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Entrevista:Phil Collins | ENTREVISTA | EL SENTIDO DE LA VIDA

'No me gusta especialmente mucho la persona que es Phil Collins'

Uno de los músicos con más discos vendidos vuelve a editar álbum. Pero se ve frágil y cansado, y habla con estremecedora sinceridad y ternura de sus ex mujeres, sus hijos e incluso de cómo ha pensado tacharse.

¿Un tipo sencillo? ¿Un talante infantil y paternal? Eso y mucho más. Phil Collins ha sido considerado el mejor batería de la historia de la música pop y ha despachado unos 150 millones de discos, tantos como los que vendió su mítico grupo, Genesis, creado a finales de los sesenta.

Ahora, el 14 de septiembre, vuelve a sacar disco, aunque hace ya siete años que abandonó la idea de meterse en giras. La razón, expresada una y otra vez, es el deseo de estar cerca de sus hijos pequeños, en Ginebra, donde residen. Comparado en los rankings con la importancia de Madonna, Elton John o Pink Floyd, sus numerosos galardones incluyen siete Premios Grammy, dos Globos de Oro y un Oscar por el tema de la banda sonora de Tarzán para Disney.

"Me estoy haciendo viejo solo. Siento que estoy al final de una página"

"Tuve que atarme la baqueta a la mano. No puedo ni cortar pan"

"No sé por qué mi tercer matrimonio también salió mal. La vida es rara"

En su nuevo álbum, Going back, el primero de estudio desde 2004, presenta versiones de clásicos del soul. Con una secreta particularidad: una afección en los nervios de una mano le obligó a percutir con las baquetas atadas con celo a sus brazos. Desde el año 2000, tampoco uno de sus oídos se comporta del todo bien. Pero el vitalismo de Phil y su natural resistencia a las contrariedades le han vuelto a poner en movimiento. Casado tres veces (una en 1975 con una canadiense con la que tuvo un hijo, más el que adoptó de ella; otra en 1984 con una británica con la que tuvo una hija, y otra más, en 1999, con la suiza Orianne con la que comparte dos hijos más), su vida da la sensación de una turbulencia que solo se advierte matizadamente bajo la madura afabilidad con la que, a sus 59 años, se comporta. No significa esto que carezca de rarezas: sus dos grandes aficiones son los trenes eléctricos de juguete y coleccionar piezas de la batalla de El Álamo. Esto último desde que de niño vio, en televisión, una serie de Disney sobre Davy Crockett.

Aunque pagó por los divorcios un total de 42 millones de dólares a su segunda y tercera esposa, se le calcula una fortuna de unos 100 millones de dólares. ¿Y en qué se le nota esta fortuna? Prácticamente en nada. Viste como un veterano marinero y se mueve con la modestia de un colega anónimo y semiarruinado. "Desearía ser tan rico para vivir con la libertad de un pobre", dice la sentencia. Más o menos lo que, a estas alturas, ha logrado la persona de Phil Collins. No el personaje: "Estoy harto de ser Phil Collins", repite y repite.

¿Cuál es la razón de que vuelva a grabar un disco después de seis años de silencio?

La verdad es que no tenía intención de grabar otro disco, ni tampoco sentía ganas de volver a subirme a un escenario. Pero tengo un representante que parece que siempre quiere que trabaje. Y, para que picara el gusanillo, me dijo: "¿Por qué no haces un disco de versiones? Siempre te ha gustado cantar canciones de otra gente...". En fin, en realidad, yo creo que siempre había deseado hacer este disco. En los ochenta hice You can't hurry love, que era una canción de Motown, porque me encanta Motown. Yo me crié con Motown, el ritmo era Motown. Así que para mí era una oportunidad muy bonita cantar estas canciones que solía escuchar en mi adolescencia. Por tanto, el disco contiene mis canciones favoritas; las he grabado y mezclado de tal forma que son fieles a las originales, es decir, que suenan como si fueran de los años sesenta. Y esto ha sido muy divertido, porque ahora, con la tecnología que hay, es muy difícil hacer cosas que no suenen perfectas. Mi técnico de sonido es además magnífico y está acostumbrado a hacer discos contemporáneos. Pero le dije: Mira, no quiero hacer un disco contemporáneo, quiero hacer uno antiguo, uno que haga ras y rac como cuando ponías la aguja del tocadiscos. Nos propusimos ese reto y terminamos 29 canciones. De ellas, 18 están en el disco; las otras 11 saldrán en algún otro momento, quizá en una edición especial. Ha sido, de verdad, uno de los discos más divertidos que he hecho.

¿No ha compuesto nada nuevo en todo este tiempo?

No. Hace poco volví a bajar al estudio a escuchar algunas cosillas que escribí hace unos años. Anteayer, de hecho, fui y escuché algunas cosillas. Pero esas canciones que escribí son muy tristes porque las compuse justo después de un divorcio. A mí me resultan muy conmovedoras, pero no estoy seguro de querer que las escuche la gente. Hace poco he dicho que, aunque he dejado ya de ser Phil Collins, siempre escribiré música, pero puede que esa música sea solo para mí.

¿Y eso por qué?

Porque al sacar un disco dices: Hola, aquí estoy yo. Tengo un disco. Hablad conmigo. A continuación, voy a dar algunos conciertos. Pero yo ya no sentía esa necesidad. Y una de las razones es que no me apetece nada alejarme de mis hijos.

¿Cuántos hijos tiene?

Cinco. Dos son pequeños, de cinco y nueve años.

¿Y el resto?

Tienen 21, 33 y 37. Los de 37 y 33 son de mi primer matrimonio. El de 21, de mi segundo matrimonio. Y los de 5 y 9, del tercero. Yo soy una de esas raras excepciones que se llevan bien con sus tres ex mujeres. Con las tres tengo una relación muy buena... Lo que le estaba diciendo, que a estas alturas ya no siento la necesidad de que la gente acepte lo que hago. Cuando sacas a la venta un disco, esperas que a la gente le guste. Una parte de ti teme que no guste. Pero, si le soy sincero, hay otra parte de mí a la que ya no le importa en absoluto, porque esa música es, ahora, a fin de cuentas, para mí. Escribo música para mí, y si yo soy el único que la escucha, o la escuchan mis hijos o los amigos más cercanos, con eso me basta. Es igual que el hecho de pintar un cuadro. Pintar un cuadro es más importante que venderlo.

Pero, para un artista, es muy ingrata la creación si no se comunica.

Bueno, yo tengo mucha suerte de haber ganado mucho dinero porque la gente ha comprado y le han gustado mis creaciones. Pero ahora tengo 59 años, tengo dos hijos pequeños que me necesitan y yo los necesito a ellos. ¿Qué sentido tiene ser aceptado o aclamado? Yo no lo necesito.

No es lo normal.

No, no es normal. Si eres escritor, si escribes libros, cuando terminas un libro y estás muy orgulloso de lo que has hecho, quieres que otras personas lo disfruten. Es muy difícil para un artista no ver que a la gente le gusta lo que haces. Creo que si escribiera canciones, se las enseñaría a mis amigos para que me dieran su opinión, pero ya no quiero meterme en ese torbellino del que a veces te caes, a veces estás arriba, a veces te rebajan, te hacen daño... Llevo toda la vida haciendo esto y, la verdad, no veo por qué tendría que seguir haciéndolo hasta el final.

¿Quiere decir que se ha hartado del público?

¿Del público? No. Al público se lo debo todo. Le debo el hecho de no tener por qué sacar a la venta un nuevo disco. No es cuestión del público. Es que si ahora hiciera cosas para el público estaría sacrificando una parte de mí, porque entonces no estaría con mis hijos. Si le tuviera que dar al público lo que quiere, estaría dándoles la espalda a mis hijos, porque, en primer lugar, me iría de gira y ellos preguntarían: ¿dónde está papá? Y les contestarían: Está en Japón, de gira. O en Estados Unidos. Sintiéndolo mucho, a mí eso ya no me compensa.

Ha mencionado la pintura. ¿Pinta usted?

Sí. Pinto acuarelas. No sé pintar al óleo. Me encanta el agua. Y parece que la mayoría de mis cuadros gustan a la gente. No son increíbles, pero tengo algunos enmarcados porque me parecen bonitos. Pero, sobre todo, me encanta el agua, y parece que mi abuela solía pintar los botes en los que navegábamos. De hecho, mi familia pasaba mucho tiempo en el río. Así que el agua y las barcas siempre han estado en nuestra familia, y yo he terminado pintando agua, barcas, islas, lagos, pequeños pueblos... Resulta curioso que mi abuela hiciera lo mismo, y con acuarelas. Me encanta pintar. Últimamente no he pintado tanto porque tengo problemillas con las manos, pero me encanta pintar.

¿Qué le pasa en las manos?

Hace dos o tres años, el grupo Genesis se volvió a juntar para ir de gira, y estuvimos cuatro semanas en Europa y cuatro en Estados Unidos. Y en la segunda mitad de nuestra gira en Estados Unidos ya no sentía los dedos, las vértebras me estaban oprimiendo la médula espinal; quizá se deba a haber estado tantos años tocando la batería con una mala postura. Aunque la verdad es que, cuando tocaba, no me dolía nada. Recuerdo que el día que toqué con mi hijo mayor, que hizo también un disco, me dolió mucho el brazo por la noche. Lo que pasó fue que ese día, por el estrés o por la tensión, se pinzó un nervio y no se recuperó ya nunca. Creo que ya está arreglado con varias operaciones que me han hecho [me muestra tres cicatrices, una en la mano, otra en el antebrazo y otra en el cuello], pero hasta dentro de un año no lo sabré con certeza, porque el nervio tarda un tiempo largo en regenerarse. En este nuevo álbum toco la batería, pero para grabarlo me tuve que atar la baqueta a la mano con celo. Lo peor es que no puedo ni cortar el pan. Bueno, poder, puedo hacerlo, pero tardo muchísimo. No puedo usar la mano y encima soy zurdo. Pero no pasa nada. Es como cuando dejé de oír por este oído.

¿Cómo está ese oído?

Está igual. Mi cerebro se está adaptando. Mi cerebro quiere hacerme pensar que está bien para que pueda valerme de él.

Pero ¿está mejor?

No. No está mejor, está igual. Pero el cerebro está compensándolo. Si me pongo el teléfono en esa oreja, lo único que oigo es ric, roc, rec, pero eso es solo para recordarme que no ha mejorado. Ni ha empeorado. Está igual que hace 10 años, cuando tuve ese problema. El caso es que no me impide cantar ni tocar. Todo esto me lo tomo, claro está, con filosofía. Me lo he pasado muy bien haciendo lo que he hecho. Y he pensado: Vale, déjalo ya, chaval. Piensa en otra cosa. Así que hago otras cosas.

¿Otras cosas? ¿Dónde vive usted?

Vivo pasado el lago. ¿Sabe dónde está Lausana? Pues está justo antes. Tengo una vista fantástica del lago Le Mans. Es una casa pequeña en las montañas, pero a mis hijos les encanta. Ellos dicen: "¿Papá?". Y yo respondo: "¿Sí?". Si fuera una casa grande, dirían: "¿Papá? ¿Papá? ¿Papá?", con eco. Así que prefiero las casas más pequeñas, más acogedoras. Ahí vivo el 95% del año. Tengo además un piso en Nueva York que me encanta, pero la verdad es que no voy a Nueva York muy a menudo. Solía ir mucho, pero ahora no.

¿Y a su país, al Reino Unido?

Solo cuando tengo que trabajar.

¿No tiene casa allí?

No.

¿Por qué?

Porque no necesito una casa allí. El piso de Nueva York está bien. Si voy a algún sitio de Estados Unidos es a Nueva York. Mi novia vive en Connecticut, pero trabaja en la televisión y presenta las noticias en Nueva York. Así que si voy a algún sitio es a Nueva York. Tengo un chalet que nos compramos mi ex mujer y yo, y es demasiado bonito como para venderlo. Así que lo tengo para dárselo a los chicos cuando sean mayores. Pero no me gusta mucho tener muchas casas. Prefiero tener una sola. Si vivo aquí es porque me gusta y porque mis chicos viven muy cerca.

¿Tiene alguna teoría de por qué no funcionaron sus tres matrimonios?

No. Sé que mi primera mujer y yo nos separamos porque, cuando nuestros hijos empezaron a ir al colegio, cambió nuestra dinámica. Si eres músico, tienes que trabajar. Y si eres un músico que trabaja, tienes que pasar tiempo fuera de casa porque tienes que irte de gira. Eso está bien si tu mujer y los niños pequeños pueden viajar contigo, pero en cuanto los niños empiezan a ir al colegio y tu mujer se queda en casa, ella dice: "Tú estás divirtiéndote y yo no". Y a mi primera mujer no le gustaba mucho estar sola, la verdad. Así que es normal que conociera a otra persona, porque yo estaba fuera muy a menudo. Mi segundo matrimonio había empezado a desmoronarse un poco y yo me volví a encontrar con una persona que conocía del colegio, que era, básicamente, el amor de mi vida. Respecto a mi tercer matrimonio, del que tengo a mis chicos pequeños, no tengo ni idea de por qué salió mal. Ella se ha vuelto a casar y, aun así, nos queremos mucho. No sé por qué no estamos juntos. Es raro. Esta noche voy a su casa a cenar, a la casa en la que solíamos vivir. Voy a su casa a cenar con los chicos, nos sentamos, nos reímos... Y sé que ella también se pregunta por qué ya no estamos juntos. Pero la cuestión es que ya no lo estamos. La vida es rara.

¿Y sus hijos están bien?

Sí. Me llevo muy bien con mis tres ex mujeres y eso significa que los hijos están aliviados por el hecho de que papá y mamá ya no se están gritando. Eso es muy importante. Y, a medida que me hago mayor, voy dándome cuenta de que tengo mucha suerte de poder seguir considerando a estas mujeres como mis amigas. He hecho las paces con todas; de hecho, se conocen entre sí y no se llevan mal. Hasta mi novia, la que está en Nueva York, pone fotos en las que aparezco yo con alguna de mis ex mujeres. Es muy madura, tiene mucho estilo y es muy inteligente. He tenido mucha suerte con esto. Además, tengo que decir que mis hijos están muy bien, lo que dice mucho de sus madres, porque en la educación de mis hijos de cinco y nueve años sí he estado muy implicado; pero los otros, mis hijos mayores, se criaron sin mí en Los Ángeles y en Vancouver; era muy difícil verlos porque estaban muy lejos. Pero ahora son unas personas estupendas, y eso dice mucho de sus respectivas madres.

Hablando de niños, ¿qué me dice de su afición por los trenes en miniatura?

Todo empezó cuando mi hijo de 33 años tenía unos 12. Tenía un juego de trenes y lo solíamos montar en la alfombra, pero siempre que entraba alguien en la habitación había que desmontar las vías, así que pensé: Esto no es bueno. Voy a montar un tren de verdad abajo, en el sótano. Hice todos los edificios, todo el paisaje, las montañas... Era a finales de los ochenta; tras las largas giras, me metía en el sótano tres semanas y solo salía para comer. Era algo tan alejado de la música que resultaba fantástico. Pero cuando me fui de Inglaterra y me divorcié, enamorado de otra persona que conocí, metí todos esos trenes en cajas y se quedaron allí. Solo más tarde, cuando Nicholas tenía siete u ocho años, decidí que quizá era hora de sacarlos de las cajas, recuperarlos y volver a montarlos para que los chicos jugaran.

¿Y su otra afición? ¿La obsesión por la batalla de El Álamo?

No solo soy yo quien está interesado en eso; hay mucha más gente. Cuando tenía cinco años había una serie en la televisión, una serie de Disney, con Fess Parker, que contaba la historia de Davy Crockett. Un día me acordé de cuando la veía, y desde ese momento me enganché durante décadas. En los ochenta vi una tienda en Washington que se llamaba TheGallery of History [la galería de la historia], y vi documentos firmados por Napoleón, Hitler, Davy Crockett Y les pregunté: ¿Tienen una carta firmada por Davy Crockett? No me podía creer que existiera algo así. Y así empezó mi colección. Ahora tengo una colección enorme de documentos, balas de cañón, cuchillos, rifles, espadas... De todo. La gente con esta afición dice que la mía es la mayor colección privada que han visto. Porque tengo dinero para comprar las cosas. Y tengo dinero porque tampoco gasto mucho. Yo no me compro coches de lujo, no tengo muchos vicios. Acabo de coescribir un libro sobre El Álamo, pero mi pasión me impulsa a escribir ensayos sobre cada pieza, lo que cada pieza significa para mí... Explicar lo que significa y a quién pertenecía...

¿Le gusta escribir?

Sí. Me gusta mucho.

¿Y escribe mucho?

Cada vez disfruto más escribiendo prosa. Para mí es una novedad, es una diversión. Aunque, en concreto, este tema de El Álamo es más que una diversión. Ahora es mi vida. Lleva conmigo 54 años. Tenía solo 5 años cuando lo descubrí y ahora tengo 59. Pero mis hijos mayores piensan que estuve allí en otra vida porque voy dos veces al año al lugar y soy muy conocido en el círculo de gente que tiene relación con todo esto. Fue un acontecimiento histórico muy importante, porque sin él la revolución de Tejas no habría tenido lugar. Tejas pertenecería a México, que pertenecía a su vez a España. Y si en Estados Unidos no estuviera Tejas, Estados Unidos sería muy distinto, tanto desde el punto de vista del tamaño, como del petróleo y muchas más cosas. Pero los estadounidenses en general no saben mucho sobre este tema.

¿Sabe usted mucho de historia?

Sí, la estudié. Y hace tres semanas fui a Dallas, estuve en El Álamo y una vieja amiga mía, que tiene 80 años y pertenece a la Sociedad Histórica de Dallas, me pidió que hablara sobre El Álamo. Así que ahora he escrito un libro; estoy empezando a hablar aquí y allá de todo esto. Me parece, en fin, que se está convirtiendo en algo más que una afición, es algo demasiado importante para mí.

¿Qué estudió usted?

Cuando tenía 14 años me metí en una escuela de teatro, en el London Theatre. Trabajaba en Oliver Twist, la versión musical de la novela de Dickens. Era el cover de Dodger. Así que es como si hubiera dejado de estudiar cuando tenía 14 años, porque la verdad es que en la escuela de teatro no se aprendía nada. Estás todo el rato presentándote a castings. Pero siempre pienso que, por no haber tenido mucha educación, mi cabeza se compone de sentido común más que de intelecto.

¿Y los estudios de música?

Con la música fui autodidacta.

¿No estudió música?

No, no estudié. Lo intenté... Lo intenté. Cuando tenía 14 o 15 años vi mi vida en el teatro musical y solía volver a casa en el mismo tren que el batería, que era el líder. Una tarde pensé: Un día ese hombre seré yo. Estaré en un foso de orquesta; así que debería aprender a leer música. Y empecé a dar clases con un profesor de batería para aprender a leer música, pero, como tenía oído para recordar cosas, en cuanto tocaba algo, yo ya no miraba la música, sino que simplemente la tocaba. De modo que nunca aprendí realmente a leer música. Con el piano sé leer acordes, como sol séptima, do menor o fa sostenido. Pero soy autodidacta con la música, y prácticamente con todo. He aprendido francés porque, si estoy aquí, en Ginebra, mucho tiempo, sin pasar largas temporadas en Inglaterra o en Estados Unidos, y tengo que hablar con el electricista o con el fontanero, he de hablar su lengua. Algunas personas son comprensivas, pero otras hablan francés como si fueras francés, y tienes que decirles: "Para, para". Yo he aprendido prácticamente todo por mi cuenta. Todo lo que sé me lo he enseñado yo mismo.

¿Se siente, pues, satisfecho de su vida?

Sí, la verdad es que sí. Me da pena no vivir con mis hijos. Eso es algo que me da mucha pena; con mis hijos pequeños, por lo menos. Pero estoy satisfecho. No tengo nada de lo que quejarme, aparte del hecho de que, en algún momento de mi vida, un tren descarriló. Y no sé por qué. Es raro. Estoy satisfecho en teoría, pero no me gusta mucho especialmente la persona que es Phil Collins.

¿Qué diferencia hay entre usted y Phil Collins?

Hay mucha gente que tiene opiniones o sentimientos sobre esa persona llamada Phil Collins que no tienen nada que ver conmigo.

¿Por ejemplo?

Prácticamente en todo. Incluso, algunos fans a los que les encanta lo que hago no lo entienden, y los críticos a los que no les gusta lo que hago tampoco lo entienden. He llegado a un momento en el que no me gusta aquello en lo que me he convertido, que es lo que da lugar a este tipo de cosas confusas.

Es decir, no le gusta el personaje de usted mismo.

Si tachas a un personaje matas también a la persona. Así que, en mi libro, me he matado a mí mismo. Ya no existo. Creo que, especialmente a causa de Internet, cuando concedes una entrevista o dices algo, va a cualquier parte del mundo en un milisegundo. Así que a veces me siento frustrado, porque es como cuando lanzas una piedra al agua, las ondas llegan muy lejos, pero no tienen nada que ver con la piedra que has lanzado. Y eso se convierte en algo que me frustra porque hay muchas cosas que no son verdad o que son interpretaciones parciales de la verdad, y se van contando una y otra vez como si fuera el juego del teléfono estropeado: le cuentas algo a alguien y esa persona se lo cuenta a otra y se va cambiando el contenido hasta que al final no tiene nada que ver con la verdad.

Pero, en general, todas las opiniones que he oído sobre usted son positivas.

Suelo castigarme mucho. No me creo ni lo bueno ni lo malo. Sencillamente siento que he tenido una vida rara. Así que a veces pienso: ¿empiezo de nuevo de otra forma?

¿Piensa en la muerte?

Bueno, en mis peores bajones de estos últimos años he pensado en suicidarme; y si no hubiera sido por mis hijos, lo habría hecho. Ellos son los que hacen que siga adelante: mis hijos. Pero, en términos de felicidad y satisfacción personal, a veces, cuando te da el bajón, piensas en eso. Aunque no es así todo el tiempo, claro. El cómico que más me gustaba de mi infancia era un hombre que se llamaba Tony Hancock. Era muy famoso. Y, en cierto modo, era como yo en los ochenta. Decían que toda Inglaterra solía encender la televisión a las ocho de la tarde para ver su programa. Y él se suicidó en Australia dejando una nota que decía: "Demasiadas cosas salieron mal demasiado a menudo". Es trágico, pero a veces uno puede entender cómo alguien así, que se supone que es gracioso, puede sufrir estos efectos secundarios y trágicos en su vida. Creo que simplemente sentía que no era lo suficiente bueno o que no era tal y como él quería ser. La vida es extraña. Cuando cumples 59 años piensas muchas cosas oscuras... De hecho, mi segunda mujer, aunque ahora me llevo bien con ella, me dijo cuando nos divorciamos: "¿Sabes qué? Vas a hacerte viejo solo". Y ahora veo que la verdad es que me estoy haciendo viejo solo. No sé por qué estamos hablando así Pero siento que estoy al final de una página y que, al pasarla, voy a ser algo muy distinto.

El batería que nunca estudió solfeo

Phil Collins, nacido en Londres en 1951, empuñó sus primeras baquetas a los cinco años, cuando su padre le regaló un tambor de juguete. Se formó como actor y nunca estudió música, lo que no le ha impedido ser pianista, cantante y batería (la imagen, de su adolescencia, ilustra la portada de su nuevo álbum).

Se unió al grupo Genesis en 1970. Con la marcha de Peter Gabriel en 1975 se convirtió en el vocalista de la banda. A partir de 1981 lo compaginó con su carrera en solitario. En su haber, algunas de las canciones más populares de los ochenta, como In the air tonight, Against all odds (primero de sus siete números uno en EE UU) o Another day in paradise. Dejó Genesis en 1996. Ha aspirado tres veces al Oscar a la mejor canción original: lo logró en 2000 con You'll be in my heart, de la banda sonora de Tarzán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de julio de 2010

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