GENTE PARA TODO

Canguros para la paz mental

Teletrabajar y cuidar a los hijos ha complicado el confinamiento y está dificultando la desescalada de algunas familias que han contratado cuidadoras para poder conciliar lo laboral y lo personal

Patricia García, en el portal de la casa donde cuida a dos niños mientras los padres de estos teletrabajan.
Patricia García, en el portal de la casa donde cuida a dos niños mientras los padres de estos teletrabajan.David Expósito

Las canguros han saltado.

Sí, en femenino porque la mayoría son mujeres. Sí, hablo de cuidadoras de niños, no de animales. Han dado un brinco del horario nocturno del fin de semana a las mañanas de los días laborables. Han pasado a trabajar en ausencia de los padres, cuando estos están divirtiéndose y desconectando a hacerlo cuando estos están conectados y concentrados en sus obligaciones y bajo el mismo techo. Sí, hay gente pa’to: no son pocos los que han contratado un canguro para teletrabajar mejor y rebajar el nivel de estrés, aunque no lo hagan yendo a cenar o al cine o de fiesta.

Pedro es uno de ellos. A principios de marzo, cuando nos movíamos entre el “no es para tanto” y “no te beso por si acaso”, la pandemia causada por el coronavirus le envió a él, y a su esposa, a su casa a seguir trabajando desde allí, y, claro, a sus hijos, de 5 y 7 años, también. Reorganizaron sus vidas. Juntaron las dos camas de los niños en una habitación y dejaron la otra para juegos y deberes. Ellos habilitaron espacios en el salón para teletrabajar e intentaron sobrellevarlo… “Intentar” es la palabra: establecieron un calendario, se turnaban para realizar las tareas del colegio, crearon un sistema de premios, se levantaban mucho antes de lo habitual para trabajar antes de levantar a los pequeños, se acostaban más tarde… Les resultó imposible.

Para más inri, Pedro, a sus 42 años, no recuerda una sobrecarga de trabajo mayor que la que está teniendo estos meses. Con la participación de alguno de sus hijos por detrás en alguna videollamada laboral. No sabía Robert Kelly, el profesor de Relaciones Internacionales en el Departamento de Ciencias Políticas y Diplomacia de la Universidad de Pusan (Corea del Sur) cuando en marzo de 2017 era entrevistado por la BBC y sus hijos entraron en la escena, el bien que estaba haciendo a la humanidad de este 2020 para relativizar estos sucesos. Llegó un momento en que Pedro se planteó: “Si seguimos así nos tiramos los trastos a la cabeza. Esto lo podemos soportar dos, tres, cuatro semanas… Pero más, no sé”. La incertidumbre los inundaba e inunda todo. “Los niños son flexibles y se adaptan a estas situaciones, pero lo que no llevan bien es cuando tú generas tensión. No se podían comer mi mal humor”, reflexiona el padre. Así que se puso a buscar una solución y encontró la plataforma Nannyfy que pone en contacto a niñeras con familias y le gustó el modelo de negocio y el perfil de las profesionales (sí, la mayoría mujeres). Le hicieron una entrevista y a partir de ahí le enviaron el currículum de cinco personas que cuadraban con lo que buscaba.

La familia de Pedro asumió el riesgo de meter a alguien en casa en plena pandemia y cuando todos estábamos confinados. “Eliges el peor de los males. Estábamos todos juntos en casa e íbamos frustrándonos, teníamos roces que se podían solucionar. Me siento afortunado por haber podido contratar a alguien. El nivel de ruido ha disminuido. Hemos ganado en paz mental”.

Patricia García tiene 25 años y desde el 6 de mayo va de lunes a viernes, de 9.30 a 13.30, a casa de Pedro. Llega con su coche (era un requisito, que la persona contratada no fuera en transporte público) y nada más entrar deja los zapatos en la puerta, va al baño y se cambia de ropa. Ningún protocolo especial más. Al principio de la pandemia, Nannyfy se encargó de pasar un cuestionario de si habían viajado a países de riesgo. Se cubren dos necesidades: la del espacio que necesitaban en la familia para dedicarse cada uno a sus tareas habituales y las de García, que trabajaba en un comedor escolar en el que le han hecho un ERTE y estaba a punto de entrar en un colegio de la Comunidad de Madrid. Aprobó las oposiciones de maestros la pasada convocatoria y tenía una buenísima posición en la lista de interinos. “Pero todo se ha parado”, afirma. Ella trabajaba de manera puntual con Nannyfy, como canguro si salía algo algún día y le venía bien. Ahora, apenas hay esa demanda.

Cambios de negocio

Claudia de la Riva, fundadora de Nannyfy, explica que tuvieron que reinventarse. En los tres meses que se van a cumplir de estado de alarma han pasado por distintos estadios: desde un pico grande de servicios puntuales cuando se anuncia el cierre de los colegios, hasta el vacío al principio del confinamiento. En esta fotografía del panorama, coincide con Marga Escribano, responsable de Topnanny en España ―una web de anuncio que pone en contacto a familias y cuidadores―. Y también, en la incertidumbre que abordan de cara al verano y al próximo curso. Los servicios puntuales, lo que se conoce como canguro de toda la vida que se queda con los niños mientras los padres se van al cine, por ejemplo, están empezando a despertar, pero muy poco a poco. Los servicios recurrentes ―padres, niños y cuidadoras a su cargo por las mañanas mientras cada uno se ocupa de sus deberes― han crecido de 80 peticiones en febrero en Nannyfy a 295 en mayo. Es también el caso de Paula Sánchez que se ocupa las mañanas de los días laborables de una niña de dos años mientras su mamá trabaja. Solo le permite la licencia de ir a darle un besito de vez en cuando. Detalles simpáticos de esta maldita pandemia. A ella también le pidieron como único requisito que no fuera en transporte público ―llega caminando, vive cerca― y, claro, extremar la higiene e inculcárselo a la pequeña.

Esta anormalidad en la que vivimos nos ha llevado a hablar de un cocodrilo en el Pisuerga, así que podríamos decir que las canguros se han multiplicado en las casas de padres trabajadores de la ciudad del Manzanares.

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