Patio de vecinos

“Lo de las mascarillas fue una locura, con listas de espera”

Mónica García es farmacéutica en la Farmacia de la Reina Madre, el comercio más antiguo de Madrid y un atractivo para los turistas que visitan la capital, ausentes por la crisis

Mónica García, empleada  de la Farmacia Reina Madre, la más antigua de Madrid, ubicada en la calle Mayor.
Mónica García, empleada de la Farmacia Reina Madre, la más antigua de Madrid, ubicada en la calle Mayor.KIKE PARA

Cuando Mónica García, de 46 años, empezó a trabajar en la Farmacia de la Reina Madre en 2016, apenas cabían tres clientes en el pequeño local. Es el comercio más antiguo de la ciudad, fundado en 1578 por un alquimista veneciano y trasladado al número 59 de la calle Mayor en 1914. Aún conserva el mostrador de caoba o los azulejos de cerámica que adornan su interior, un reclamo para los turistas curiosos, su mercado principal. Hace un año llevaron a cabo una obra de ampliación. “Nos ha venido muy bien porque si hubiera sido la de antes la gente no hubiera entrado porque no había capacidad”, explica García.

¿Cómo ha vivido esta etapa?

Ha sido muy duro. Cierro a las 10 de la noche y cuando salía no había nadie. Tenía miedo. Aparte de recibir gente que a lo mejor venía infectada, más miedo he pasado cuando cerraba porque era increíble, no había nadie en la calle. Tengo que coger dos metros y los cogía sola. La gente que ha estado en su casa habrá vivido la sensación de agobio y ansiedad, pero los que hemos estado aquí lo hemos pasado mal.

¿Ha podido conciliarlo bien con la vida en casa?

Los primeros días sí que tenía una sensación de ansiedad y agobio y llegaba a casa y mi marido me lo notaba un montón. Lo único que le pedía es que no quería era oír noticias. Lo pasaba fatal.

¿Ha tenido miedo al contagio por los clientes?

Al principio no sabías cómo defenderte y llegas a un momento que te crea una paranoia, hemos pasado por un poco de tensión. Había personas que venían mal y no te lo decían directamente. Cuando leía el parte de coronavirus les decía, ‘¿cómo está aquí?’ y la mayoría respondían que estaban solos y no podían mandar a nadie. Mucha gente se bajaba directamente del taxi: venían del hospital a por la medicación. Ahí daba miedo, pero gracias a Dios no lo hemos pillado ninguno.

¿Tuvieron algún problema de desabastecimiento?

Hemos tenido problemas de stock de mascarillas y de guantes, a día de hoy seguimos sin tener. Las mascarillas al principio fue una locura y además la gente pagaba precio de oro por ellas, les daba igual. Nos dieron muchísimos problemas. Tenemos lista de encargos que primero fueron las mascarillas, luego los geles de alcohol que tampoco aparecían y están con cuentagotas y ahora los guantes.

¿Han crecido las ventas respecto a otros años?

No. Esta farmacia se ha visto afectada porque no hay turismo, que es de lo que nos nutrimos. Mis jefes tienen otra en Alcorcón y han subido muchísimo las ventas y las recetas.

¿Qué sentía al trabajar en un centro de Madrid sin gente?

Esto que siempre está lleno y nosotros que somos una farmacia sobre todo turística alucinábamos porque estaba todo vacío. La Plaza Mayor, el mercado de San Miguel... estaban siempre petados. La Gran Vía la he recorrido durante dos meses sola y me ha parado la policía todos los días para ver dónde iba. Es una sensación muy rara.

¿Y con la desescalada?

Hemos notado un respiro. A las ocho cuando empezaba la gente a salir también lo notábamos un montón y cuando la gente empezó a pasarse de barrio venía a conocer el sitio. También ha sido muy bonito salir y ver gente de Madrid, gente española, que eso no lo habíamos vivido nunca. Aquí normalmente sales y son todo extranjeros. Ahora se está notando que la gente está saliendo más, pero todavía hay bastante miedo.

¿Qué anécdota recuerda de esta crisis sanitaria en la farmacia?

En febrero, antes de la crisis, los chinos nos venían pidiendo mascarillas en cantidades de 50 y de 100. No se me olvidará un día que estaba bajando el repartidor una cubeta llena de mascarillas y se la llevaron entera nada más bajarlo. Nosotras nos reíamos, pensábamos que estaban locos con las mascarillas. Podían venir unos 100 chinos pidiendo mascarillas y acabaron con ellas. Y luego al mes siguiente nos pasó a todos.

Muchos comercios no han sobrevivido la pandemia, ¿cree que lo logrará el más antiguo de la ciudad?

Hombre, claro. Esto tendrá que volver poco a poco a la normalidad y nosotros vamos a seguir tirando para adelante. Es una pena porque con la reforma la farmacia ahora está muy bonita y es cuando estábamos trabajando bien. Nos hemos tirado seis meses de obras muy duros y cuando estábamos remontando pasa esto. La farmacia va a seguir, pero sí que estamos notando que el turismo para nosotros es muy importante.

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