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¡VAYA, VAYA!
Columna

Es arte, pero podrían ser patatas... o quizá no

Las ferias atraen a los coleccionistas, eslabón fundamental en el mercado: cómo son, qué buscan, cuánto se gastan

Visitantes de la Feria Art Madrid, este miércoles, en una imagen de la organización.lucas amillano

Mi primera experiencia laboral, cuando aún no había terminado la carrera, fue en Arco. Una suerte para una estudiante de Historia del Arte. En ningún lugar de este país se concentra tal cantidad de obras de arte contemporáneo, galeristas, coleccionistas, creadores, gestores, comisarios, curadores, aficionados, amantes, andantes y algún que otro despistado como en los pabellones 7 y 9 de Ifema durante los días de la feria, y yo iba a trabajar en su organización como becaria. Era septiembre, era mi primer día y era una pipiola, la que fue mi tutora me recibió y me dijo: “Esto es una feria, aquí se compra y se vende, es arte pero podrían ser patatas”. En ese momento me pareció lógico y práctico, no fui consciente de la cantidad de veces que a lo largo de mi vida iba a usar esa frase para hablar de esta y otras ferias de arte. Pero no durante aquellos seis meses allí. Ni los amigos de Arco, ni el catálogo ―algunas de las tareas que tenía asignadas―, me recordaban a patatas, con todos los respetos a estas y a los buenos ratos que nos hacen pasar.

Pero no solo de pan y de patatas vivimos, por mucho que nos tiren los hidratos. Que el arte alimenta el alma no es una frase hecha, creo totalmente en ello. “Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle, no pediría un pan, sino que pediría medio pan y un libro”, dijo Lorca en su discurso de inauguración de la biblioteca de su pueblo en septiembre de 1931. Y, además, el arte alimenta el cuerpo, da de comer a creadores, galeristas, gestores, comisarios... (ya saben, el listado del párrafo anterior) a unos mejor y a otros peor, claro, como en cualquier sector. Todos los que esta semana se juntan en Madrid con motivo de esas ferias que podrían ser de patatas pero no lo son: Arco, JustMad, Art Madrid, CAN, SAM, Hybrid... Esas que atraen a los coleccionistas, eslabón fundamental en la cadena del arte.

¿Quiénes son? ¿Qué les interesa? ¿Cómo se compra arte? No parece que sea tan común como comprar... patatas, sí, tenía que decirlo. En mi afán por demostrar que el arte no es para las élites, que es para todos, me sentí contrariada cuando me vi junto a Blanca Cuesta, esposa de Borja Thyssen, y a señores con pañuelo en el bolsillo de la americana y barbas y bigotes propios del siglo XIX en la inauguración de Madrid Colecciona, en CentroCentro. Exposición en la que, hasta el 6 de septiembre, se puede ver la obra de 50 colecciones privadas, muchas piezas que no se suelen contemplar porque no están en ninguna institución pública. Sin duda, es una oportunidad; sin duda, se pueden admirar obras difíciles de ver en otras circunstancias; sin duda, cada persona o institución que compra una obra, ayuda al artista a seguir trabajando, da vida a la pieza, construye historia del arte y se arma de pensamiento crítico. Pero, como dijo Maribel López, directora de Arco, en las Jornadas de Coleccionismo de la Complutense celebradas en noviembre: “Si pensamos que el barón Thyssen es el modelo tipo de coleccionista, es imposible que se comprenda la necesidad de rebajar el IVA del arte”. A lo que añado, no hace falta vivir en Villa Favorita para poder adquirir obras de arte. Ni todas las compras tienen que ser de Gauguin o Ghirlandaio, es más, todos los artistas han sido monaguillos antes que frailes. ¿Y el placer de apostar por un creador joven y que este tenga una estupenda evolución, en parte, porque puede dedicarse a esto gracias a quien apoya su carrera? Hay quien presume de haber visto a Rosalía o a Ca7riel y Paco Amoroso hace años en un bar por dos duros (ya sería algo más); pues lo mismo con los artistas plásticos.

Las ferias saben que los coleccionistas son parte importante para sostener el ecosistema artístico, en este caso hablo de particulares. Fundaciones o instituciones, para otro día. Y como los compradores son fundamentales y, para qué negarlo, el sustento de estas citas mercaculturales, muchas les dedican premios, les dan ciertas ventajas y los aconsejan.

Arco y Art Madrid tienen planes de asesoramiento individualizado. One Shot Collectors, de esta última atenderá a más de 30 interesados en adquirir obra y First Collector, de la feria de Ifema, a más de un centenar. Son programas útiles para coleccionistas incipientes y para dejarse guiar en ferias que pueden abrumar. Como cuando tu librero de confianza te recomienda algo porque sabe que te va a gustar, te fías y te agrada. La confianza es clave. Además de los factores habituales que entran en juego cuando alguien hace un desembolso económico, al adquirir arte hay un factor de pasión, de impulso, de legado, pero también de practicidad: la revalorización de una pieza es importante, que el artista tenga una proyección ascendente, también.

A pesar de la opacidad en las cifras de ventas de las ferias, First Collector tiene algunos datos de los perfiles con los que trata. Su responsable, Elisa Hernando, asegura que cada vez hay más mujeres coleccionistas, que ya compran generaciones con una cultura totalmente digital lo que las hace ser más rápidas y transparentes en sus decisiones, que la pintura sigue siendo la reina de lo que se vende (“entre el 70% y el 75%”, asegura) y que los presupuestos que manejan están entre los 3.000 y los 5.000 euros de media, también los hay que compran por menos de 1.000 euros. “Los presupuestos muy altos son excepciones”, dice Hernando basándose en su experiencia.

Quizá, no es como comprar patatas, de estas se espera que no echen raíces ni tallos, aunque a veces pasa; y del arte, justo lo contrario, que se expanda, que crezca.

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