“Somos un as en la manga del Ayuntamiento”: Así trabaja la brigada especial de limpieza de Barcelona

El grupo atiende situaciones urgentes en la vía pública que van desde retirar contenedores quemados hasta limpiar manchas de aceite en las calles

Los operarios David López Alonso y Houari Gaidi trabajan, la semana pasada en una de las limpiezas urgentes en la vía pública que atiende la brigada de actuaciones inmediatas.
Los operarios David López Alonso y Houari Gaidi trabajan, la semana pasada en una de las limpiezas urgentes en la vía pública que atiende la brigada de actuaciones inmediatas.Massimiliano Minocri

Están disponibles para cualquier imprevisto en la vía pública o el espacio público que sea urgente atender en Barcelona. Cosas que haya que limpiar. Lo que surja. Y lo que surge no es poco. Eliminar una mancha de aceite en la calzada para que las motos no resbalen. Recoger cristales rotos. Un contenedor lleno de pescado que apesta y provoca quejas de los vecinos. Retirar un contenedor quemado. Basura que se acumula debajo o entre contenedores. O cuestiones más delicadas, como limpiar la sangre tras un accidente, un atropello, un suicidio o una pelea... o recoger jeringuillas de toxicómanos. “Atendemos emergencias que salen de lo común” resume David López al volante de un viejo camión que necesita un relevo cuanto antes. “Dicen que los vehículos de la nueva contrata [que ya se ha comenzado a desplegar] son la bomba”, celebra.

López pertenece al SENEI, el servicio de limpieza inmediata del servicio municipal de recogida de basura y limpieza viaria. Equipos que hay en todos los distritos de la ciudad y que complementan los servicios ordinarios. En tres turnos diarios. Su zona es Horta – Guinardó y Nou Barris. Dos distritos donde hay barrios con orografía complicadísima, como Torre Baró o el Carmel. O que están lejos del centro, como Vallbona. O con estrechos cascos antiguos, como Horta. Actúan cuando un vecino avisa o se queja, o cuando les llama otro servicio municipal: los propios compañeros de la limpieza, Guardia Urbana o Bomberos, por ejemplo.

Con la crisis de limpieza que ha vivido Barcelona, su trabajo es fundamental para salvar la cara al Ayuntamiento. Sobre todo cuando se acercan elecciones. La ciudad tiene que estar como una patena. Ante las críticas del invierno y la primavera pasadas, el gobierno de la alcaldesa Ada Colau puso en marcha un millonario plan de choque y un plan de mantenimiento con recursos extraordinarios. En condiciones normales, la recogida de basura y limpieza viaria se lleva el 10% del presupuesto municipal: más de 300 millones de euros al año.

El martes pasado, el “operario de viaria”, como le gusta a López que le llamen, hacía equipo con Gaidi Houari, contratado los meses de verano. El camión con el que trabajan es un “híbrido”. Tiene un poco de todo: un espacio para tirar basura, grúa, agua a presión… y herramientas. Las reglamentarias y las que con los años ellos mismos han fabricado porque les facilita el trabajo. “Mira”, mostraban orgullosos: “Esto es un gancho que lo atamos a la grúa cuando hay que despegar una ‘galleta’, un contenedor quemado que se ha quedado pegado en el suelo”, levantaba Houari. “Y esto”, sacaban otro invento: “Le hemos puesto una madera a una escoba y va muy bien para presionar la sepiolita (una especie de serrín) cuando limpiamos aceite”, añadía López.

De media, entre los tres turnos, atienden una veintena de urgencias al día, explica Gonzalo Castán, jefe adjunto del servicio en Nou Barris y Horta – Guinardó. Como en cualquier trabajo, hay vocabulario específico. Como un “renta-sota”, uno de los servicios que realizan con frecuencia y que consiste en limpiar basura que se acumula debajo de los contenedores y puede provocar, además de malos olores, la proliferación de plagas.

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López y Houari trabajando la semana pasada limpiando una zona de contenedores. Un servicio que se denomina "renta-sota".
López y Houari trabajando la semana pasada limpiando una zona de contenedores. Un servicio que se denomina "renta-sota".Massimiliano Minocri

López y Houari lamentan que, la mayoría de veces, el origen de sus intervenciones está en el incivismo o gamberradas de los propios vecinos. Otro clásico es recoger los cristales rotos de marquesinas de autobús. Reivindican el trabajo de sus compañeros; tanto de los de recogida domiciliaria como los de limpieza viaria. “La gente no es consciente de la de basura que se llega a recoger y en este trabajo se ve mucho como es la gente”. La semana pasada unos compañeros suyos tuvieron que a rescatar contenedores que alguien había tirado por un barranco, en la falda de Collserola. Lo contaban en la pausa que tienen para comer un bocadillo. En la mesa estaba Elena Lorenzo: “Lo peor que me ha tocado fue un camión cargado de botes de pintura que volcó”.

El martes resultó tranquilo. Les tocó limpiar la mancha de aceite que salía de un contenedor gris. Algún gracioso había tirado el aceite donde no toca y la mancha estaba en la calle de Fastenrath, muy empinada, y antes de un stop. “Pa’ matarse una moto”, decían los operarios, que aprovechaban para levantar los contenedores y hacer un “renta-sota”. Después del bocadillo pasaron por el mercado del Guinardó, donde limpiaron el acceso al sótano donde los comerciantes tiran la basura orgánica. En verano, con el calor, enseguida huele mal.

También acumulan anécdotas. Cuando les llamaron para sacar a una mujer de un contenedor al que la había tirado su yerno. “Hijo de putaaaaaaa, ¿dónde me has metido?”, recuerda López que gritaba la señora. O cuando tuvieron que bajar de un árbol una bolsa llena de dinero que había tirado un vecino. O el día que les llamaron los Mossos d’Esquadra para ir a cargar la caja fuerte que unos ladrones habían abandonado en un descampado. “Pesaba como un coche y estaba sin abrir”. También les toca vaciar contenedores cuando a la gente se les caen las llaves al tirar la basura. Y una vez tuvieron que trillar un contenedor entero porque a una mujer se le había caído un anillo “¡de dos millones de pesetas!”. Y otra buena: recoger un caballo, muerto de un clan al que otro clan había envenenado. Porque, aunque hay un servicio municipal de recogida de animales, si son grandes les toca a ellos. “Somos un as en la manga del Ayuntamiento”, presumía López. En septiembre auguran movilizaciones porque tienen pendientes atrasos que les deben tras varios años de sueldo congelado. En junio hubo un preacuerdo y no se cumplió, explicaban.

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Sobre la firma

Clara Blanchar

Centrada en la información sobre Barcelona, la política municipal, la ciudad y sus conflictos son su materia prima. Especializada en temas de urbanismo, movilidad, movimientos sociales y vivienda, ha trabajado en las secciones de economía, política y deportes. Es licenciada por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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