del proceso ni de lo que has conseguido, y es importante porque las primeras veces no se repiten”.

Álvaro de Luna decidió parar a principios de 2025, una decisión difícil para un artista que no lleva tanto en la industria musical. “Es muy complicado bajarse de la ola, pero llega un momento en el que te sientes abrumado, te sientes en la obligación de no defraudar a los demás... Hasta que tienes un mental breakdown“. Después de un tiempo, empezó a escribir, sin pretensiones: “Estaba reconciliándome conmigo y con el hecho de hacer canciones. A mí lo que me gusta es esto, pero he estado tan pendiente de otras cosas que se me había olvidado lo que realmente me vuelve loco”.

Ha aprendido a gestionar su vida, sus tiempos y cómo quiere enfocar su futuro: “En la industria todo se mueve demasiado rápido y yo no quiero ir a ese ritmo. Siempre voy a intentar que me vaya todo lo mejor posible, pero al final esto es una carrera de fondo. Pretendo retirarme haciendo esto; no tengo prisa y no tengo ansiedad. He aprendido a controlarlo con mucha más calma”. Y continúa explicando: “Voy a mi ritmo, no al ritmo que me digan los demás, porque siento que las cosas así no funcionan, por lo menos las que son de corazón. No pretendo reventarlo ahora y que se olvide rápido”.

Una forma de pensar que le ha llegado después de ver cómo compañeros y amigos también decidían parar por salud mental. “Ahora tenemos información constante en el móvil: sabes el feedback, cómo lo ha acogido la gente... Eso genera mucha ansiedad, mucho estrés. Antes te enterabas de las cosas porque salían en revistas y periódicos, al tiempo. Y se manejaba mejor. Tener información de manera tan inmediata provoca lo que está provocando en esta generación de músicos”. Pero es una generación que también está hablando abiertamente de sus problemas, a través de canciones y en redes sociales: “Que te muestres vulnerable no significa que seas débil, al contrario”. Y añade: “Hay una frase que me marcó hace tiempo: la depresión también lleva una sonrisa. A mucha gente le cuesta, lo disimula y lo camufla y se acaba rompiendo. Tengo la suerte de contarlo en canciones y eso me ha liberado muchísimo”.

Para entender al Álvaro artista, también hay que entender a la persona que se esconde detrás: es tímido, aunque lo oculta “de cara a la galería”; hablador, como “herramienta” para soltarse en público; y sociable, pese a esa timidez. “Cuando empecé me ponía gafas de sol porque me daba mucho pudor que me mirase la gente”, asegura. Lo que más echa de menos de sus inicios en la música es “la inocencia a la hora de hacer las cosas, sin esperar nada y sin saber si va a pasar algo”. En 2018 se convirtió en vocalista de Sinsinati; en 2019 fue concursante de La Voz; y en 2020 inició su carrera como solista. “La pandemia lo cambió todo. Había dejado mi trabajo en Sevilla y a todos por la música, así que fui a muerte porque yo no quería volver atrás. Lo que quería hacer en mi vida era música y sentía que ellos [sus excompañeros de Sinsinati], al tener su curro y sus movidas, lo veían de otra manera”, recuerda. Así fue como decidió abandonar la formación. No tardaría en llegar el primer éxito, Juramento eterno de sal, que actualmente acumula 151 millones de reproducciones en Spotify y 34 millones de visualizaciones en YouTube.

Desde entonces, reconoce que la industria ha cambiado su forma de producir música: “Hay gente que muestra esto más como un negocio que como una manera de expresión. Se está perdiendo lo de crear canciones para contar una historia. Va más allá del dinero”. Si algo le han enseñado estos últimos años es que prefiere morir con sus ideas antes que hacerlo por las de los demás: “Es muy importante respetarte y escucharte. Te puedes dejar influenciar en algún punto, porque es lo normal. Pero a mí me ha llegado a pasar que empiezas a escuchar y dejas de escucharte a ti. La reflexión es que, al final, lo que me ha traído hasta aquí es ser yo todo el tiempo y tener claro cómo quiero que suenen mis temas, de una forma honesta, sincera, natural y orgánica”.

Dice tener claro qué es lo que quiere, pero también se perdió por el camino hasta alcanzar este punto. “Es importante estar bien rodeado. Cuando no tienes a nadie que te ponga orden, en órbita y que te diga: ‘Tío, creo que esto así no’, realmente tienes a palmeros”, asegura. En su nueva etapa se ha apartado de todas estas personas que no hacían bien en su vida: “Es ahí cuando verdaderamente sabes a quién tienes alrededor y quién está de verdad, en las buenas y en las malas”. Para hacer frente al escrutinio público, Álvaro de Luna creó dos personalidades, que convivían juntas, pero que no congeniaban: “Tuvimos bastantes movidas. Al final te pones máscaras y yo soy un tipo normal. He conseguido que se fusionen y que el personaje salga cuando esté encima del escenario. Ahora mismo intento ser yo todo el rato, sin máscara ni personajes que interpretar, porque eso es muy cansado y muy tedioso, y yo no valgo para lidiar con mi alter ego. No es algo que me haya ayudado a sobrellevar todo esto, sino que me ha generado más ansiedad”.

“Estos años han sido muy bonitos, pero es una etapa que ya está cerrada”. Afirma que muchos han sido injustos con él —recibió muchas críticas tras su mediática relación con la influencer Laura Escanes, que terminó tras un año en octubre de 2023—, pero dice que ahora “ya estamos en el año del caballo: “Voy a muerte con eso. El año pasado se cerró el de la serpiente, que se muda de piel y deja atrás cosas que de alguna forma han ocurrido durante ese tiempo. Ahora es el año del empoderamiento, de cosas nuevas... Todo lo que tenga que ver con proyectar cosas bonitas y cosas buenas…”. ¿Qué es para Álvaro de Luna, entonces, el éxito? “Ver a mi madre feliz, a mis hermanos orgullosos y hacer algo que de alguna forma haga feliz a la gente”. Él también lo está, sobre todo ahora que el foco vuelve a estar centrado en su música.

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