Morat: “Todo el mundo da por hecho que tienes que contar tu vida privada en las redes solo por ser famoso”

Tras siete años de carrera repletos de anécdotas, el grupo colombiano vuelve con ‘Si ayer fuera hoy’, un álbum en el que reivindican la falta de bandas en el panorama musical y, por primera vez, se atreven con un tema político

La banda Morat (de izquierda a derecha, Juan Pablo Isaza, Martín Vargas, Simón Vargas y Juan Pablo Villamil) en el bar Intruso de Madrid.
La banda Morat (de izquierda a derecha, Juan Pablo Isaza, Martín Vargas, Simón Vargas y Juan Pablo Villamil) en el bar Intruso de Madrid.Luis Sevillano

Los bogotanos Martín Vargas (26 años), Juan Pablo Isaza (28), Juan Pablo Villamil (28) y Simón Vargas (29) llegaron a Madrid en 2015 por primera vez para tocar en el Intruso —un pequeño pub con música en directo en el centro de la capital—, pero ellos mismos confiesan que, siete años más tarde, han madurado tanto física como personalmente. “Uno empieza con la ingenuidad de creer que lo sabe todo, y luego se da cuenta de que no tiene ni idea de nada. Ahora es cuando estamos empezando a saber un poquito más”, cuenta Isaza. Por aquel entonces, componían sus canciones en una finca llamada Morat, en Bogotá (Colombia), cuyo nombre absorbieron para la banda. A pesar de la importancia que tuvo para ellos años atrás, desconocen qué ha sido de ella. “El poco tiempo que pasamos allí lo empleamos en nuestras familias. Creo que ninguno de nosotros va ya a esa finca”, explican entre risas.

Han dedicado 10 años a la música, pero han pasado siete viviendo el sueño, como explica Simón, el hermano mayor de Martín, también integrante de la banda. Estos cuatro amigos de la infancia —se conocen desde los cinco años—, que comenzaron su camino sin imaginar todo lo que podían llegar a lograr, ya han obtenido más de 12.000 millones de reproducciones de sus temas en toda su carrera, dos discos de diamante y 55 discos de platino. Solo en España, sus canciones acumulan 25 discos de platino. “Es el primer país en el que nuestra música empezó a funcionar”, recuerda Simón.

Con todas las entradas vendidas para su concierto del martes 8 de noviembre en el WiZink Center, han llegado a España con su cuarto álbum de estudio bajo el brazo, Si ayer fuera hoy. Con él, los colombianos prometen la incorporación de nuevos sonidos a su ya bien conocido banjo. “La gente reconoce fácilmente nuestras canciones cuando las escucha, así que queríamos darle a nuestra música un aire fresco”. En la canción París, en la que colaboran junto al argentino Duki, incorporan el trap por primera vez, y no han tenido miedo a sumergirse en el reguetón en Salir con vida, gracias a la ayuda del cantante Feid. “Ya hemos hecho bastantes pruebas. Tenemos hasta una canción que se acerca al flamenco, boleros e incluso tango. Un género que nos faltaría incluir sería el funk”, explica Villamil, que confiesa que el público de Morat responde a la perfección a estos experimentos.

Se consideran una banda “en peligro de extinción” que triunfa en la época de oro de los solistas, por lo que Si ayer fuera hoy es un título que evoca todo lo que quieren representar. “El disco fue grabado en cinta, y los vídeos y las fotos en analógico. Queríamos explorar la disonancia que genera hacer música, vídeos e imágenes actuales con herramientas del pasado”, cuenta Isaza. Homenajean el hecho de que, “si ayer fuera hoy”, habría más bandas, se tocarían más instrumentos en directo y el pop seguiría siendo el género más popular.

Los integrantes de la banda Morat posan para los fotógrafos a su llegada a la gala de Los40 Music Awards, celebrada el 4 de noviembre en Madrid.
Los integrantes de la banda Morat posan para los fotógrafos a su llegada a la gala de Los40 Music Awards, celebrada el 4 de noviembre en Madrid.MARISCAL (EFE)

Sin embargo, las nuevas temáticas que exploran es lo que más les enorgullece de este nuevo trabajo. “Por fin hemos empezado a escribir canciones que no son exclusivamente de amor. No es nada fácil. Nos tomó mucho tiempo, lo habíamos intentado antes varias veces, nos sentábamos y decíamos: ‘Venga, vamos a pensar’. Pero no nos salía”, confiesa Isaza mientras los demás miembros asienten, identificados con sus palabras. “Lo cierto es que requiere de cierta madurez y vivencias poder hablar de otros temas. Nos alegra mucho decir que en este disco está nuestra primera canción que habla de temas políticos. En concreto, de la historia de Colombia desde una postura muy esperanzadora”.

Las problemáticas que se han arrastrado desde el estallido de la pandemia también se han visto reflejadas en las letras de este álbum. En concreto destacan la canción Valen más, que explora lo bueno y lo problemático de las redes sociales. “Nosotros nunca hemos sido muy dados a contar nuestras vidas privadas en las redes. Creo que todo el mundo da por hecho que es lo que tienes que hacer solo por ser famoso. Pero después de la pandemia nos ha tocado cambiar el chip y valorar que las redes sociales también son una herramienta importante para tener conversaciones con los fans, hacer dinámicas con ellos y dejarles ser partícipes de nuestro proyecto”, comenta Simón, que a pesar de estos beneficios sigue viendo desventajas en esta forma de comunicación. “Las redes condicionan mucho la forma en la que la gente se ve a sí misma, aunque los demás usen filtros, y se muestren siempre alegres y perfectos. Al final te comparas con los demás y te provocan inseguridades que no tenías”, añade. Todos ellos están de acuerdo en que también ha afectado en las relaciones amorosas actuales. “Pero, sin duda, es importante resaltar que nos han sido muy útiles para poder conectar con nuestro público”, remata Villamil.

En concreto, destacan la pasión de sus admiradores españoles. “Nos hemos dado cuenta de que los fans cambian según el contexto cultural en el que te encuentres”, desarrolla Isaza. “Una vez en Andalucía quisimos probar que el público aplaudiera durante una parte concreta de una canción para ver cómo respondían, y el resultado fue increíble, así que dijimos: ‘Perfecto, sigamos intentándolo’. En el siguiente concierto no funcionó en absoluto. Lo que está claro es que nadie aplaude como la gente de Andalucía”, concluye Isaza. Nunca deja de sorprenderles el hecho de que les escuche gente de cada rincón del planeta. “Ayer, una mujer rusa se nos acercó para contarnos que había aprendido español con nuestras canciones”, asegura, aún con un atisbo de sorpresa.

Admiten que algunos de estos seguidores se han mostrado, en ocasiones, demasiado apasionados. “Una vez una chica se coló en nuestro camerino y todos asumimos que era alguien del equipo, o que al menos uno de nosotros la conocía. Cuando nos dimos cuenta de que no era así, le pedimos por favor que saliera. Se puso muy agresiva. Golpeó a gente de nuestro equipo, y cuando nosotros salimos también estuvo persiguiéndonos un buen rato”, relata Martín, a lo que los demás responden resignados: ‘¡Aguante, Morat!’.

La banda colombiana Morat en el bar Intruso, el primer lugar en el que tocaron en Madrid.
La banda colombiana Morat en el bar Intruso, el primer lugar en el que tocaron en Madrid.Luis Sevillano

Todas estas experiencias acumuladas en siete años se han visto reflejadas en su relación de amistad, que va más allá del propio grupo. “Ahora es más sólida”, cuenta Villamil. Ante la repentina risa de Martín al escuchar su comentario, Villamil decide aclararlo: “No sé si ha mejorado o ha empeorado. Particularmente creo que ninguna de las dos. Con el paso del tiempo hemos demostrado que ponemos esta convivencia a prueba el 99% del tiempo, y a una mayor intensidad que cualquier otro artista”. Simón remata explicando que la relación entre ellos se ha profundizado con el paso de los años, por lo que ahora comparten una convivencia mucho más tranquila.

Ya sea como amigos de toda la vida o como banda, se disponen a vivir una nueva etapa en la que recorrerán Latinoamérica y España para descubrir nuevos lugares en los que enmarcar los relatos de sus canciones. Confiesan que, de tener una canción llamada Madrid, contaría la historia de amor de dos jóvenes que se encuentran de manera fortuita en uno de los bares tradicionales de la ciudad.

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