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LA PARADOJA Y EL ESTILO
Columna
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Nueva etapa para Iñaki Urdangarin

Si afortunadamente el rey emérito puede hacerse cargo de los costes del silencio: tranquilidad. Lo que si ocurrirá es que al menos el exduque tendrá que asumir la fiscalidad de esos ingresos. Esta vez sí

Los Reyes de España, junto a la directora de EL PAÍS, Pepa Bueno, y el artista invitado del periódico, Edgar Plans, en la inauguración de ARCO, el 23 de febrero de 2023. Foto: ÁLVARO GARCÍA | Vídeo: EPV

Pilar Eyre se ha convertido en la cronista aventajada de los exduques de Palma. Esta semana reincide en la exclusiva al ofrecernos la detallada noticia sobre su inminente divorcio y del pago que recibiría Urdangarin, no solo como excónyuge, también para limitar sus posibilidades como autor literario. Eyre sugiere que existe una oferta millonaria por parte de una editorial para que Iñaki haga una especie de memorias a la maniére del príncipe Enrique de Inglaterra.

Pilar, amena y didáctica en su canal de YouTube, liberada de presiones editoriales, asegura que el papá de Cristina, el rey emérito, dispone de suficiente efectivo como para aportar la cantidad mensual que compre la tranquilidad de Iñaki. Y de todos. El silencio es oro. Muchos pueden verlo como ese modus operandi de la época de Bárbara Rey, con menos controles y sin necesidad de transparencia, cuando presuntamente se le pagó a través de un contrato en una televisión pública. Ahora se trata de alcanzar un acuerdo posmatrimonial dentro del circuito de finanzas familiares. Pero nada de esto es alarmante. Si afortunadamente Juan Carlos I puede hacerse cargo de los costes del silencio: tranquilidad. Lo que si ocurrirá es que al menos Iñaki tendrá que asumir la fiscalidad de esos ingresos. Esta vez sí.

Socialmente, la semana ha sido más agitada que tranquila, Feijóo y Casado almorzaron juntos y salieron con un ardor de estómago indisimulable la misma tarde en la que Jesús Ruiz Mantilla y yo nos divertimos con la presentación de Divos, su magnífica recopilación de crónicas y entrevistas a grandes de la Ópera. Al día siguiente el arte me esperaba en Arco. La mañana del miércoles, un hotel ibicenco invitó a ver las obras nominadas para su primer premio de arte y sostenibilidad. Acudí con un amplio pantalón morado, zapatillas amarillas y grandes gafas magenta, algo difícil de conciliar con un recorrido tranquilo por la feria, con el interés por lo expuesto, los saludos de los amigos y conocidos y de los fans tanto del arte contemporáneo como de los programas de televisión. Qué es más importante en el arte de las ferias: ¿ser feriante o mono de feria?

Si no puedes comprar o no te decides, lo mejor de Arco es el arte de sus fiestas. La noche de la presentación de Divos sucedía en el mismo local, el club Matador, la presentación de una película sobre el diseñador Jaime Hayón. Justo antes de bajar a la muestra, nos lo topamos Jesús y yo. Divos coincidentes en la apretada agenda de Arco. Cruzó por nuestras envidiosas cabezas de escritores que la estrella de la porcelana nos superaría en público y el saludo quedó un poquito craquelado. El dios protector de los creativos nos dispensó el milagro de una sala llena, con Carlos Boyero en primera fila.

Llevo tiempo esperando ser invitado a la cena de Ivory Press. Todo llega. Encontrarme sentado al lado de Sybilla, Cristina Iglesias y Christian de Hannover escuchando las palabras de Elena Ochoa para darnos la bienvenida y calificar a la feria como “de las más importantes del mundo del arte, incluso más que Art Basel, tras años de espera y crecimiento”, lo tomé también como un paso de gigante en mi crecimiento personal. Y social. Mi conversación con Sybilla tejió todos los flecos posibles, llegando hasta el chavismo. Sybilla acompañó a su pareja de entonces al rodaje de la película de Oliver Stone sobre Hugo Chávez: “Fueron 12 días larguísimos. No me dejaban salir del hotel por miedo a la delincuencia. Y ese encierro tampoco permitió que conociera ni a Chávez ni a Stone”. Solo nos separamos porque Ochoa me solicitó que acompañara a Thaddaeus Ropac, el mítico galerista que habría vendido una obra de Georg Baselitz a Helga de Alvear. Ropac, encantado, quería comentarme la repercusión de su exposición de las fotos de Bob Colacello, mencionada, hace unas semanas, en esta columna. Todo queda así, tranquilamente, en casa.

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