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Gritting

Cuando llega el buen tiempo, hay una serie de neologismos que se cuelan de lleno en nuestro vocabulario y en nuestros noticiarios

Un hombre haciendo puenting en Buitrago de Lozoya (Madrid).
Un hombre haciendo puenting en Buitrago de Lozoya (Madrid).SANTI BURGOS

Comencemos por el ‘puenting', que se practica todo el año pero que, al ser una actividad al aire libre, tiene más sentido cuando sale el sol, de forma que si tiritas sea solo por los nervios y no por el frío. El estado nervioso es más que lógico, teniendo en cuenta que lanzarse desde una superficie y quedarse colgando unos segundos cual péndulo debe ser un buen chute de adrenalina. Deporte de aventura lo llaman. Para mí, aventura es irme de viaje sin cerrar el hotel, lo de que se me ponga el estómago en la boca, es otra cosa. Soy una cobarde, lo sé.

El ‘balconing’ sí que está íntimamente relacionado con el verano, con ese sector del turisteo que bebe de más y que considera que es más fácil ir a la habitación de al lado saltando de balcón a balcón que llamando a la puerta. Hay una modalidad que consiste en lanzarse directamente a la piscina desde la habitación. Ya se haga de una manera o de otra, puede tener consecuencias gravísimas, de modo que es algo que desde las administraciones están tratando de erradicar.

Sin embargo, y pese a ser algo muy nuestro, poco se habla del ‘gritting', una práctica en peligro de extinción en las grandes ciudades, que también puede efectuarse desde un balcón, aunque vale una ventana o la puerta del portal. En mi época, era una técnica muy de barrio/pueblo y muy de madre (y algún padre). Consiste en gritar a los hijos para lanzarles una serie de mensajes que pueden dividirse en varias tipologías:

- El de alarma: Se trata del “a comer” de toda la vida, con muchas exclamaciones y una erre larga al final. Cuando la comida estaba lista y aún humeante en la olla o la sartén, nuestras progenitoras tiraban de pulmón y nos informaban para que llegáramos a la mesa antes de que se enfriara. Funcionaban como un reloj suizo.

- El recordatorio: Si se te olvidaban las llaves, o el bocadillo, o la cazadora, no fuera a ser que refrescara, ahí estaban las madres y su gritting para que no nos faltara de nada en nuestra incursión callejera. Su técnica depuradísima de envío consistía en meter la mercancía en bolsas sumándole, en caso de que fuera necesario, algo de peso, con el fin de que no se colara en otro balcón.

- El mensaje reprobatorio: A veces oías tu nombre a distancia y al tiempo que un escalofrío recorría tu espalda, un súbito sabor a metal inundaba tu boca. No hacía falta que nos dijeran ni una palabra más, por el tono, ya sabíamos que con su mirada de súper heroínas que les permitía ver desde bien lejos si habíamos hecho algo malo, nos habían cazado. Cabizbajos y muertos de la vergüenza, arrastrábamos los pies y recorríamos los escasos metros que nos separaban de nuestro hogar, mientras se nos pasaba la vida por delante fotograma a fotograma.

Y sí, actualmente tenemos móviles y el ‘gritting’ ya no es tan necesario pero, en mi época, funcionaba la mar de bien.

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