Duques de Sussex

Los duques de Sussex han dicho adiós a la familia real con un acto en Westminster

Enrique de Inglaterra y Meghan Markle han acudido a su último acto oficial junto a la reina, los príncipes Carlos y Guillermo y Kate Middleton

Enrique y Meghan, en el servicio de la Commonwealth celebrado en la abadía de Westminster, en Londres.
Enrique y Meghan, en el servicio de la Commonwealth celebrado en la abadía de Westminster, en Londres.Yui Mok/PA Wire/dpa / Europa Press


Enrique de Inglaterra y Meghan Markle han dicho este lunes adiós a la familia real británica. Lo hicieron acompañando a la reina y al resto de los Windsor a un servicio religioso para conmemorar el día de la Commonwealth, la mancomunidad de naciones fundada hace casi 90 años y que tiene a Isabel II como cabeza de 53 países. Salvo sorpresa de última hora, el que dicen que es el nieto más querido de la reina de Inglaterra no estará presente en ningún acto oficial más aunque su adiós formal no se producirá hasta el 31 de marzo. Será a partir de ese día cuando el príncipe y Meghan Markle dejarán de tener tratamiento de altezas reales.

La despedida se formalizó en Westminster pero comenzó hace una semana con el regreso de Enrique al Reino Unido para participar en varios eventos previamente cerrados. Grabó un disco con Bon Jovi, estuvo con Lewis Hamilton y se reunió con varios veteranos vinculados a los Juegos Invictus que impulsa. Además, y en el ámbito privado, se reunió con la reina para limar asperezas y concretar aspectos de la que será su nueva vida. Isabel II le transmitió que siempre será “bienvenido” y e si decide retroceder en su decisión, no habrá problemas.

La reina presidió el acto en Westminster al que también acudieron sus herederos, Carlos y Guillermo, y sus esposas, Camila y Kate. Pero los más buscados por los objetivos fueron Enrique y Meghan que se mostraron en todo momento muy sonrientes. Era la primera vez que tras la crisis se dejaban ver con la familia real, esa a la que dan ahora un portazo. La pareja entró por separado y evitaron fotografiarse con el resto de los Windsor. Los duques de Cambridge, con un rango institucional mayor, se situaron en la primera fila del templo; los de Sussex ocuparon la segunda sentados al lado del príncipe Eduardo, hijo menor de la reina, y de su esposa, Sophie.

Westminter solo ha sido la última etapa de un largo adiós que empezó hace días, con la llegada de Enrique al Reino Unido a finales de febrero. Entonces, el hijo menor del príncipe Carlos y Diana de Gales estuvo en un acto en Escocia, pero sin su esposa. La primera y esperada aparición de la pareja tras su partida a Canadá con motivo de su anhelada independencia tuvo lugar el pasado jueves en la entrega de los premios Endeavour, en Londres. El sábado por la noche también acudieron juntos a un concierto, el Mountbatten Festival of Music, en el Royal Albert Hall. Además, por separado participaron en otros actos oficiales. Todas las citas han estado relacionadas con las asociaciones de las que son patrones o con proyectos que ellos impulsan.

Los miembros de las familias reales se comunican en ocasiones con pequeños gestos. Meghan Markle decidió hacerlo a través de su ropa. Durante estos días ha lucido tres vestidos, todos ellos con mensaje. Ha llevado colores fuertes (los de la bandera del Reino Unido), marcas británicas relativamente recientes y de mujeres diseñadoras. De Victoria Beckham es el traje azul del primer día, de Safiyaa (la firma más desconocida, fundada por Daniela Karnuts en 2011) el rojo que llevó en el Albert Hall y el verde de Emilia Wickstead que se puso este lunes.

Los duques sellan así su salida de la familia real británica, después de 35 años, los que tiene Enrique, y de algo menos de dos Meghan, el tiempo que lleva casada con él. El príncipe fue siempre tratado entre algodones por la opinión pública, que le perdonó episodios desafortunados como su disfraz de oficial nazi en una fiesta de adolescentes. Su matrimonio con Markle, sin embargo, abrió la veda a los tabloides, que escrutaron sin piedad a la pareja en los últimos años.

Ellos han hecho saber que se sentían incómodos en el papel que desempeñaban. Por eso prefieren comenzar una nueva vida que desarrollaran entre Estados Unidos y Canadá, donde se sienten más tranquilos, lejos del huracán mediático y donde quieren que se críe su hijo, Archie, de 10 meses. “El Reino Unido es mi hogar, el país que amo, y eso nunca cambiará. Por todas esas razones, me produce una gran tristeza que todo haya concluido de este modo. Solo confío en que os ayude a entender el punto al que he llegado, en el que he decidido que toda mi familia dé un paso atrás del mundo que he conocido para dar un paso adelante en la que confío sea una vida más pacífica”, dijo a finales de enero cuando explicó su decisión. Y recordó: “Siempre tendré un gran respeto hacia la reina, 'mi comandante en jefe”.


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