Reportaje:

Rupert Murdoch, al desnudo

Al emperador de la comunicación le gustan los cotilleos

Al periodista estadounidense Michael Wolff le habían advertido de que no se dejara embaucar por el carisma y encanto que supuestamente desprendía el hombre que a sus 77 años domina gran parte de la información planetaria. No le sorprendió escucharlo: puede que fuera una de las armas que ayudaron a Rupert Murdoch a construir News Corp, un imperio mediático que abarca en cuatro continentes cabeceras tan influyentes como The London Times y The Wall Street Journal, la televisión Fox o la productora 20th Century Fox entre otras.

"Es incapaz de autoanalizarse y no le gusta hablar del pasado. Es más, no habla, balbucea y raramente termina una frase. La realidad es que su falta de encanto es atractiva. Es transparente. Ésa es la verdadera naturaleza de la bestia". Con esta demoledora introducción Wolff adelantaba esta semana en la edición estadounidense de la revista Vanity Fair el contenido de la biografía semiautorizada que publicará en navidades bajo el título The man who owns the news (El dueño de las noticias).

A lo largo de nueve meses de entrevistas Wolff ha ido descubriendo a este emperador australiano de la comunicación al que le gusta más un cotilleo que una verdadera información. Por algo es el rey de los tabloides,-es propietario del The Sun británico y del New York Post-. "La mejor manera de mantener su atención es contarle un cotilleo. Se le ilumina la cara". Tanto que no duda en inventárselos él mismo y ponerlos en circulación, según el libro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 07 de septiembre de 2008.