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Phil Collins, una leyenda del rock acorralada por un turbio divorcio

El músico mantiene un batalla sin fin con Orianne Cevey, de quien se separó en 2006 para reconciliarse diez años después. El último enfrentamiento llega por el nuevo matrimonio de ella

Phill Collins y Orianne Cevey junto a sus dos hijos Mattew (izquierda) y Nicholas, en Miami en noviembre de 2018.
Phill Collins y Orianne Cevey junto a sus dos hijos Mattew (izquierda) y Nicholas, en Miami en noviembre de 2018.Desiree Navarro / getty

Phil Collins ha hecho casi de todo en el mundo de la música, batería, compositor, productor, cantante, incluso actor. Y ha conseguido también ser considerado leyenda del rock, además de caballero de la Real Orden Victoriana, la más antigua e importante del Reino Unido y un reconocimiento que concede personalmente la reina Isabel II. Entre 1984 y 1989 encabezó la lista Billboard de los éxitos estadounidenses en ocho ocasiones, siete como solista y una con la banda Génesis, de la que formó parte entre 1970 y 1996 y con ellos ha seguido realizando colaboraciones esporádicas desde 2007. Los premios tampoco han sido ajenos a su carrera: obtuvo siete Grammy, cinco Premios Brit, un Oscar a mejor canción original por You’ll be in my heart, y dos Globos de Oro en la misma categoría por la misma creación y por Two hearts. Además es uno de los artistas del pop, junto con Paul McCartney y Michael Jackson que ha conseguido vender más de 100 millones de álbumes en todo el mundo.

Sin embargo, ni sus triunfos profesionales ni sus baladas de amor han conseguido que su vida personal haya transcurrido tan feliz como lo ha hecho su carrera musical. Se ha casado tres veces, ha tenido cinco hijos y su último matrimonio se ha convertido en un culebrón al que no le falta detalle para convertirse en argumento televisivo y eclipsar por un tiempo cualquier éxito de su protagonista. Su primer matrimonio con Andrea Bertorelli duró cinco años y se acabó a causa de una infidelidad. Con ella tuvo a sus hijos Joely y Simon. Su segundo matrimonio con Jill Tavelman –con quien tuvo a su hija Lily, ahora actriz de éxito y con quien no tiene una relación fluida– se mantuvo casi 12 años, pero comenzó a hacer aguas cuando conoció en Lausana, Suiza, a Orianne Cevey, una mujer de origen tailandés que entonces tenía 22 años y una cara dulce que enamoró al músico mientras ella se encargaba de supervisar los detalles de su estancia en el país adonde había llegado para dar un concierto. Collins tenía 42 años y entre las leyendas que circulan sobre la estrella del rock, figura que dejó a su mujer a través de un fax brusco y casi despiadado que envió a su casa de Sussex y que rápidamente se filtró a los periódicos: “Estoy tan enfermo y cansado de tu actitud, Jill. No volveré el jueves. No espero que te guste nada de lo que ha pasado, por supuesto que no... eres tú quien se debe sentir ofendida de que deba elegir estar con otra persona. Tú eres la que tiene el maldito problema. Estoy enamorado de Orianne y deseo estar con ella. Amo a mi hija y vuelo para verla cuando tengo un día libre durante la semana. Esto al menos nos mantiene a todos lo más felices posible dada la situación”.

Él argumentó que su esposa no le cogía el teléfono y por eso le mandó el fax, pero su imagen de hombre apacible y romántico quedó dañada y las ventas de sus discos se resintieron. Se marchó a Suiza a vivir junto a Orianne Cevey y se casó con ella en 1999. Pero esta historia ha resultado la más truculenta de todos sus avatares amorosos. Tuvieron dos hijos, Nicholas y Mattew, y parecían felices, pero no tardaron en aparecer las diferencias. A ella le gustaba salir, él prefería quedarse en casa con los niños. Se separaron en 2006 y Orianne volvió a casarse en Las Vegas con un constructor, Charles Mejjati, con quien tuvo otro hijo, Andrea. Lo curioso es que ni los más de 27 millones de euros que el músico pagó por su divorcio les separaron del todo. Su exesposa se convirtió en organizadora de eventos en Miami, su nuevo lugar de residencia, para la organización benéfica Little Dreams Foundation de los Collins, abrió una joyería exclusiva en la ciudad..., y siguió viendo al músico en compañía de sus hijos y de su nuevo marido. En 2016 Orianne y Phill Collins anunciaron que volvían a estar juntos. Él tenía entonces 65 años, se había retirado de la música en 2011 por problemas de salud –tiene dolencias de espalda y pérdida de oído– y las crónicas de entonces dicen que además del supuesto amor que quedó entre ellos, en la decisión de Orianne no fue ajeno que la economía junto a Mejjati no marchara del todo bien.

Tras un agrio divorcio de ella, la felicidad de la segunda oportunidad con Collins tampoco ha durado mucho. Volvieron a vivir juntos en una mansión frente al mar en Miami valorada en 33 millones de dólares, pero a principios de este mes se conoció que se habían vuelto a separar cuando Collins se enteró de que su mujer se había casado en Las Vegas con un músico de 30 años, Thomas Bates, mientras él estaba en Europa. Un nuevo marido con el que, según Collins, se instaló en su lujosa casa de la que “se han apoderado con guardias armados y con una demostración de fuerza”.

La pareja ha vuelto a los juzgados y las cosas que se dicen uno a otro no son bonitas. Collins afirma que la propiedad se compró a través de una sociedad exclusivamente suya; ella que se mudó allí con sus posesiones personales desde Suiza, por valor de 10 millones de dólares, y que abrieron una cuenta bancaria conjunta. También que Collins la ha espiado colocando cámaras por todo la casa, hasta en los lugares más íntimos y que fueron colocadas sin su consentimiento. Además argumenta que mudarse de vivienda desequilibraría a Andrea, el hijo que tuvo con su segundo marido y al que reconoce que Phil Collins ha tratado como a un hijo, y que ella padece un problema “neurológico que requiere fisioterapia diaria en el hogar, incluida la piscina”. Mientras el tema se resuelve en un juzgado, Orianna y su nuevo esposo continuarán en la residencia de Collins y él ha sido autorizado a llevarse de allí sus objetos personales.

La historia promete seguir dando que hablar. Como también lo hace que Collins pretenda volver de gira con Génesis a partir del próximo mes. No solo por la pandemia sino por las condiciones físicas en las que se encuentra. El músico, de 69 años, ha realizado la mayoría de los últimos conciertos cantando sentado y sin tocar la batería porque a sus problemas de oído causados por las actuaciones sin cascos y a alto volumen se han sumado dos operaciones de columna que le han causado problemas para caminar y pérdida de sensibilidad en las manos. De momento, la venta de entradas continúa y la primera cita será el 16 de noviembre en Dublín con su hijo Nicholas, de 18 años, a la batería de los espectáculos.

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