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Las entrañas de la poderosa saga de Rupert Murdoch

La BBC disecciona en un documental la compleja historia del magnate australiano de la prensa y sus influyentes relaciones

Rupert Murdoch y su actual esposa, Jerry Hall, en una fiesta en Beverly Hills en febrero de 2019. En vídeo, el tráiler de 'The Rise of The Murdoch Dynasty'.DANNY MOLOSHOK / REUTERS (VÍDEO: BBC2)

Algo tiene el poder, el poder casi absoluto, cuando deslumbra con sus chabacanerías a las mentes más brillantes y ambiciosas que se acercan a él. Alastair Campell, el que fuera asesor y jefe de comunicación de Tony Blair, recuerda casi con nostalgia ante la cámara el comentario que el magnate de los medios, Rupert Murdoch, hizo del entonces jefe de la oposición y candidato laborista después de escuchar su discurso. Le había invitado a la conferencia de ejecutivos de News Corp, el imperio mediático que controlaba, en la isla de Hayman, en la costa australiana. Era julio de 1995. La isla pertenecía a Murdoch. “Vamos a tener que entendernos. Va a ser algo así como dos puercoespines haciendo el amor. De un modo muy lento y con mucho cuidado”, observó el magnate.

Ni fue tan lento, ni con excesivo cuidado. The Rise of The Murdoch Dynasty (El Auge de la Dinastía Murdoch), la serie documental de tres capítulos que acaba de estrenar BBC2, advierte en sus primeros minutos al espectador que, por mucho que crea saber ya sobre Murdoch, “su historia rara vez ha sido contada”. Nada de lo narrado en la primera entrega es nuevo, pero el personaje tiene tantas capas y huecos que cualquier anécdota, cualquier testimonio, cualquier video rescatado de los archivos cobra interés para entender el poder acumulado por uno de los empresarios más influyentes de las últimas décadas. “Creo que ya es de dominio público el hecho de que en las semanas previas al comienzo de la Guerra de Irak, Tony Blair hablaba tanto o más con Murdoch que con su ministro de defensa. Yo a eso le llamo influencia”, cuenta el periodista Andrew Neil. Durante más de una década (1983-1994) fue director de The Sunday Times, la edición dominical del prestigioso The Times, aunque funcionen en la práctica como dos periódicos independientes entre sí. Con fama de duro y correoso, ni siquiera Neil puede escapar del embrujo de una figura maquiavélica y siniestra.

La BBC pretende, con la música empleada y las espectaculares imágenes aéreas de Londres o Nueva York mezcladas con el video granulado de los ochenta y noventa, presentar una alternativa de no ficción a la popular serie de HBO Succession, las guerras internas de una familia estadounidense propietaria de un conglomerado de medios. La realidad imita a la ficción, que a su vez imita a la realidad. Por eso aparecen desde el principio los tres descendientes del matrimonio de 35 años de Rupert y Anne: Lachlan “el príncipe”, seductor y atractivo, obsesionado con emular al padre; James, el rebelde e introvertido, fundador de una compañía discográfica de música rap que acaba comprando Murdoch; y la favorita, Elizabeth, la más parecida al patriarca en carácter y ambición.

En una rara escena familiar, en la piscina de su residencia, la niña Elizabeth se atreve a hacerle una aguadilla al progenitor, “en un intento juguetón de ahogar al viejo monstruo”, como ha escrito Sean O´Grady en The Independent (uno de los competidores que Murdoch intentó hundir con una despiadada guerra de precios). Todos los tópicos para una historia perfecta, en la que ni siquiera falta la malvada intrusa venida de China, Wendi Deng, que conquista el amor del jefe del clan y amenaza con dos nuevas hijas a los herederos del imperio. Lachlan y James llegaron a presentar a su padre supuestas pruebas documentales de que su nueva mujer era en realidad una espía del Partido Comunista Chino.

Da la impresión, sin embargo, de que bajo la promesa de una apasionante batalla familiar por el poder, la BBC busca volver a sacar a la luz un episodio más siniestro de la historia británica. Y no es otro que la alianza férrea entre el laborista Blair y el magnate Murdoch, dos enemigos naturales que sumaron fuerzas en uno de los ejercicios más descarnados de connivencia entre política y periodismo que se recuerdan. Los tabloides del empresario, The Sun y News of The World, sacaron a la luz durante la campaña de 1997 todos los escándalos sexuales que conocían sobre diversos diputados conservadores, y su respaldo fue decisivo para la victoria del Nuevo Laborismo. Todos sus periódicos y televisiones respaldaron la decisión de invadir Irak, en contra del masivo rechazo de la ciudadanía británica. “Yo lo veía así: estás en una habitación y en una esquina hay un perro salvaje. Lo único que pretendes es mantenerlo calmado”, explica Campbell para justificar el entendimiento entre político y empresario. El primer capítulo de la serie ha mostrado los colmillos del animal.

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