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ELECCIONES GENERALES
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Ana Rosa Quintana vs Pedro Sánchez, reunión de insultados en la cumbre

“Me están diciendo que se tiene que marchar”, dijo la presentadora mirando fuera del plató. “Yo estoy muy a gusto”, dijo Sánchez. “Pues yo encantada, tengo programa hasta la una y media”, informó Quintana. Sonrisa helada de Sánchez.

Pedro Sánchez, en 'El programa de Ana Rosa', este martes.
Pedro Sánchez, en 'El programa de Ana Rosa', este martes.
Manuel Jabois

Ana Rosa Quintana y Pedro Sánchez se presentaron esta mañana presumiendo de los insultos que reciben cada uno. ¿A quién se le insulta más: al candidato socialista o a la periodista que lo está entrevistando? La cuestión parecía importante para establecer los roles de cada uno, como cuando se peleaban en 2015 Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para ver quién era más pobre y pidieron para comer tortilla francesa, uno con tres huevos y el otro, más listo, con dos. Comenzó Sánchez a enumerar descalificaciones y rápidamente Quintana respondió que a ella también se le insulta y pasó a enumerar los agravios recibidos. En ese momento, la entrevista se instaló en un plano cómico que simulaba una especie de difuso debate que alcanzó su cénit cuando Ana Rosa Quintana, después de decir que ella estaba preguntando, no opinando, dijo: “¡Es que usted no tendría que pactar nada con Bildu…, ni Feijóo con Vox!”, y se propuso, entonces, hacer un pacto de Estado entre PSOE y PP bajo la mirada atenta de Sánchez, que parecía valorar seriamente la propuesta del Partido Quintanesco.

Sánchez no fue a divertirse a AR, aunque se rio más que en El Hormiguero; apareció con americana, con su discurso sobre el sanchismo (“burbuja de manipulación y maldades”: cada vez es más siniestro el sanchismo, pronto Sánchez se maquillará dark para expresarlo más gráficamente) y su hit electoral de que casi todos los medios son de derechas y están en contra de él, discurso que, por mucho que repita, no abandona la incómoda sensación de que está llorando. Para entonces ya se había producido este diálogo: “Yo estoy en contra de que se saquen las banderas LGTBI de los ayuntamientos”, dijo el candidato. “Yo también, y Feijóo”, respondió Quintana. Repetiría Quintana un par de veces más “Feijóo también”, como si el candidato del PP le hubiese dejado el día anterior unos tarjetones. “No opino, describo”, insistía Quintana. Y acto seguido: “La medida de Yolanda Díaz [de ingresar 20.000 euros a quienes cumplen 18 años] no es justa”. “La ley del sí es sí es una buena ley que protege a las mujeres”, dijo en otro momento Sánchez. “¡Pero cómo va a ser una buena ley!”, respondió sin opinar Quintana.

“Me están diciendo que se tiene que marchar”, dijo la presentadora mirando fuera del plató. “Yo estoy muy a gusto”, dijo Sánchez. “Pues yo encantada, tengo programa hasta la una y media”, informó Quintana. Sonrisa helada de Sánchez.

El presidente aclaró, a propósito de la supuesta afirmación de que él no dormiría con Podemos en su Gobierno, que él dijo que no dormiría si tenía Podemos los ministerios de Hacienda, de Política Energética y de Seguridad Social, así que una vez hecho el reparto pudo conciliar el sueño sin echar mano de un “cambio de opinión”. Su mejor momento fue cuando Quintana equiparó los pactos de PP y Vox con los de PSOE e independentistas. “Conmigo no gobiernan. Yo busco votos en los escaños debajo de las piedras para aprobar leyes que mejoran la vida de la gente, como la subida del salario mínimo o la subida de las pensiones; otros pactan para hacer leyes de retrocesos sociales”.

“Le agradezco de corazón que me haga esa pregunta”, dijo Sánchez cuando la entrevistadora le preguntó por el hackeo de su teléfono móvil y si eso tuvo que ver con el cambio de la política española respecto a Marruecos. Un día alguien tiene que utilizar esa frase hecha como respuesta: “Le agradezco que me haga esa pregunta, no tengo nada más que decir”. Sánchez, sin embargo, se animó. “He tenido que leer en algunos medios a propósito de ese bulo que mi mujer pertenece a una red de narcotráfico en Marruecos”. La entrevista se ponía en modo thriller interesantísimo.

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“Venimos de un presidente del Gobierno que tuvo problemas de verdad con sus mensajes y sus móviles, con SMS a un corrupto como Bárcenas. Hoy no tienen nada contra mí: no soy perfecto, pero soy limpio. Póngase en mi lugar. Ante insidias, mentiras, ¿cómo se puede uno defender?”. La respuesta de Quintana: “Le infectaron su móvil y coincidió en el tiempo...”. Sánchez sonrió: “Ah, que coincidió en el tiempo”.

Sobre el tiempo hay que decir que hacía calor en Madrid y a esas horas, un calor insoportable, y Pedro Sánchez acabó la entrevista como la empezó, recordando que a él se refirió Feijóo en ese mismo programa como “ese personaje” y Esperanza Aguirre (“ya no gobierna”, dijo Quintana) que él “suma muertos”. “No es admisible”. No se insultaron entre ellos, y lejos estuvieron de estarlo, por tanto, se nos privó de repetir el mejor momento del fallecido Sálvame cuando hace años a Yola Berrocal la llamaron “tonta” y contestó rapidísima: “Deja de llamarme tonta, que hay muchísima gente tonta que nos ve”. Los dos, Quintana (”habla usted mucho y me quedan preguntas”) y Sánchez (”déjeme desarrollar el argumento”), debatieron espalda con espalda y dando pasitos, una hacia la derecha y otro hacia la izquierda para, en el momento clave, darse la vuelta y tenerse frente a frente. No dispararon, sino que se gustaron vagamente. “¿A dónde se va de vacaciones?”. “[Carcajada sanchista] Lo decidirán mis hijas, que ya son mayores. Esta pregunta no me la esperaba, Ana Rosa”.

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Sobre la firma

Manuel Jabois
Es de Sanxenxo (Pontevedra) y aprendió el oficio de escribir en el periodismo local gracias a Diario de Pontevedra. Ha trabajado en El Mundo y Onda Cero. Colabora a diario en la Cadena Ser. Su última novela es 'Mirafiori' (2023). En EL PAÍS firma reportajes, crónicas, entrevistas y columnas.

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