Azcón enseña los secretos de su Instagram
El candidato del PP al 8-F parte como favorito a las encuestas y advierte a Vox ante posibles pactos: “No voy a incumplir la ley”

Cuando su hijo Jorge era alcalde de Zaragoza, Julio Azcón, que sufría demencia senil, no perdía una vieja costumbre que le acompañó toda la vida: leer el periódico. La cabeza es caprichosa, puede vaciarse pero mantener una férrea mecánica. Así que el anciano Azcón abría las páginas del diario, se quedaba absorto en alguna fotografía y de repente preguntaba: “¿Este es Jorge?”. “Sí”. “Pero, ¿es mi hijo?”. “Sí, sí”. “¡Pues es alcalde! ¡No me jodas!”. Al día siguiente ya lo había olvidado, así que volvía a la carga. “Dentro de la enorme desgracia que es una enfermedad así”, dice Jorge Azcón, ahora presidente de Aragón y candidato a la reelección por el PP, “al menos se ponía de buen humor todos los días: siempre descubría que su hijo era alcalde”.
Jorge Azcón (Zaragoza, 52 años) empieza su día electoral este sábado 31 de enero con una entrevista al diario Abc a las ocho y media de la mañana. A las diez y media lo esperan ocho sillas para medios y tres cámaras frente a las obras de una residencia para mayores, donde da una rueda de prensa que, en medio de la nada, parece la grabación de una serie. Hay que dar veinte pasos atrás, ver la mínima nube de gente y escuchar al candidato —de traje azul marino y chaleco reglamentario por dentro— dar su discurso. “Aragón, tierra de prosperidad”, dice Azcón, “y de servicios públicos fuertes”. Aragón imparable, dice su lema electoral. El candidato a la reelección vende la imagen de una comunidad que va como un cohete y la candidata aspirante asegura que el cohete está en el taller. Al final es lo de siempre y tampoco podría ser de otra forma. Azcón presume de sus políticas de dependencia y de mayores. Y vuelve a enseñar, ya antes de las once de la mañana, el eje de su campaña: la financiación autonómica.
Al acabar se dirige a los periodistas para preguntarles qué tal llevan la campaña (esto es un clásico llamado los periodistas también votan). Les asegura que el día anterior, de la cafetería al coche, le costó llegar media hora “por la cantidad de fotos que me pidieron”, si bien nadie preguntó dónde estaba la cafetería y dónde el coche.
“Con Javier Lambán [anterior presidente socialista de Aragón, fallecido en agosto de 2025 a los 67 años] yo he tenido muchísimas discusiones, pero defendía Aragón. Pilar [Alegría] defiende los intereses de La Moncloa”, dice apoyado en la barra del bar La Tasquilla, donde para después del primer acto porque necesita “con urgencia” un café y repasar los papeles con los que irá a Utebo, ciudad dormitorio de Zaragoza. Como es cargo electo, viaja con escoltas y un buen coche del partido a diferencia del modesto Seat León y jefa de prensa con el que se mueve Alegría. “Una financiación que no contemple el criterio de despoblación para Aragón es incomprensible. Pilar defiende la ordinalidad, que nos perjudica. Tenemos 70 colegios públicos con menos de 10 alumnos. Somos el 10% del territorio español y el 3% de población”, dice.
No come los churros que le ponen, vienen a saludarle con grandes aspavientos los encargados del bar (“¿no queréis una foto?”, les pregunta). Al despedirse, le enseñan fotos de una vibrante gesta merecedora de premio: una hamburguesa que pesa cinco kilos con 27 huevos fritos. Azcón la mira verdaderamente interesado, como si pudiese subirse encima de ella a dar un mitin. Pregunta entre cuántos la comieron. Son las once y media de la mañana y no ha probado bocado, como siempre: nunca lo hace hasta el mediodía. Así que pregunta todos los detalles que puede de la hamburguesa. “La comieron cuatro adultos y cinco niños”, le contestan. “Anda”, dice el candidato, al que su equipo saca en volandas antes de que pregunte cuántos huevos hay en la despensa.
De camino a Utebo, Azcón cuenta que esquía desde niño y que es asiduo de Formigal. Va en el asiento trasero y se pone gafas mientras lee un papel que pone “ideas fuerza”. Pero se quita las gafas y dice: “A la gente se la conoce por lo que tiene en la pantalla de inicio de Instagram”. Y sin dar tiempo a un respiro, pregunta a bocajarro: “¿Tú te atreverías a enseñar tu pantalla? Yo sí”. Me siento de repente como aquel reportero al que la presentadora le preguntó si se haría en directo un test de drogas y el chaval no respondió por espacio de 47 días. Azcón me enseña su aleatorio de Instagram. Hay muchos vídeos de esquiadores, en efecto, y muchos de cocina, pues es cocinero aficionado. Insiste amable, diría que, diabólicamente, en ver el mío. La cosa sale más o menos bien, no hay nada especialmente tétrico; Azcón lo aprueba y el día puede seguir con normalidad.
En Utebo hay paseo por las calles. El candidato visita la carnicería Ibáñez y luego la floristería Bensiflor. Emerge Españita. No pasa desapercibido Azcón con el pelotón que lleva detrás. En una larga recta, y debido al viento, se produce un abanico y quedan cortados varios miembros de la comitiva. Un par de ellos corren resoplando hasta la tête de la course; se están tirando muchas fotos como para perderse alguna. “Usted cuide bien el dinero de todos que lo está haciendo bien”, le dice una señora mayor en la puerta del Edificio Polifuncional, que le quedó la cabeza descansada a quien le puso el nombre. Allí hay mitin. Sala llena, musiquilla y banderas; Azcón se despide advirtiendo que los que quieren que suba Vox son los socialistas. Ya en privado, cuenta su condición para pactar con la extrema derecha. “Legalidad. Yo no voy a incumplir la ley, así que no voy a dejar de acoger menores, por ejemplo”.
Se come pronto, antes de las dos de la tarde. En Los Cántaros, en la carretera de Logroño, enfrente del Royo. “No puedo contar las veces, los años, que comí en el Royo. Era el sitio en el que comíamos con mis padres los domingos” (Azcón es el menor de cinco hermanos). “Comíamos tanto que no llamábamos para reservar, sino para avisar de que no íbamos”.
En el restaurante pide Coca-Cola Zero. El menú es puerros a la brasa, torreznos, huevos revueltos y chuletón. No desayunar compensa. “Son mis primeras elecciones de favorito”, dice hasta con lo que parece un punto de nostalgia, como si Verstappen añorase salir sexto. “Cuando me presenté como alcalde no creían en mí ni las amigas de mi madre. Con una se enfadó. ‘Qué pena que tu hijo no vaya a ser alcalde’, le soltó”. Fueron las elecciones en las que iba a ser alcaldesa Alegría con Ciudadanos hasta que Albert Rivera dio la orden nacional de virar el barco naranja, y dar las alcaldías al PP. En 2023, contra Lambán, entonces presidente, tampoco Azcón parecía que conseguiría ser capaz de gobernar.
“Sin reblar”, se despide un comensal de la mesa vecina. Sin retroceder, sin rendirse. La ocasión la aprovecha Azcón para repasar palabras aragonesas: rasmia, garrampa, escobar o ir de propio. Pasa por casa y luego se va a Ejea de los Caballeros, el pueblo de Lambán, su adversario socialista en las últimas elecciones. Allí le esperan unas 300 personas. Por la noche, en casa, repaso de la visita a Calatayud. Estará con él Feijóo. “Pero estas elecciones”, dijo por la mañana y por la tarde, “son para Aragón, nada más”.
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