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La FlyHard sopla 10 velas

La sala de Sants reabre este jueves con ‘Instruccions per enterrar un pare’ y prosigue el repaso de su historia en documentales

‘El rei borni’, uno de los éxitos de la sala Flyhard.
‘El rei borni’, uno de los éxitos de la sala Flyhard.

“10 años de conocimiento, de teatro, de madurez, de historias, de atrevimiento, de contactos, de programación, de amistades, de riesgo, de entusiasmo”. Estas 10 razones de las que hace bandera la sala FlyHard para celebrar (si es que puede utilizarse este verbo en esta situación) su primera década, bien barajadas, descubren lo que es este pequeño (¡minúsculo!) teatro del barrio de Sants, en Barcelona, cuna de buena parte de la dramaturgia catalana actual. Clara Cols, actriz, productora y cofundadora de la sala, definía hace cinco años el producto que manejaban en aquella caja de herramientas: “Teatro actual, narrativo, cercano, joven, directo, cotidiano, hablado como se habla en la calle, ágil”. Cinco años después, la definición sigue encajando a la perfección.

La pandemia echó al garete las ideas que surgían para celebrar la efeméride. “Habíamos pensado reunir a la gente que ha ido pasando por aquí, pero con las medidas sanitarias sería imposible; o representar algunas de las obras clave de estos 10 años, pero con la reprogramación de obras suspendidas que tenemos pendiente, tampoco se podía”, comenta Clara Cols. “Así que se nos ocurrió realizar 10 vídeos de unos 10 minutos cada uno repasando la historia de la sala”.

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El formato documental permite recuperar imágenes antiguas, ofrecer píldoras de obras, declaraciones de artistas y de aficionados… para tejer un repaso ágil y entretenido de esta década. “Más que algo cronológico, intentamos dar una visión fiel de lo que es la FlyHard”, dice Cols. Cada día 15 de mes irán publicando.

En el primer documental, publicado el pasado 15 de octubre, voces autorizadas, algunas de las cuales empezaron en la FlyHard, dejan claro lo que han encontrado entre estas cuatro paredes que respiran teatro por todas sus grietas. “Mi primera impresión al ver un espacio tan pequeño fue pensar: ‘aquí no se puede hacer teatro’. Pero… ¡y tanto que se podía, y muy bueno!”, dice Guillem Clua, flamante Premio Nacional de Dramaturgia, que estrenó allí Smiley, una historia de amor, obra que todavía se sigue estrenando por todo el planeta. Cristina Clemente, dramaturga que se estrenó en la FlyHard con Volem anar al Tibidabo, se muestra agradecida por esa acogida que le brindaron: “La tranquilidad que me dieron, recién salida del Institut, fue importantísima, cuenta la autora de Ventura o Consell familiar.

Marc Crehuet, autor de la exitosa El rei borni, que se estrenó en este rincón de la calle Alpens y ha tenido también versión cinematográfica, explica cómo la FlyHard hace de la necesidad virtud: “Una de las grandes ventajas es estar tan cerca del espectador, para el público es mejor que ver una película en 3D”, dice. Y el actor Jacob Torres trata de explicar qué tiene esta sala que la hace especial: “Allí sabes que lo que harás va a gustar, que vas a conectar con el público. No sé por qué, pero tiene algo que hace que funcione, ese algo que busca siempre un productor que no se sabe qué es… pero la FlyHard lo tiene”.

“Empezamos como compañía de teatro en 2006”, recuerda Clara Cols. “Apostamos por un teatro alternativo que contara cosas del ahora y del aquí y en el que se viera reflejada la gente joven que también va al cine y devora series, la gente de la calle”. Por eso cuando en 2010 convirtieron el antiguo taller de coches en el que ensayaban en sala de teatro, decidieron poner precios asequibles, a 5 o 10 euros, a gusto del consumidor: el que no pudiera pagar 10, pagaba la mitad y en paz.

La pequeña sala de Sants.
La pequeña sala de Sants.© Marcel·lí Sàenz

“Con los años nos hemos ido profesionalizando, en 2013 accedimos a ayudas públicas y ahora tenemos una estructura que nos brinda unas condiciones laborales dignas”, reconoce Cols. “Esto ha pasado a ser un trabajo, vocacional, claro, pero un trabajo. Las primeras tres temporadas contamos mucho con la complicidad de las compañías, que, de alguna manera, venían a jugar. Ahora nos movemos en otros parámetros y las compañías ya no vienen porque les haga ilusión (que creo que también) sino porque les ofrecemos unas condiciones interesantes. Y se sienten acompañadas (que no controladas) y a gusto”. El resultado es un teatro que desprende el aroma de la casa. “Un sello, un color, un estilo con el que nos identificamos”, dice Cols.

Si la FlyHard echó a andar en plena recesión económica, ahora la crisis del coronavirus le está haciendo mucho daño. “Hemos tenido que subir los precios”, explica la gestora de la sala. “Si hubiéramos podido abrir con todo el aforo [hablamos de 45 butacas] no lo habríamos subido, pero hay que tener en cuenta que para las salas grandes, ocupar un 70% de los asientos ya les es rentable, para nosotros, no. Cuando se habló de habilitar solo una tercera parte del aforo ni nos planteamos abrir y con el 50%... pues tuvimos que hacer el esfuerzo. Tener 30 butacas a 20 euros es como tener las 45 a 14 euros”. La comedia negra Instruccions per matar un pare, de Carmen Marfà y Yago Alonso, vuelve a abrir la sala tras el enésimo cierre obligado por la pandemia. Estará en cartel hasta el 11 de enero.

Cuna de la dramaturgia

La FlyHard se ha convertido en cuna de la dramaturgia catalana contemporánea. De allí han salido obras que han rodado mundo y autores que han tocado el cielo. Aquí hemos visto Smiley, de Guillem Clua; Litus, de Marta Buchaca o El rei borni, de Marc Creuhet (de ambas se han hecho películas); Burundanga, de Jordi Galceran; Sunday Morning, de Carol López; AKA, de Dani J. Meyer, premio Max a autoría revelación el año pasado, o Els dies mentits, de Marta Aran, mismo galardón este año.

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