FILOSOFÍA

Pensar tras la mascarilla

De ‘El cuento de la criada’ al canto de pájaros, la Bienal del Pensamiento arranca entre lo profético y lo poético

Un momento de la intervención de Margaret Atwood en la Bienal del Pensamiento.
Un momento de la intervención de Margaret Atwood en la Bienal del Pensamiento.MASSIMILIANO MINOCRI

Quizá tener que estar detrás de una angustiosa mascarilla por el coronavirus acabe ayudando a pararse un momento y reflexionar sobre la pérdida de nuestro vínculo con el exterior, el menosprecio humano hacia otras formas de vida o el sentido último que tiene hoy la palabra futuro, si puede darse ya más allá de la distopía… Todas esas inquietudes flotan y asomaron ayer en la plaza Joan Coromines de Barcelona, donde 760 personas, en dos sesiones con las prescriptivas medidas sanitarias, asistieron a la primera jornada de la Bienal del Pensamiento que promueve el Consistorio, en una jornada que cabalgó entre lo profundo, lo poético y lo profético.

La cita arrancó con el itinerario Futuros, y nadie como la autora de la exitosa distopía El cuento de la criada para trazarlo. “La gente siempre pensó que esa trama era algo fantasioso, lejano, pero con la llegada de Trump se empezó a percibir como un reality show”, contextualizó Margaret Atwood desde Canadá, vía streaming, que admitió que “el miedo, el caos y la falta de recursos materiales para mucha gente son el motor de estos tiempos convulsos; el planeta está amenazado como en mi obra”. Pero, a pesar de que “podría ser la despedida del ser humano si no se cambia de actitud”, se mostró esperanzada con “la igualdad que obtendrán las mujeres, el ecologismo, y los veinteañeros, que muestran nuevas maneras de organizarse”.

Atwood se decidió a escribir, confesó, tras componer un poema a los 16 años. Porque tiene una trayectoria lírica. Algunos de sus versos posteriores fueron recitados por la poeta María Cabrera, en un acto que engarzó el estreno de la Bienal del Pensamiento con el del Festival Barcelona Poesia. En esa línea, Enric Casasses intervino antes (“un és mil de caràcters en un de sol”), en clara sintonía espiritual y combativa con la primera sesión.

Y es que el tono de la jornada, con todas las localidades agotadas desde hacía días, nació desde el primer minuto. “Al principio solo estaba el viento… El viento enseñó a los animales a cantar”, arrancó la filósofa de la ciencia belga Vinciane Despret, sobre el escenario poniendo voz a su lectura-performance: acompañando imágenes siempre azules de texturas fluidas que parecían aguas, hielos o nubes, con un discurso entre el aforismo y la prosa poética, aportó estudios científicos sobre la importancia del silencio y la enseñanza que los humanos pueden obtener de los pájaros y el reino animal. “Sus sonidos nunca se pisan porque cada grupo animal tiene sus franjas y frecuencias sonoras”. Y a esa crítica velada al discurso humano, añadió: “Con nuestro confinamiento, los pájaros entendieron que les cedimos la palabra”, dijo. Y citó un estudio que demuestra que en Barcelona las aves “cantaron más y en periodos más largos” durante un silencioso confinamiento que le llevó a hablar del inicio de una “esperanzadora época del fonoceno”.

Conversando con ella por streaming, Donna Haraway, la filósofa y bióloga norteamericana, fue más ideológica y directa: “¿Quién tiene hoy el privilegio del silencio?”, poniendo como ejemplos las dificultades de los líderes demócratas por hacerse oír ante las invectivas de los republicanos en los debates televisivos de las elecciones presidenciales de EE UU o las 20 veces en ocho minutos que George Floyd le gritó al policía que no podía respirar, “arrancando el silencio dentro del silencio”.

“Vivimos en un mundo con los sonidos reducidos, no hay riqueza sonora”, alertó. Y creó una imagen auditiva para los asistentes: está estudiando el fenómeno de “los pájaros que, entre México y EE UU, caen mientras vuelan; el sonido de los pájaros que caen muertos”, desnutridos al tener que avanzar las migraciones e ir a zonas sin suficiente comida, empujados por los grandes incendios. Ambas, ante de despedirse, coincidieron en la necesidad de construir “una narrativa del silencio” después de que Despret reivindicara la necesidad de extender los minutos de silencio más allá de por los muertos: “nos fuerzan a esperar, a reflexionar sobre lo que se rompe, a honrar a los otros seres vivos del planeta”.

Naturaleza y cultura

Y es que la supuesta antinomia entre naturaleza y cultura “es falsa, son términos siameses”, defendió el filósofo y antropólogo francés Bruno Latour a través del estimulante vídeo Natura, una de las 14 palabras que bajo ese formato audiovisual analizan otros tantos pensadores, en una propuesta que ha impulsado el CCCB y que irá salpicando las jornadas. Pareció dar pie al juego que acto seguido mantuvieron las escritoras Irene Solà y María Sánchez, acompañadas musicalmente por María Arnal: dándose pie con textos entrelazados, se escuchaban hablando de geografías poderosas o amenazadas, pero con la premisa de que “sólo desde escuchar uno puede sumergirse al fondo del fondo”. El público, tras la mascarilla, lo pensó. Y aplaudió.

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