BOCATA DE CALAMARESColumna
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Catetismo cultural Marca Madrid

El Ayuntamiento desarticula la cultura ciudadana y busca el aplauso fácil en el turismo y la galería

Edificio que hasta ahora albergaba el proyecto Medialab Prado, que se convertirá en el Espacio Cultural Serrería Belga, en Madrid.
Edificio que hasta ahora albergaba el proyecto Medialab Prado, que se convertirá en el Espacio Cultural Serrería Belga, en Madrid.Ricardo Rubio / Europa Press

MediaLab es un insólito centro de cultura y participación ciudadana, de renombre nacional e internacional, para sacar pecho. Pero nuestros gobernantes no entienden MediaLab, solo entienden que ocupa un edificio muy chulo en plena Milla de Oro (saben mucho de inmobiliaria en el PP). Así que lo han desterrado a Matadero, con futuro incierto, para poner… la enésima sala de exposiciones, a un paso del Prado, el Thyssen, el Reina Sofía o el CaixaForum. Se cambia lo singularísimo por más de lo mismo. El Ayuntamiento de la concejala Andrea Levy y el alcalde Almeida está llevando a la ciudad a cotas de catetismo cultural que cuesta recordar.

Al llegar fulminaron la prometedora radio M21, por tocar las narices. Desde entonces han perseguido espacios vecinales como EVA Arganzuela, la Casa del Cura en Malasaña, la Casa de la Cultura en Chamberí, otros en Salamanca o Moratalaz. Peligra el solar de los Dragones de Lavapiés, así como Radio Vallekas (esto es cosa de la Comunidad). Los vecinos de Las Letras pedían un centro de salud y una biblioteca, pero el Ayuntamiento propuso otro museo más, el Museo Judío (ahora ya ni se sabe). Se intenta borrar murales o se permite que otros desaparezcan. Es cierto que la pandemia no ayuda a la creación, pero parece que no es óbice para la destrucción. Las asociaciones de artistas denuncian que el Consistorio pasa de ellas. Figurones como Nacho Cano o Alejandro Sanz sí que son celebrados por nuestros próceres. En la Nave 16 de Matadero se planea montar un “centro de arte inmersivo” gestionado por una empresa privada que la crítica Elena Vozmediano ya ha calificado como una “barraca de feria”: más brillibrillibanalizante.

Atravesando todos estos entuertos hay una hilazón: la cancelación de toda cultura surgida de la ciudadanía y dirigida a ella, su sustitución por la atracción turística. Vecinofobia, excepto cuando hay que arrimar el hombro para revitalizar el centro o quitar nieve. Madrid triste y palurda, cascarón vacío, no solo expulsa a sus vecinos físicamente, sino culturalmente, mientras se apuesta por los musicales de Gran Vía o se fomenta el turismo de compras de lujo de forma obsesiva. Los franceses vienen, pero no por la cultura, sino a ponerse pedo sin demasiadas restricciones. Magaluf vírico.

Suele decirse que la derecha se lleva mal con la cultura, que no la entiende, ni la valora, ni la sabe gestionar. No es necesariamente cierto. En otros mandatos del PP se hizo una labor decente. Se viene a la cabeza Alicia Moreno, que, con sus luces y sombras, acusada de centralismo y espectacularidad, prácticamente inventó la cultura municipal presente. Impulsó Matadero, Conde Duque, Centro Centro, nuevas salas del Teatro Español y el Fernán Gómez, varios festivales… y el mismísimo MediaLab. Igual es que para hacer política cultural hay que ser culto, tener sensibilidad y criterio: no es el caso.

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