La crisis del coronavirus

Guillermo de Inglaterra se pone al frente de la familia real durante el coronavirus

Con Isabel II confinada en Windsor y el príncipe Carlos siendo del grupo de riesgo, los duques de Cambridge son los rostros visibles de la institución monárquica

El príncipe Guillermo, el 30 de enero, en una visita a una escuela primaria en Everton, Inglaterra.
El príncipe Guillermo, el 30 de enero, en una visita a una escuela primaria en Everton, Inglaterra.POOL / Reuters

La familia real británica ya vive plenamente en tiempos de coronavirus. Aunque sus miembros mantuvieron su agenda hasta casi el último día, y pese a que Isabel II se marchó a Windsor para regresar a Londres e intentar continuar con sus compromisos oficiales, ahora la pandemia global ha obligado a cambiar el paso a una institución acostumbrada a una enorme exposición pública y a multitud de tareas. Todo ello ha hecho que el príncipe Guillermo, segundo en la línea de sucesión al trono, se quede al frente.

A sus 93 años, Isabel II sigue manejando la institución con puño de hierro en guante de seda y delegando poco a poco en su primogénito y heredero, el príncipe Carlos, de 71 años. Los dos tienen edades delicadas y muy expuestas ante el coronavirus. Por ello, ambos se han confinado en lugares distantes, lejanos de Londres, rodeados de campo y con un equipo mínimo a su servicio. Ahora Guillermo, el hijo mayor de Carlos, es quien acude a los últimos actos, lanza mensajes públicos y agradece a los sanitarios y a los servicios de emergencia la labor que están haciendo para tratar de evitar que la pandemia se expanda.

Los duques de Cambridge tampoco están ya en Londres. Se han mudado a Anmer Hall, en Norfolk, en plena campiña británica, un lugar al que acuden a menudo y donde vivieron un tiempo tras casarse y cuando nació su primogénito, el príncipe Jorge. Allí sus tres hijos —Jorge, de seis años; Carlota, que en mayo cumplirá cinco; y Luis, que llegará a los dos el 23 de abril— tienen espacio para correr y jugar. Además, desde allí los duques pueden volver rápidamente a la capital británica cuando lo necesiten.

Por su parte, la reina permanece aislada en su querido castillo de Windsor, que se cerró al público la semana pasada. Apenas ocho personas están con ella ya que han mandado a más de 100 trabajadores a sus casas. Sus hijos pequeños, Andrés y Eduardo, tienen sus residencias muy cerca de la soberana: el primero en el propio terreno de Windsor y el segundo, junto a su esposa Sophie y sus hijos, en Bagshot. De hecho Eduardo y su hija Louise estuvieron en Windsor montando a caballo el pasado fin de semana, pero según el diario The Daily Mail no llegaron a cruzarse con la soberana.

Tal y como recogen los medios británicos, prácticamente nadie está en contacto con Isabel II, que en menos de un mes cumplirá 94 años. “Si todas las empresas han mandado a sus trabajadores a casa, la familia real no va a ser menos”, dicen fuentes cercanas a palacio. Entre las ocho personas que se ocupan de la reina y del príncipe Felipe está Paul Whybrew. Es una de las personas más cercanas a la reina: él la socorrió cuando, en 1982, un intruso se coló en su habitación del palacio de Buckingham, y él también aparecía en el vídeo que grabó junto a Bond, James Bond (es decir, Daniel Craig), para los Juegos Olímpicos de Londres. También está con ella su consejera, a la que considera casi una hermana, Angela Kelly. Permanecen en Windsor el valido del consorte, Dave Berwick, así como un cocinero, un ama de llaves y un mayordomo, además de un paje y el jefe de sus conductores, Andy Fitzgerald. También hay personal permanente que se ocupa de los caballos y las reales cuadras.

Quien ha sido doctora de cabecera de la familia real británica entre 2008 y 2014, Anna Hemming, afirma que “la reina tiene un equipo brillante a su alrededor”. “Ella no quiere preocupar a la gente desapareciendo, pero está haciendo lo que es mejor para ella, para su familia y para la mayor parte de la población”, afirma Hemming.

Carlos y Camila también se han marchado de Londres y se han recluido en Escocia, en una residencia que se levanta sobre un terreno de más de 200 kilómetros cuadrados. Su residencia de la capital, Clarence House, ha sido cerrada durante al menos tres meses.

El príncipe Carlos se mantiene ocupado mediante conferencias con su oficina y está en estrecho contacto con las instituciones de las que es patrón, y especialmente con asociaciones de caridad que en este momento necesitan más ayuda y visibilidad que nunca. Camila prosigue con sus causas y está especialmente preocupada por mujeres que sufren de violencia de género. Según la prensa británica, lo que peor lleva la pareja es no poder ver a sus allegados, y en especial Camila a sus cinco nietos, nacidos de sus dos hijos, Laura y Tom Parker-Bowles. Los pequeños echan de menos a su “Gaga”, como la llaman cariñosamente, y ella aún más a ellos.

Mientras, Enrique y Meghan sigue en Canadá con su hijo Archie a la espera de que el día 31 acabe su etapa como miembros de la familia real y se inicie su nueva vida.

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