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¿Son útiles las ‘apps’ de inteligencia artificial sobre decoración? Tres expertos responden

Las aplicaciones HomeByMe, Roomstyler y Planner 5D se usan cada vez más para planificar reformas o amueblar una vivienda. Para los profesionales del sector, son útiles como referencia pero también peligrosas, ya que sus resultados chocan con las limitaciones de la vida real

A finales de la década de 2010, empezó a advertirse una nueva forma de trastorno corporal que el médico cosmético Tijion Esho bautizó como “dismorfia de Snapchat”. El cirujano británico se refería con ello al creciente fenómeno por el que su consulta empezó a llenarse de pacientes que solicitaban procedimientos quirúrgicos para parecerse a la imagen de ellos mismos que la plataforma del fantasma les devolvía tras aplicar filtros de belleza, una imagen distorsionada digitalmente para crear rostros con ojos enormes, labios carnosos, piel perfecta y naricitas redondeadas. Según el doctor, esas fotos como referencia estaban bien, pero eran poco realistas. “El problema es cuando se convierten en cómo los pacientes se ven a sí mismos o cuando quieren verse exactamente como en esas imágenes”, advirtió Esho en la BBC en 2018.

La IA generativa ha expandido y normalizado las posibilidades de fantasear mucho más allá, no solo con nuestra cara y nuestro cuerpo, también a la hora de planificar un viaje o repensar el hogar ideal. “11 apps gratuitas de inteligencia artificial con las que decorar tu casa” o “10 apps de diseño para reformar tu hogar como un profesional” son dos de los miles de resultados que arroja Google en una búsqueda rápida sobre lo segundo. Pero, ¿son realmente útiles estas aplicaciones o, como ya ocurría con la dismorfia de Snapchat, el resultado son referencias de decoración poco realistas? Esto es lo que opinan interioristas y arquitectos.

Prácticas, pero con limitaciones

HomeByMe, Roomstyler y Planner 5D son algunas de las aplicaciones más extendidas entre los usuarios a la hora de planificar reformas o amueblar una vivienda, pero también entre profesionales que quieren presentar un proyecto a sus clientes. Ikea incluso ha creado su propia app gratuita, Ikea Kreativ, que permite visualizar los muebles de su catálogo en una hipotética nueva estancia. “Planner 5D es una herramienta muy completa porque puedes hacer desde un plano y verlo en 3D hasta decorarlo y sacar imágenes finales”, defiende, por ejemplo, la arquitecta Ana Monteagudo, del estudio madrileño Alem Arquitectura.

En su opinión, este tipo de herramientas tienen “muchísimo potencial” y son muy útiles a la hora de proponer estilos de decoración y dar ideas. “Para el usuario final, vemos que funciona bien”, asegura. Sin embargo, también advierte que, igual que pasaba con los filtros de Snapchat, el resultado final no es realista. “De momento, la inteligencia artificial no es precisa. A menudo vienen clientes que investigan por su cuenta y nos llegan con un plano, pero que es totalmente irrealizable porque no cumple la normativa, no tiene criterios de eficiencia o en la práctica no es cómodo”, explica Monteagudo. “Pero de ahí sacamos ideas, nos sirve para hablar más que si hablásemos con un folio en blanco”, matiza.

El interiorista Erico Navazo también se ha enfrentado a peticiones de clientes que entran a su estudio, en Madrid, con la idea de hacer realidad los sueños que han ideado previamente en las apps de su móvil. “A veces crean espacios fantásticos, pero muchas veces no responden a una realidad constructiva. Estamos lejos de conseguir que la inteligencia artificial entienda cómo se construyen las cosas”, sostiene. El también decorador menciona limitaciones tanto técnicas como presupuestarias que estas aplicaciones no tienen en cuenta. “Es frustrante cuando la gente viene con una imagen que está muy lejos de la realidad. Eso me da mucha rabia, me apena”, lamenta.

Buen complemento, pero mala solución

Más allá del objetivo profesional detrás de este tipo de aplicaciones, muchos usuarios acuden a ellas atraídos por su componente meramente entretenedor. Quienes hayan echado horas jugando a Los Sims entenderán el placer de ir creando un hogar desde cero, poniendo atención en cada detalle, proyectando lo que les gustaría tener, pero no se pueden permitir en el mundo real. “Estas aplicaciones pueden ser muy útiles como punto de partida. Permiten visualizar distribuciones, probar combinaciones de colores o mobiliario y tener una idea general del espacio sin necesidad de recursos técnicos avanzados”, argumenta Noé Prades, director creativo de su estudio de interiorismo homónimo en Barcelona.

Lo malo es cuando lo que funciona bien como juego lleno de posibilidades se intenta materializar en un espacio real, donde tiene que vivir, trabajar y relacionarse gente de carne y hueso. “Aunque son prácticas, suelen simplificar muchos aspectos. No consideran en profundidad factores como la ergonomía, la iluminación real, los materiales disponibles en el mercado o la viabilidad técnica”, apunta Prades. “Lo importante es entender que son herramientas complementarias, no una solución definitiva”, advierte.

Monteagudo compara los planos ideados por algunos de sus clientes generados con inteligencia artificial con una especie de puzle o Tetris donde, en la práctica, nada tiene sentido. “No se fijan en si el pasillo es cómodo, si va a ser bonito, feo, agradable al exterior, en qué sensaciones van a tener dentro de esos espacios”, critica. “El uso de la IA está muy extendido en nuestro sector y tiene cierto peligro, porque la gente cree que se puede hacer su casa, pero por suerte seguimos necesitando la figura de un profesional cualificado que interprete la normativa y la funcionalidad”, sostiene.

La necesidad de una mirada humana

Ninguno de los tres profesionales consultados teme que el creciente uso de este tipo de apps de decoración ponga en riesgo su trabajo en un futuro cercano. “Creo que lo que va a pasar es que la inteligencia artificial se va a integrar en las herramientas que usamos habitualmente, nos va a ayudar a agilizar los procesos y a hacer un 3D con una definición mucho mayor de la que ahora tenemos, pero de momento no está entrenada”, augura Monteagudo.

En general, coinciden en que la practicidad de estas plataformas radica en crear imágenes de referencia, pero que esas imágenes no van a ninguna parte sin una mirada humana y crítica. “El principal riesgo es que una visualización digital puede dar una sensación de certeza que luego no se corresponde con la realidad: proporciones, colores o texturas pueden variar mucho. Además, cada hogar y cada persona tiene necesidades específicas que una app no siempre capta. La tecnología es una buena guía, pero las decisiones finales deberían basarse en una evaluación real del espacio y en un criterio humano”, avisa Prades.

Una cosa es jugar a ser decorador de interiores y otra cosa serlo. Como recuerda Navazo, su trabajo va mucho más allá de generar imágenes bonitas: “El servicio que damos al cliente es escuchar, tener empatía, darle confianza, hacer un producto a su medida y luego acompañarle en todo el proceso. Nuestro trabajo no es únicamente una foto, es toda la experiencia que hay detrás de reformar una casa”. Y, de momento, para algo tan personal y emocional como idear un sitio donde habitar, las máquinas no tienen ventaja sobre las personas. “Los proyectos de vivienda son trajes a medida en los que tenemos en cuenta cómo viven las personas: si les gusta cenar y desayunar en casa, darse baños o incluso las pertenencias que quieren almacenar en los armarios para hacer vestidores a medida. La IA no puede hacerlo porque solo copia lo que ya existe y, cuando todo sea igual y plano, va a necesitar esa mente creativa que tenemos los seres humanos”, resume Monteagudo.

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