FLAMENCO

Pedro el Granaíno canta en recuerdo de Camarón y Morente en el festival Suma Flamenca

“El flamenco es la manera de contar tus penas, tus fatigas, tus alegrías, todo lo que tiene uno dentro del alma”, dice

El cantaor Pedro “El Granaíno”, durante su espectáculo “Maestros”, que ha tenido lugar este lunes en el teatro Lope de Vega de Sevilla y que está enmarcado en la Bienal de Flamenco que se celebra estos días en la capital andaluza. EFE/ Raúl Caro
El cantaor Pedro “El Granaíno”, durante su espectáculo “Maestros”, que ha tenido lugar este lunes en el teatro Lope de Vega de Sevilla y que está enmarcado en la Bienal de Flamenco que se celebra estos días en la capital andaluza. EFE/ Raúl Caro

Pedro el Granaíno trabajaba en la venta ambulante y, aunque siempre había sentido pasión por el flamenco, estaba contento dentro del negocio familiar. “Los primeros que se interesan por mí son Farruquito y otros bailaores, pero lo mío eran los mercadillos y me costó que me convencieran, sobre todo porque yo no estaba preparado para subirme a los escenarios. Dedicarte profesionalmente al flamenco no es algo que puedas hacer de la noche a la mañana”, explica al otro lado del teléfono, en víspera de su actuación hoy en el festival Suma Flamenca, que celebra su XV edición.

A la capital le trae esta vez El barranco de los negros, un espectáculo dedicado a Camarón, del que se acaban de cumplir 70 años de su nacimiento, y a Enrique Morente, del que se conmemora este domingo el décimo aniversario de su muerte. “Somos afortunados de haber nacido en esta época porque ellos lo son todo, han pasado 40 años y nos siguen aportando, han innovado sin salirse de la raíz del flamenco, que esa es la clave, eran unos creadores muy inquietos”, apunta el cantaor andaluz, de 47 años.

Uno de los temas que interpretará es La leyenda del tiempo, el poema de Federico García Lorca que fascinaba a Camarón y Morente. “A Federico le gustaba mucho el cante, tenía al gitano y al flamenco como algo especial”, señala El Granaíno, que en esta ocasión reinterpreta la versión de Morente.

“Una cosa es que Dios te de un don pero está claro que tienen que darse muchas circunstancias, el hecho de irme de Granada a Sevilla, por ejemplo. Allí quizás el flamenco se vive de otra manera, te abre más puertas, pasa como con Madrid. Se dice en el toreo la Maestranza y las Ventas, hay que doctorarse en esas dos plazas”, comenta.

Después volvió a elegir entre dos caminos. La decisión más importante que tomó en su carrera, subraya, fue la de dejar el baile. Tras siete años cantando para Farruco, en 2012 quiso lanzar su carrera en solitario. Sentía, entonces, que “podía aportar mucho más al flamenco” con su voz.

“Aunque me parece importante para los cantaores haber pasado por compañías de baile, pero si estás detrás y delante, como le pasa a muchos compañeros, nunca terminas de dar ese salto”, añade El Granaíno, muy agradecido también por el empujón en redes sociales que recibió del futbolista del Real Madrid Sergio Ramos hace un par de años. “Subió una historia diciendo que nos estaba escuchando. La gente empezó a llamarme para contármelo, salió en todos lados. Él es muy buen aficionado al flamenco, al fin y al cabo una persona como ellos con tantos seguidores que pongan ahí a un artista del flamenco siempre da un empujón”, dice.

Para El Granaíno, lo principal para cantar flamenco, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2010 por la UNESCO, es la verdad y ser sincero con uno mismo, explica el artista: “Uno puede tener buenas cualidades, estudiar mucho, una voz privilegiada, pero al final si no sabes transmitir... hay una frase que Manuel Molina le escribió a Tomas Pavón: yo no canto por cantar, es que no encuentro otra forma más hermosa de rezar. Me identifico mucho con eso, porque es la manera de contar tus penas, tus fatigas, tus alegrías, todo lo que tiene uno dentro del alma, al final el alma es lo que canta”.

El flamenco, agrega, goza de muy buena salud: “Hay una generación de guitarristas, cantaores y bailarines magnífica. Lo único que espero es que de parte de las instituciones se le dé el sitio que se merece”.

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