El nuevo protocolo de Madrid para las residencias recomienda que los menores no vayan de visita

La nueva guía establece sobre todo recomendaciones, entre ellas, contratar únicamente a profesionales vacunados

Residentes del centro Ballesol, en Pozuelo de Alarcón, en febrero de 2021.
Residentes del centro Ballesol, en Pozuelo de Alarcón, en febrero de 2021.Olmo Calvo

Las residencias de mayores, junto a otros centros sociosanitarios, fueron durante la primera ola de la pandemia el punto más negro tras el paso del virus en Madrid. Siete de cada diez muertes de mayores que vivían en esos lugares ocurrieron allí, dentro de los propios centros: fallecieron 11.389 y, de ellos, 8.338 (el 73%) no fueron trasladados a un hospital, según los datos de la propia Comunidad de Madrid. Más de un año después, esta quinta ola también ha logrado colarse. Aunque lejos de tener el impacto de aquellos meses de primavera de 2020, la incidencia acumulada en la franja de los mayores de 80 está por encima de lo que el Ministerio de Sanidad marca como riesgo muy alto, con 329 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días.

El incremento de casos y de brotes en centros residenciales, ha obligado a la Consejería de Sanidad a modificar el protocolo que tenía vigente para estos centros. “Las circunstancias presentes demoran, por ahora, la toma de medidas más laxas en las visitas”, dice el documento publicado por el Ejecutivo regional, que entra en vigor este jueves.

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Según los últimos datos que envía la Consejería de Sanidad, hay brotes de covid activos en 24 de las casi 500 residencias de mayores de la región, donde viven alrededor de 35.000 personas: “Afectan [los brotes] a 247 residentes y trabajadores. De ellos, 31 han sido ingresados en centros hospitalarios”. Aunque, matiza una portavoz de Sanidad, “la inmensa mayoría de los positivos, que cuentan con la pauta completa de vacunación, son asintomáticos o están cursando el contagio con síntomas leves”.

En 13 de estos centros están con medidas suspendidas (no se permiten visitas, salidas o ingresos). “No todas las residencias con brotes tienen medidas suspendidas ya que esta decisión depende del número de casos y de que la tipología de las instalaciones permita sectorizar y aislar a los positivos sin interrumpir la actividad del centro”, explica la misma portavoz.

En general, un brote, según la propia definición de Salud Pública de la región, es “cualquier agrupación de tres o más casos con infección activa en los que se establece vínculo epidemiológico”. Sin embargo, “debido a la vulnerabilidad de los centros sociosanitarios”, el nuevo protocolo establece un cambio: “La detección de un solo caso en estas instituciones, se considerará un brote a efectos de intervención e implicará la puesta en marcha de las medidas de actuación”.

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La vacunación —la Comunidad asegura que prácticamente la totalidad de residentes y trabajadores están vacunados— ha hecho que el número de muertes se reduzca al mínimo y, quienes se contagian, pasan la enfermedad sin síntomas o de forma leve. Sin embargo, los expertos insisten en recordar que la vacuna ni es esterilizante [no deja pasar la enfermedad] ni es 100% eficaz y los mayores, con sistemas inmunes debilitados, están más expuestos aún estando inmunizados, por lo que hay que seguir extremando las precauciones. Además, los aislamientos o cuarentenas por ser positivo o haber sido contacto de uno, implican tiempos de soledad no recomendables para esta población, sobre todo, para quienes sufren deterioro cognitivo.

Para paliar en la medida de lo posible los efectos de esta quinta ola, estas son las medidas (casi todo recomendaciones) que recoge la guía actualizada.

Las medidas básicas

Mascarilla. Para los residentes, se recomienda su uso siempre que vaya a haber contacto con trabajadores o visitantes.

Ventilación. “Imprescindible”, establece el documento. “Se llevará a cabo ventilación natural, cruzada y permanente, favoreciendo la circulación de aire exterior mediante la apertura de puertas y/o ventanas en lados opuestos”. Todos los centros, además, deben disponer de medidores de CO2 y realizar mediciones periódicas en los espacios con más riesgo.

Salidas y vacaciones

Residentes. El nuevo protocolo permite las salidas de los residentes, tanto los vacunados como los no vacunados, “sin limitaciones”, tanto fines de semana como vacaciones. Aunque, como recomendación, para los periodos vacacionales o ausencias superiores o iguales a siete días se recomienda aportar una PCR negativa hecha en las 72 horas antes de volver al centro o un test de antígenos a la entrada si el centro en cuestión dispone de estas pruebas y habrá que repetirlo a las 48 horas. Mientras, “no realizarán actividades grupales y portarán mascarilla hasta aportar un resultado negativo”.

Trabajadores. Para este grupo, las recomendaciones son las mismas que para los residentes, aunque la guía matiza que “siempre que sea posible se esperará a la incorporación efectiva al trabajo hasta disponer del resultado de una prueba negativa”. Si no hubiese resultado de PCR, el propio centro deberá hacer un test de antígenos al trabajador y repetirlo a las 48 horas, como con los residentes, y “durante ese tiempo, el trabajador se abstendrá de tener contacto estrecho con residentes no vacunados y extremará medidas de prevención y seguridad”.

Aquellos que no estén vacunados, “deberán de permanecer con las mascarillas incluido el tiempo de descanso, quitándosela sólo en el instante en que sea imprescindible para una acción concreta, y no interactuando con otras personas en ese periodo, así como mantener en todo momento distancia de seguridad”.

Las recomendaciones

A los centros. La Comunidad aconseja “contratar únicamente a trabajadores vacunados” y realizar cribados periódicos en el personal de los centros: “Semanalmente, en el caso de trabajadores vacunados y, sobre todo, en el caso de personal no vacunado 2-3 determinaciones semanales. Esta medida especial se mantendrá mientras la incidencia a 14 días supere los 150 casos por 100.000 habitantes”. Además, establece la obligación de mantener un registro actualizado del estado de vacunación tanto de la plantilla como de los usuarios.

A las familias o las personas que vayan de visita. La guía desaconseja la visita de quienes no estén vacunados, pero si se produce, insta a que se realice al aire libre “extremando” las medidas de precaución. En cualquier caso, con o sin inmunizar, cualquiera que acuda al centro deberá llevar mascarilla quirúrgica durante toda la visita y mantener la distancia de seguridad, tanto con residentes com con otras visitas y el personal del centro. Solo en caso de “situación final de vida” o si tanto residente como visitante están vacunados, “se puede optar por tener un contacto estrecho”.

Cada residente puede recibir tres visitas semanales de una hora de duración, a las que pueden ir dos familiares —especifica que no siempre han de ser los mismos—, excepto si uno de los visitantes necesita ayuda para moverse, en ese caso, el protocolo amplía hasta tres personas el máximo permitido. E insiste en que, aunque pueden acudir menores, “no se recomienda” que vayan personas no vacunadas.

Los lugares

En los centros, la estancia de familiares en zonas comunes de la residencia no habilitadas está prohibida. Aunque, recuerda el protocolo, “la visita es una prioridad para la salud de los residentes por lo que se les insta a facilitar diversas zonas comunes en los centros para facilitar las visitas y a que el tamaño de éstas guarde proporción con el número de residentes”, es decir, que tienen que tener delimitado el aforo máximo (se calcula dividiendo el número de metros cuadrados entre cuatro, es decir, se reducen la capacidad al 25%) y señalizado con un cartel visible.

En exteriores. El protocolo aconseja que las visitas en los exteriores de los centros sean en aquellas franjas horarias en las que disminuya el calor, por el riesgo que las altas temperaturas suponen para las personas mayores: “Es de especial importancia que los centros garanticen horarios de visita a primera hora de la mañana y última hora de la tarde para permitir que éstas se realicen en el exterior”.

En interiores. Aunque no se recomiendan las visitas en habitaciones, pueden darse intentado pasar el menor tiempo posible y con la ventilación adecuada. En el caso de las habitaciones dobles, también pueden realizarse si el compañero de habitación no está presente y, en el caso de que por movilidad ninguno de los dos residentes que ocupa la habitación pudiera moverse, se hará con todas las medidas de seguridad, von ventanas y puertas abiertas, mascarilla, distancia y, en ningún caso, podrán coincidir los visitantes de ambos residentes. Se prohibirán en dos supuestos: cuando los residentes estén en cuarentena (por haber sido contactos estrechos de un positivo) o en aquellos centros que tengan un brote declarado.

La comunicación

Hablar por teléfono o por videollamada con las familias es una de las cuestiones que prioriza el protocolo, posicionándolo como un apoyo más de la salud de los residentes. Así, establece que todos aquellos usuarios que lo deseen, deberán poderse comunicar con sus familiares a diario, “cuando no dispongan de medios propios, se deberán facilitar dichos medios si lo solicitan”.

El centro también deberá garantizar el apoyo de un tercero para establecer o mantener la comunicación, “siendo preferentes aquéllas realizadas por personas que no tienen posibilidad de visita física o ésta no es recomendable con razón a las medidas de prevención”. En todo caso, añade la guía, “se priorizará la videoconferencia para todas aquellas personas cuya capacidad permita este tipo de comunicación”.

En caso de brote, momento en el que se suspenderán las visitas, se “deberá aumentar el número y calidad de los contactos telemáticos con allegados y familiares que habitualmente visitan a la persona, asegurándose de disponer los medios tecnológicos necesarios para hacerlo”.

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Sobre la firma

Isabel Valdés

Corresponsal de género de EL PAÍS, antes pasó por Sanidad en Madrid, donde cubrió la pandemia. Está especializada en feminismo y violencia sexual y escribió 'Violadas o muertas', sobre el caso de La Manada y el movimiento feminista. Es licenciada en Periodismo por la Complutense y Máster de Periodismo UAM-EL PAÍS. Su segundo apellido es Aragonés.

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