Diplomacia

Una embajada frente a la nueva normalidad

Gustavo Machín dirige desde hace tres años una de las legaciones más importantes para el Gobierno cubano

Gustavo Machín Gómez, embajador de Cuba en España, ante la inscripción de José Martí en la sede de la legación.
Gustavo Machín Gómez, embajador de Cuba en España, ante la inscripción de José Martí en la sede de la legación.ADOLFO BARROSO

Una frase de José Martí da la bienvenida al visitante de la embajada: “Nosotros no somos aquí más que el corazón de Cuba”. Al frente de ella, está Gustavo Machín Gómez, que reconoce que está al frente de una de legaciones más importantes para su país. Este diplomático, que a lo largo de sus 35 años de carrera profesional ha estado en puestos importantes, lleva tres años en Madrid, en los que ha asistido a tres gobiernos, tres legislaturas y una moción de censura. “Nos podemos vanagloriar de que las relaciones entre España y mi país son estables y nos unen fuertes lazos familiares, históricos y culturales”, añade.

Machín (La Habana, 59 años) ingresó en la carrera diplomática en 1984 tras estudiar Relaciones Internacionales en su ciudad. A partir de ahí, ha subido en el escalafón y ha estado al frente de las direcciones generales de América Latina y Estados Unidos. Tras ser embajador en Washington y en Pakistán, fue trasladado a Madrid. El diplomático reconoce que no es un cubano al uso. No le gusta el calor, no fuma puros, no le apasiona el béisbol -el deporte cubano por excelencia-, no baila salsa y no bebe el conocido ron de su país. Sus antepasados eran principalmente canarios y gallegos. “También tengo un bisabuelo belga que participó en la guerra de la Independencia de Cuba”, reconoce.

Coincidencias o no, la sede de su embajada se encuentra en un edificio austero y funcional del paseo de La Habana. Fue levantada en los años setenta y comparte el edificio con el consulado. Allí trabajan una cincuentena de personas que hasta el momento se han salvado de contagios por coronavirus. “Lo que hemos hecho ha sido aplicar las medidas sanitarias de forma escrupulosa y hasta el momento nos ha funcionado muy bien”, afirma el diplomático.

En España residen unos 110.000 cubanos, repartidos por toda la geografía. Durante la pandemia, la actividad de la embajada se ha centrado en repatriar a compatriotas que no pudieron regresar por el estado de alarma. Se hizo en coordinación con la legación española en Cuba de forma que los vuelos no volvieran vacíos. Salieron 15 vuelos, en su mayoría de Iberia y de Cubana de Aviación. Tuvieron prioridad aquellas personas que tenían familiares enfermos en la isla. A diferencia de otras representaciones diplomáticas, la de Machín no ha tenido que ayudar a compatriotas que pasaran hambre o estuvieran en situaciones de vulnerabilidad o desamparados, según afirma el embajador. “El pueblo cubano se caracteriza por su solidaridad. Es una comunidad con una responsabilidad social muy profunda y nos ayudamos mucho entre nosotros. Está muy arraigado en todos los cubanos”, añade con orgullo Machín, que se caracteriza por un hablar fluido y en momentos apasionado.

Gustavo Machín Gómez, embajador de Cuba en España, durante la entrevista.
Gustavo Machín Gómez, embajador de Cuba en España, durante la entrevista.ADOLFO BARROSO

Dos han sido los hitos más destacados en los tres años que Machín lleva al frente de la embajada: la visita de Pedro Sánchez a Cuba en noviembre de 2018 y la del Rey Felipe VI un año después. En ambos casos les acompañó en sus recorridos. Ya a nivel interno, ha recorrido 16 de las 17 autonomías españolas. “Cuando iba a ir a Baleares, se decretó el estado de alarma. Es la única que me falta. En el resto siempre he recibido un sentimiento de cariño muy especial hacia mi país y mis compatriotas”, añade. Destacan, eso sí, Galicia, Asturias y Canarias. “Es raro que los cubanos no tengamos un antepasado español más o menos cercano”, confirma.

La jornada de trabajo comienza a las ocho y media de la mañana y se prolonga fácilmente hasta las nueve o más de la noche. Suele estar plagada de reuniones con representantes de instituciones oficiales y del sector privado, además de almuerzos de trabajo. “Al haber tanta representación diplomática en Madrid, la agenda es amplísima, en especial, la cultural”, confiesa Machín. Todo eso ha cambiado con la pandemia y se han reducido las reuniones para cumplir las medidas de seguridad. “Hay que adaptarse a la nueva normalidad”.

El diplomático reconoce una gran diferencia entre trabajar en Washington y en Madrid: “Aquí buscamos ampliar y consolidar nuestras relaciones. Cuba, de hecho, fue el último territorio que estuvo bajo el control de España hasta 1888. Allí, en Estados Unidos, tratamos de construir puentes para que se respete nuestra soberanía”. “Allí la idiosincrasia es muy distinta. Por ejemplo, no se puede sobrepasar el metro de distancia social entre las personas, cuando nosotros, antes de la covid, éramos más de abrazarnos, de besarnos y de dar la mano”, describe.

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