MÚSICA

Bandas independientes y teatros, la inesperada simbiosis nacida en pandemia

El ciclo Bravo Madrid, satisfecho con su experimento de conciertos con público sentado en butacas, anuncia continuidad en un futuro post-coronavirus

La banda Aviador Dro actúa este jueves en el Teatro Nuevo Alcalá dentro del ciclo Bravo Madrid.
La banda Aviador Dro actúa este jueves en el Teatro Nuevo Alcalá dentro del ciclo Bravo Madrid.

La búsqueda de nuevos espacios en los que alojar música en directo durante el complicado 2020 no solo ha dado pie un ciclo hasta ahora inédito, Bravo Madrid. También ha impulsado una simbiosis poco explorada: la de promotores de bandas independientes con los dueños de los teatros madrileños. “Estábamos mirando cada uno hacia un lado. Ahora, nos hemos encontrado, nos hemos conocido y hemos decidido seguir colaborando. Bravo Madrid es una nueva experiencia que ha llegado para quedarse. Seguimos ampliando fechas para este 2021 y ya hemos empezado a trabajar en una nueva edición para la temporada que viene, con independencia de que el asunto del coronavirus se haya solucionado o no”, avanza Máximo Lario, uno de los impulsores de esta serie de actuaciones en directo en lugares como el Teatro Nuevo Alcalá y el Teatro Calderón.

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Desde diciembre, esta propuesta ha ofrecido una quincena de conciertos y ya tiene cerrada otra tanda similar en los próximos meses, más lo que todavía no se han anunciado. Esta semana da paso a un clásico como la banda Aviador Dro (el jueves 25 a las 21 horas en el Nuevo Alcalá) y a la prometedora Alice Wonder (el domingo 28 a las 12:00 horas en el mismo lugar). Los artistas han aprovechado las circunstancias para ofrecer a su público algo especial y poco habitual. “Como todo el mundo vive la misma crisis, todo el mundo tiene una mayor capacidad de adaptarse. Si hay que cancelar o cambiar una fecha, los espectadores ya no nos fríen a quejas como antes”, celebra Lario entre bromas.

Su compañía, Intromúsica, arrancó a principios de los 2000 como promotora musical de un determinado grupo de artistas a los que sus fundadores deseaban apoyar. Dorian y Maga estaban entre ellos. “Poco a poco, por nuestra relación personal con las bandas, fueron ganando terreno otros aspectos del negocio. Empezamos a hacer labores de representación para ellas y a editar sus discos en nuestro propio sello, para no tener que depender de terceros”, recuerda. En plena diversificación, comenzaron con la desaparecida Low club, una sesión “que combinaba el sonido de guitarras con la electrónica y en el que se montaba un pequeño festival de música cada noche”. Con los responsables de la también extinta sala Ocho y medio empezaron hace ocho años a organizar ciclos y eventos musicales en directo. Y con ellos también han creado Bravo Madrid, con la intención de proteger a la escena de la música en directo independiente de la crisis pandémica y de acompañar en este trance a los grupos con los que llevan tanto tiempo trabajando. Es además una forma de seguir en activo, en un año en que la compañía solo ha cubierto el 15% de su facturación habitual.

“Los conciertos de bandas independientes en auditorios fuera de la ciudad pueden ser un enorme reclamo turístico, como ha ocurrido con los festivales veraniegos”, argumenta el empresario musical

El margen de beneficio en teatros no es muy alto en estos momentos, por el elevado coste de alquilar espacios que tienen su aforo limitado, pero es una opción que muestra sus ventajas, cuenta Lario. “Además de que no tienes que montar estructuras al aire libre, como en los eventos veraniegos, es brutal ver cómo los espectadores disfrutan desde la butaca. Al no moverse, ni salir a fumar o a pedir algo en la barra como en las salas de conciertos, prestan más atención y están más metidos en el concierto. Es algo que, al final, los propios artistas también agradecen. Sen Senra, que hizo varios pases en diciembre, salió encantado”, explica.

La unión de teatros y bandas independientes de Bravo Madrid supondrá, cuando la normalidad retome sus significados pretéritos, “tan solo un complemento” a lo que unos y otros ya hacían antes. “Ni nuestros conciertos pueden tomar el lugar de un musical en un teatro, por el que se cobra 70 euros de entrada, ni a nosotros nos interesa sustituir a las salas de toda la vida o la música en espacios abiertos”. Ocupar los horarios diurnos de estos espacios, como han venido haciendo varias propuestas en la ciudad en los últimos meses para cumplir con los diferentes toques de queda, se ha convertido en la opción adecuada para esta sesión de encuentros sonoros ideados para los meses de frío.

Lario y sus socios no solo están pensando en ocupar las butacas del centro de la ciudad. “En el resto de la región y en otras partes de España hay auditorios sin apenas programación a lo largo del año. Es una forma de dar una nueva vida a infraestructuras que llevan décadas estando menos usadas de lo que deberían”. Que se acerquen a ellas grupos independientes puede ser un enorme reclamo turístico, como ha ocurrido con los festivales veraniegos cuyos carteles lo ocupan en un 90% este tipo de bandas, argumenta el empresario musical sobre esta nueva idea de negocio que la gestado la necesidad reciente. “La gente está yendo a esta nueva modalidad de conciertos y está demostrando que tiene ganas de actuaciones en directo”, argumenta.


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