La paradoja y el estilo
Columna
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Ibiza ‘non stop’

No hay amarres, tampoco hielo, un fenómeno quizás vinculado a la ola de calor, la guerra en Ucrania o que somos muchos en todas partes, con sed, calor y ganas de fiesta o paseo. “Ibiza puede morir de éxito”, vaticinan

El humorista y presentador José Corbacho y su esposa Mónica Mira, María Antonia Rodríguez y el humorista Carles Sans, de Tricicle en la fiesta Flower Power celebrada en Ibiza el 15 de agosto de 2022.
El humorista y presentador José Corbacho y su esposa Mónica Mira, María Antonia Rodríguez y el humorista Carles Sans, de Tricicle en la fiesta Flower Power celebrada en Ibiza el 15 de agosto de 2022.Raúl Sánchez Costa

No hay nada peor que viajar a Ibiza sin programa. En el momento que la isla detecta que no lo tienes, tus problemas se multiplican. Y pueden ser de todo tipo. Con la tripulación del barco, alquilado o en propiedad, ante la amenaza de una tormenta que se anuncia y jamás estalla. O con la pareja, frente al inevitable cambio súbito de planes, cuando viajaste sin ninguno. El extravío del documento de identidad entre bañadores. Todo puede ir a más en la isla.

Es la pospandemia, “a veces pienso que estamos otra vez en la posguerra”, me dice Montse Klein, una de las anfitrionas históricas de la isla. En su salón cuelga un ventilador industrial mientras, al fondo, contemplas un gran trozo de Mediterráneo. Será en ese mismo mar donde viviré el momento mágico de la isla, al contemplar la Luna como si fuera una pastilla de éxtasis medio mordida. “Eres como un Lorca de ahora”, me dijo José Corbacho tras oír mi juvenil metáfora. Para luego contarme que él fue a proponerse como Lorca para la serie de TVE de Juan Bardem, que le dijo: “Sí, encajas, pero ya llevamos casi dos meses de rodaje.” Corbacho es mi nueva fascinación ibicenca. Probablemente compitamos juntos en un MasterChef Celebrity que se está cocinando para Navidad, así que puede que nuestra reactivada camaradería culmine en delicioso duelo culinario.

El atardecer en Cala d'Hort, desde donde se ve a pocos metros el islote de Es Vedra, en Ibiza, el 7 de agosto de 2022.
El atardecer en Cala d'Hort, desde donde se ve a pocos metros el islote de Es Vedra, en Ibiza, el 7 de agosto de 2022.Europa Press News (Europa Press via Getty Images)

Cuando la portada de Diez Minutos nos sorprende con la imagen de Urdangarin llorando, creo escuchar a Corbacho proponiendo que la causa “podría ser algo que le entró en el ojo”. Me tranquilizo. Más lágrimas se derraman en verano. Mientras navegamos por ese Mediterráneo histórico y profundo, nuestros anfitriones se ven atrapados en la ansiedad que genera el no tener punto de amarre para su embarcación en ninguno de los puertos de la isla. No hay amarres, tampoco hielo, un fenómeno quizás vinculado a la ola de calor, la guerra en Ucrania o que somos muchos en todas partes, con sed, calor y ganas de fiesta o paseo. “Ibiza puede morir de éxito”, vaticinan. “¿Cómo vas a someter a los visitantes a este estrés?”, comentan contrariados mientras entramos a la vigésima edición de la Flower Party en Pachá, convocados por el inagotable Carlos Martorell. Nunca había accedido a la parte superior y visto desde ese histórico balcón VIP cómo se divierten los clientes del mundo chárter, bailando éxitos de Los Archies, que yo bailaba con mi madre en mis primeras fiestas en Caracas. Días después, en una casa en uno de los bosques más vírgenes de la isla, el mítico Ricardo Urgell, creador de Pachá, me confiesa: “Poníamos todas esas canciones porque eran éxitos de esa época, pero el cierre de cada noche era la banda sonora de 2001: Una odisea del espacio. Era el viaje absoluto”.

El futuro ha superado en 21 años a la odisea del espacio. Y la nueva odisea es descifrar por qué el móvil insiste en advertir una tormenta con vientos de 30 nudos, mientras el mar se ofrece plano casi como un espejo titilante.

Ibiza no para. Parece hincharse de personas, de precios, de lujos, placeres. Alarmas. Nuestros anfitriones deben abandonar la embarcación a las ocho de la tarde porque han quedado en Lío, el local que se ha convertido en un nombre propio dentro de la isla. Este año, ha renovado su show y esa noche acuden a verificarlo: “Pasan tantas cosas, en tan poco tiempo, tan rápidas y buenas todas ellas, que casi no puedes probar bocado durante el show”. Las cenas en Lío, informa nuestro taxista de Santa Eulalia, recaudan, solo en pan, un delicioso millón de euros.

Cifras que marean, mucho más que desembarcar en cualquiera de los puertos sin amarres disponibles. Te ayudan a recuperar el equilibrio, los nombres de las marcas de lujo al alcance de la mano. Recuerdo la frase de Bob Colacello dicha a Andy Warhol: “¡Andy, los ricos caminan despacio!”. Y así avanzamos, como ricos pero todavía pobres hacia Roto, el célebre restaurante de un ganador de Masterchef. Allí, cerca de Sienna Miller, encuentro un pelillo en mi porción de ensaladilla. Como los dueños son tan monos y hay gente, intento disimular, pero José Corbacho, sentado frente a mí, parece retorcerse más que yo ante el evento: “Como dijo Pablo Urdangarin: son cosas que pasan”. La cuenta, una noche más, será desorbitada. Ibiza está a tope.

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