Doña Inés se pasa al reguetón en el desternillante ‘Tenoriu’ de Buenafuente
El entregado público que abarrotaba el Teatro Coliseum de Barcelona no ha parado de reír desde el principio de la función


El Tenoriu que ha regresado anoche a Barcelona tras la triunfal temporada del otoño pasado es exactamente lo que cabe esperar de un Don Juan Tenorio montado por la gente del Terrat, dirigido por el triciclero Carles Sans y protagonizado por Andreu Buenafuente en el rôle-titre (pronúnciese con acento gabacho-sevillano) y Silvia Abril como Doña Inés. Una simpática velada de risas, chistes a destajo (“siempre hay averías en Rodalías”) , bromas entrañablemente tontorronas (yemas Nierga entre los dulces de las monjas), autorreferencias, y pasadas de frenada. También, y esto sorprende más, muchos versos, y bastante bien dichos, aunque la mayoría decantados hacia el ripio oportunista y facilón para hacer reír al público.
Y a fe que lo hizo, reír, el respetable que llenaba hasta la bandera el Teatre Coliseum (donde se representa el Tenoriu hasta el 23 de noviembre): desde la primera escena hasta la última, con alguna espectadora que empalmaba carcajada tras carcajada sin solución de continuidad. Lo que se habría sorprendido Zorrilla de ver su oscuro drama de perdición y salvación convertido en semejante comedia, en la que hasta a la propia Doña Inés se le escapaba la risa en alguna escena.
Ya la aparición inicial de “Don Juan de la Buenafuente” en la fonda sevillana para su encuentro y contabilización de la apuesta con Luis Mejía desata las risas: está graciosísimo con el jubón rojo, la gorra emplumada y la espada (que se le cae) al cinto, y lo sabe y se recrea, jugando con la máscara y las gafas. Un puñado de eficacísimos secundarios, David Olivares, Anna Bertran, Roger Julià y Toni González, que se suma a la fiesta, completan el reparto encarnando a Mejía, al padre de Inés, al de Don Juan (convertido en ciego), al criado de este, Ciutti, a Brígida, la sirvienta de Inés y alcahueta, a Doña Ana de Pantoja (a la que se saca mucho partido cómico identificándola con Isabel Pantoja), la abadesa de las Calatravas o la posadera. Son muy divertidos los muñecos que van apareciendo para hacer de alguaciles o fiesteros y el guitarrista inoportuno.
En el Tenoriu, con dramaturgia de Israel Solà, se traspasa continuamente la cuarta pared y Buenafuente explica aspectos de la función o la corta. Por ejemplo, en la primera escena indica que no hacen los famosos monólogos de Don Juan y Mejía en que presentan las iniquidades de seducción y duelos que han cometido (y que se cuentan entre los versos más conocidos de la obra). “Este trozo no lo hacemos que es muy largo”, sentencia Buenafuente, que opta por “la elipsis”, dejando frustrado a Mejía, al que en otros pasajes una voz en off le quita también su parte.
Don Juan seduce a la prometida de su rival en una escena de balcón metido bajo las faldas de Doña Ana con más bien poco sutiles referencias al fruto de la higuera. Y Doña Inés aparece como una joven calentorra que se libra al reguetón —momento culminante de la representación— para enfatizar que quiere pecar.
La escena de la seducción de la novicia —“así nunca fue la obra”— está llena de bromas personales entre Buenafuente y Abril, como alusiones a que uno y otro han aumentado de peso, y la pareja se lo pasa de lo lindo (y el público con ellos) metiendo morcillas en los famosos versos (incluso imitando la voz del Rey emérito) y riéndose juntos (“tú has fumado”, “bésame, tonto”, “nos estamos precipitando”, “Zorrilla, Zorrilla”). El momento más pirandelliano de este desbocado Tenoriu llega cuando Don Gonzalo y Don Luis irrumpen en casa del protagonista y Buenafuente duda a la hora de matar al padre de Inés: “Ahora soy actor y no veo ese final, no lo veo”, dice bajando la pistola. Es Doña Inés la que mata a su padre en un arranque antipatriarcal en el que reclama ser dueña de su propia vida e insta a Buenafuente a darse prisa e ir acabando, “que tenemos la niña con la canguro”.
En fin, entre broma y broma, verso y verso, la gente se lo pasa estupendamente en este Tenoriu en el que Buenafuente reivindica la tradición de los Don juanes satíricos catalanes (la función es bilingüe) representada por parejas cómicas como Joan Pera y Lloll Bertran y sobre todo por los inolvidables Joan Capri y Mary Santpere. Visto lo visto, Buenafuente y Abril ya han sentado cátedra en el género y tienen Tenoriu para rato.
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