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Tu perro sabe cómo te sientes (y, a veces, lo nota antes que tú)

El mejor amigo del hombre no lo es por nada: puede percibir las emociones humanas e incluso contagiarse de ellas

Empatía con perros domésticos

La gran mayoría de personas que conviven con un perro afirman que este es capaz de detectar su estado de ánimo e, incluso, actuar en consecuencia. Abundan las historias de perros que acuden a reconfortar a sus dueños cuando estos lloran o están tristes y, aunque eso se muestra peor en redes sociales, muchos también reconocen que justo el día en el que uno está más estresado, con prisa e irascible, su perro parece también tener el día cruzado.

La ciencia lleva tiempo estudiando esta especie de empatía canina. Un estudio de la Universidad de Eötvös Loránd (Budapest) publicado en 2017 ya hablaba no solo de que los canes detectasen las emociones, sino también de que se produjese cierto contagio emocional. La posible sincronización del estrés es la protagonista de otro estudio de 2021 llevado a cabo por la Universidad de Linköping, en Suecia, y de uno más de la Universidad de Bristol (Reino Unido) que pone el foco en cómo actúan los perros cuando detectan el olor del estrés humano. Recientemente, una investigación publicada en Scientific Reports que comparaba perros con cerdos domésticos mostró la enorme capacidad de los primeros para percibir las emociones humanas y actuar en consecuencia.

Cómo interpretan y reaccionan a las emociones humanas

Sobre cómo lo hacen, Adriana González, educadora canina profesional, menciona cinco claves. El lenguaje corporal —”postura, niveles de tensión muscular, velocidad de nuestros movimientos, nivel de rigidez postural, posición de las manos, de los hombros, etcétera”—, expresiones faciales, voz y tono emocional —”cambios en el tono de nuestra voz, velocidad al hablar, volumen, pausas que hacemos, respiración”—, olor e historial de experiencias. Porque no es lo mismo que un perro se enfrente a las reacciones de un desconocido que a las de su tutor o a las de alguien con quien tiene una relación más habitual: el entendimiento es mayor cuanto más tiempo llevan conviviendo.

Ese entendimiento lleva a que en las ocasiones en las que a los perros les cuesta interpretar las situaciones, o se encuentran inseguros en cuanto a estas, busquen el apoyo de su persona de referencia para saber cómo reaccionar. Un estudio llevado a cabo por la Queen’s University Belfast, en Irlanda, asegura que exploran las señales de sus personas de confianza para responder ante entornos desconocidos, haciendo que las reacciones, en el caso de esta investigación de estrés de los dueños, influyan en cómo se comportan los perros.

Los perros tienen su propio etograma, una especie de catálogo de comportamientos, tanto innatos como aprendidos, característicos de su especie. “El etograma es la representación de conductas respecto a un contexto y ese contexto va acompañado de ciertos estímulos que tienen características como la duración, la intensidad, el estímulo y la distancia”, explica Daniela Araya, experta en etología y bienestar animal y directora de la Asociación Gremial de Etología Clínica Veterinaria de Chile (ASECVECH). El contexto es fundamental para que la respuesta del perro sea agonística (las consideradas negativas) o afiliativa (positivas). “Si una persona va a levantar la mano, es probable que el perro vaya a mostrar una señal agonística. Si el tono de voz es más invitativo, es informativo, va a mostrar una actitud y conductas más afiliativas”, resume Araya.

Ni todas las personas ni todos los perros son iguales

Como resume Araya refiriéndose a la forma de hablar particular de cada persona: “Los perros responden mejor a las tesituras, es decir, a tonos más agudos, y a la prosodia, más bajitos, lo que nosotros llamamos informativos. Usualmente, si va acompañado [el tono] con un lenguaje no verbal de movimientos suaves, no repentinos, el perro tiende a entenderlo como más amigable y más de conexión”.

Por su parte, Nacho Perales, educador canino y responsable de Garra libre, lo ejemplifica así: “Siempre, dentro de las preocupaciones de los perros, primero están los niños, que son superimpredecibles. Luego los hombres, que tenemos un tono de voz mucho más grave. Y luego las mujeres, donde el tono es un poco más agudo”.

En cuanto a las razas, los expertos consultados se muestran cautos y prefieren hablar de individuos o de tipologías. “Las tipologías de perros seleccionados para trabajo colaborativo con humanos suelen ser más sensibles”, puntualiza González, que señala que, independientemente de la raza, los que han sido entrenados en áreas como obediencia, asistencia o terapia, aquellos más sensibles, muy sociales o con un fuerte vínculo con su tutor, pueden ser capaces de percibir mejor las emociones y también de gestionarlas.

Lo que está claro es que los perros se esfuerzan mucho en comprender al humano y cabe preguntarse si sucede lo mismo al contrario. “Lo que es fundamental es que la percepción del entorno de un perro es superdiferente a la de las personas”, recalca Perales, que insiste en hacer un esfuerzo por intentar entender a los perros pero sin culpabilizarse. “Vivimos en familia; ya sea con personas, sea con perros, hay que, de alguna forma, invertir un poquito en el bien colectivo. Das un poquito en pro de todos”, sentencia.

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