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Ana es ahora más Preysler que Boyer

Aunque tenía por delante un prometedor futuro como economista, la hija del exministro ha renunciado a él por su matrimonio con Verdasco del que se cumplen tres años

Fernando Verdasco y Ana Boyer.
Fernando Verdasco y Ana Boyer.Splash News / GTRES

Ana Boyer, 31 años, es la única de los cinco hijos de Isabel Preysler que posee una sólida formación académica. Tiene dos títulos universitarios: Derecho y Administración y Dirección de Empresas en Icade. Cuando acabó sus estudios a los 24 años, se tomó unos meses de asueto antes de emprender su vida profesional en el mundo de la economía y habló de sus planes. “Sí, soy la más empollona de la casa. Bueno, en realidad soy la única, porque mis hermanos han escogido otros caminos. Me interesa el mundo de la consultoría estratégica. Trabajaré en un banco de inversión y haré una rotación en varias empresas, pero no quiero dar nombres porque no les gusta”. Ana llevó con discreción su formación: “Estudié un curso en San Diego [Estados Unidos], lo que en Europa sería un Erasmus; luego estuve un verano en Nueva York como becaria del Banco Santander”, contó entonces a este periódico. También hizo prácticas en São Paulo (Brasil), para lo que tuvo que realizar un curso intensivo de portugués, lengua que habla bastante bien, aunque es el inglés el idioma que domina a la perfección, ya que en su casa se usa tanto como el castellano.

La única hija en común de Isabel Preysler y Miguel Boyer era por entonces una clara sucesora de su padre pese a que, como su madre, las firmas publicitarias y las revistas la tentaban con importantes ofertas. Pero en el camino se cruzó el tenista Fernando Verdasco y decidió dejarlo todo para seguirle por el mundo en sus compromisos con el circuito internacional. Estos días la pareja celebra su tercer aniversario de boda, tiene un hijo y espera la llegada de otro.

Ana estaba muy unida a su padre. Estuvo con él cuando sufrió la hemorragia cerebral y durante los años de convalecencia en el hogar familiar de Puerta de Hierro. Pero todo cambió tras su muerte. Su matrimonio llegó poco tiempo después de que se oficializara la relación de su madre con Mario Vargas Llosa. Ella siempre negó que una cosa fuera unida a la otra, pero lo cierto es que fueron dos circunstancias consecutivas.

Ana Boyer y Fernando Verdasco saliendo de una revisión médica.
Ana Boyer y Fernando Verdasco saliendo de una revisión médica.KAB / GTRES

Ana se instaló unos meses con Verdasco en un ático en el centro de Madrid y luego lo dejó todo para seguirle en los torneos. Ahora, en tiempos de pandemia, ha regresado a la casa de Preysler, ya que su la suya está en Doha, donde Verdasco tiene oficialmente fijada la residencia, pero no porque no dispongan de propiedades en España. El tenista tiene varias registradas a su nombre. Por un lado, dos apartamentos de veraneo en El Rompido (Huelva), que suman 150 metros, con garaje y piscina. También un pequeño piso de 40 metros cuadrados en el exclusivo barrio de Salamanca en la capital, adquirido en el año 2015. La joya de sus inmuebles es una casa en Pozuelo de Alarcón (Madrid), junto a la lujosa urbanización La Finca. Una vivienda de 600 metros cuadrados, tres plazas de garaje, porche y piscina, valorada en casi dos millones y medio de euros y que fue hipotecada en 2009 por más de un millón. Esa es la opción más factible para un hipotético traslado del matrimonio y su hijo a la capital aunque también podrían decantarse por el chalet de 900 metros y casi 2.000 de parcela que tiene en la urbanización El Bosque, en Villaviciosa de Odón (Madrid). Al margen de sus éxitos con la raqueta, Fernando Verdasco pertenece a una familia de empresarios hosteleros que creó un pequeño imperio con algunos de los locales con más solera de Madrid, conocidos como el “clan del cocido” por los establecimientos que regenta.

Hasta hace algunos años, Ana se resistía a aparecer en las fiestas y en las revistas que veneran a su madre, pero finalmente cayó en la tentación. “Hace tiempo que hago algunas cosas de este tipo, siempre las mismas”, cuenta. “Y seguiré haciéndolas mientras pueda”. Es la parte Preysler de su vida. “De pequeña era igual físicamente a mi padre, y también en la forma de ser. Ahora creo que me voy pareciendo más a mi madre”, ha dicho.

Y es que Ana tiene mucho de Boyer, pero también posee parte del glamur que desde hace décadas exhibe su madre y que la ha convertido en la reina del corazón. De su mano ha tomado parte de algunos eventos del clan Porcelanosa, ese grupo de famosos que acompañan a los reyes de la baldosa allá donde haya una tienda que inaugurar o una fiesta a la que acudir. Ahora también se deja ver en las redes sociales promocionando algunos productos, en especial los que tienen que ver con su faceta de madre.

La carrera de la prometedora economista ha quedado apartada por otros intereses que tienen que ver menos con su apellido Boyer. Y es que Ana es hora más Preysler que Boyer, aunque antes de Verdasco no era así.

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