PREMIOS LITERARIOS

La fantástica montaña de Irene Solà gana el premio de Literatura de la Unión Europea

“Me lo pasé exageradamente bien escribiéndola”, confiesa la autora de una novela que ha recibido cuatro galardones en apenas un año

Irene Solà, el pasado junio en Barcelona
Irene Solà, el pasado junio en Barcelonamassimiliano minocri

“No sé, me lo pasé exageradamente bien escribiéndola, me la tomé como un juego, una experimentación y quizá eso es lo que transpira y lo que capta el lector”, plantea Irene Solà sobre su Canto jo i la muntanya balla para explicarse que haya recibido este martes el premio de Literatura de la Unión Europea para España, el cuarto de la que es su segunda novela, tras obtener el Llibres Anagrama con el que se publicó, el Núvol y el Cálamo en apenas un año.

El acta del galardón, convocado por la Comisión Europea para promover autores emergentes y facilitar la promoción de la literatura europea entre sus estados, destaca “la riqueza, naturalidad y expresividad” del lenguaje, así como “la forma poética e imaginativa de explicar unas historias a través de varios narradores, algunos inesperados. Una novela que combina belleza y dureza (…) sorprendente”. Y no se equivoca, porque solo empezar, esta novela (seis ediciones ya en catalán y tres en su traducción al castellano), arranca dando voz a unas nubes, narradoras inopinadas, como lo serán también un corzo, unas setas o unas ninfas, registros con los que la escritora catalana (Malla, 1990) quería experimentar con otras subjetividades narrativas, huyendo de ofrecer solo la voz humana, en la vida en un pueblo de montaña. O sea, que exige una predisposición del lector. “Desde el primer momento le dice que ha de querer jugar a ver el mundo de manera diferente, ha de querer estar ahí y entrar, sí”, admite.

El juego propuesto por la autora, licenciada en Bellas Artes, ha funcionado porque la novela, amén de ser celebrada por la crítica y con ventas significativas (fue de las más demandadas en el confinado y virtual pasado 23 de abril) ya está siendo traducida al inglés, francés, italiano, euskera y gallego. Y desde que se supo que estaba en la lista de finalistas del galardón para España (junto a Temporada de avispas, de Elisa Ferrer, Serem Atlàntida, de Joan Benessiu, y Noche y océano, de Raquel Taranilla) se han añadido el croata, el húngaro y el macedonio. En realidad, esa es una de las razones de ser del premio de Literatura de la Unión Europea, que, si bien parcamente dotado (5.000 euros), sí destaca por poner en circulación autores y obras, por partida doble: con una gala literaria en Bruselas (este año prevista para el 29 de septiembre) y con una edición en una antología de textos, amén de la traducción de 50 páginas de la obra ganadora que se hacen llegar a los 41 países participantes en estas ya 12 ediciones del galardón, que incluye tantos países de la Unión Europea como los que conforman el programa cultural de Europa Creativa. Su participación es rotativa.

De alguna manera, para Solà Canto jo i la muntanya balla, es ya un poco una etapa superada. Confinada en su Malla natal, ha ido trabajando en sus nuevos proyectos, si bien reconoce que le ha costado concentrarse ante la situación generada por la pandemia del coronavirus. “Soy trabajadora, pero admito que las circunstancias han sido duras y me ha costado, pero he intentado mantener cierta dinámica de trabajo”. Y lo ha hecho en sus dos registros, que “se retroalimentan”. Así, uno tendrá con toda probabilidad una plasmación artística, mientras que el otro será una novela que, reconoce, “ya había empezado antes de Canto jo…, que ya sabía que quería hacer y que aparqué un poco para protegerla, para que fuera independiente de lo que pudiera pasar con la otra”, dice quien no siente presión alguna a pesar de contar sus libros por galardones: el poemario Bestia (premio Amadeu Oller, 2012) y la novela Els dics (premio Documenta, 2017). “La haré con tanta libertad y experimentación como la anterior, consciente de que cada cosa tiene una entidad propia; será otro juego… y sin prisa alguna”.

Otro reconocimiento ‘catalán’

El ecosistema literario catalán se ha visto también reconocido indirectamente en esta convocatoria del premio de Literatura de la Unión Europea con Lana Bastašić (Zagreb, 1986), que ha obtenido el mismo galardón que Solà, pero representando a Bosnia Herzegovina, con su primera novela, Atrapa la llebre (Edicions del Periscopi; Navona, en castellano). Bastašić, que ha vivido en Barcelona, es cofundadora de la Escuela Bloom de escritura de la capital catalana y una de las almas de su revista Carn de cap. Su debut literario es un particular viaje a lo Thelma y Louise de dos jóvenes bosnias, escenario que “ayuda a iluminar la oscura herencia que las guerras dejaron tras la disolución de Yugoslavia”, según el jurado de un galardón que obtienen cada año algo más de una decena de autores de otros tantos países europeos distintos; en esta edición, 13. En pasadas convocatorias, fueron reconocidos para España Jesús Carrasco (2016, con La tierra que pisamos), Cristian Crusat (2013, Breve teoría del viaje y el desierto), y Raquel Martínez-Gómez (2010, Sombras de unicornio), con lo que Canto jo i la muntanya balla, de Solà se convierte en el primer libro escrito originariamente en catalán que logra el galardón europeo.

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