El senador Eduard Pujol detalla en un juicio el acoso en redes sociales de una expareja: “Me llamó violador de menores”
Eva R. se ha sentado en el banquillo de los acusados por atribuir falsos delitos sexuales al dirigente de Junts


“Hacía días que no me temblaba la mano. Ahora me vuelve a temblar”, ha afirmado Eduard Pujol en mitad de su declaración como testigo, este miércoles, ante el juez. A partir de 2019 y durante más de un año, el hoy senador de Junts per Catalunya fue víctima de una campaña de acoso sistemático en redes sociales por parte de una mujer, Eva R., con la que había mantenido una relación íntima. La mujer acabó denunciándole ante el partido por acoso sexual, lo que provocó que Pujol renunciara a su acta de diputado en el Parlament. “Fue mi muerte civil. El día que me lo comunicaron, se me cayó el mundo encima. Tomé medicación para la presión, subí al coche para irme al Empordà y, sin saber cómo, acabé en Lleida”.
Pujol ha vuelto a estar hoy cara a cara con la mujer que convirtió su vida, ha dicho, en un “infierno” y un “túnel del terror” desde que supo que el dirigente político no quería mantener con ella una relación formal. En agosto de 2018, ambos empezaron a hablar por Instagram y mantuvieron encuentros sexuales esporádicos. Pero la mujer “quería más contacto y más relación”, ha afirmado. Fue entonces cuando empezó una “tormenta de difamación”: le envió 3.400 mensajes (están aportados a la causa) y le atribuyó falsamente, en redes sociales, delitos de naturaleza sexual.
La mujer creó presuntamente decenas de cuentas de Twitter (ella lo ha negado en su declaración) para publicar mensajes en los que le atribuía conductas violentas y delitos. “Me llamó violador de menores”, ha dicho Pujol, en una publicación en la que se le veía a él con su hijo y una sobrina. Eva R. publicó una fotografía de su casa con un mensaje: “La casa de los horrores, aquí viola y pega el señor diputado”.
Pujol ha descrito un mecanismo perverso, “mafioso”. Primero, le avisaba por WhatsApp o Instagram de lo que vendría. “¿Qué, estás cagado?“. “Esta noche no vas a dormir”. “Subiré a Junts una cosa tuya y se te habrá acabado el rollo”. Después, los montajes con texto y fotos aparecían en internet. Eva R. se aseguraba de que los tuits llegaran a Junts, a otras formaciones políticas, a medios de comunicación y a asociaciones de mujeres. De manera que Pujol se vio cada vez más en la diana, pero incapaz de reaccionar más allá de pedirle que parara (“no me lo hagas más, por favor”), sin éxito.
El senador vivió el proceso en soledad por “vergüenza” y porque tenía, ha dicho, “miedo a las reacciones” de la mujer. Su estrategia, fracasada, fue intentar calmarla. “Seguramente me equivoqué y debí haber denunciado al primer mensaje. Pero estaba sometido a un bombardeo y no fue capaz”. Pujol finalmente pidió ayuda -a un amigo, a una amiga de Eva, a un mosso d’esquadra- pero el acoso no cesó en mucho tiempo.
“Fue mi muerte civil”
El giro de guion se produjo en octubre de 2020, en plena pandemia. Dos mujeres acudieron a la sede de Junts a contar que Pujol las había acosado sexualmente: Eva R. y Noemí Ll., una concejal del partido en la comarca del Maresme. El partido dio una rueda de prensa para explicar los hechos e invitó a Pujol a marcharse. “Me dijeron que lo mejor era que me fuera. Fue mi muerte civil”. El fiscal y el juez han querido saber si Junts le apartó formalmente o fue él quien dimitió. Pujol ha explicado que no se le remitió ningún expediente y que él mismo renunció a su acta de diputado, y que si no supo reaccionar de otro modo fue por el “estado psicológico” en el que se encontraba.
Pujol se quedó en paro y empezó a buscar trabajo sin éxito. “Fui a Olot, a una gran empresa de alimentación a la que yo había ayudado... Me dijeron: ‘Eduard, ahora mismo eres tóxico”. Su suerte cambió seis meses más tarde, cuando el partido levantó la suspensión de su militancia y le pidió públicamente disculpas. Las mujeres no habían presentado ninguna denuncia formal contra él. Con ayuda de su abogada, Judit Gené, pasó al contraataque y las denunció por injurias (en el caso de Eva R., también por acoso).
Noemí Ll., la concejal de Junts, reconoció por escrito ante el juez que Pujol nunca la había acosado y el senador le otorgó lo que se conoce como “el perdón del ofendido”, que permite poner fin a un proceso penal cuando se trata de delitos privados y no públicos, como las injurias. La edil agregó en ese texto que se había sentido “manipulada” por determinadas personas del partido que la usaron para “hacer daño” a Pujol “con finalidades políticas”.
El proceso contra Eva R., en cambio, ha seguido y ha culminado este miércoles con la vista oral en un juzgado de Barcelona. La mujer, que solo ha respondido a preguntas de su abogado, ha lamentado que su relación se limitara al sexo (“me sentí despreciada, sentía que solo me quería para el sexo”) y ha dicho que Pujol también le enviaba mensajes subidos de tono. Sobre los hechos, ha negado la mayor: ha dicho que no creó los perfiles de Twitter en los que se vertieron las injurias y ha asegurado que nunca acudió a la sede de Junts a denunciar a Pujol. La acusada ha cargado contra la otra mujer: fue Noemí, ha dicho, quien contactó con ella porque estaba “reuniendo a mujeres para hacer una denuncia conjunta”.
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