Opinión
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Catalanes… ¿todos?

No descubro la sopa de ajo si digo que si quieres “triunfar en Catalunya” es indispensable aprender a bailarle el agua a los independentistas y a los gobiernos de la Generalitat en la “única lengua de la República”

La exconsejera de Cultura, Mariàngela Vilallonga, en el Parlament.
La exconsejera de Cultura, Mariàngela Vilallonga, en el Parlament.Quique García / EFE

Leer que Juan Marsé era “un escritor español que vivía en Catalunya” y no era, por tanto, “un escritor catalán buen patriota” porque no escribía en catalán y no comulgaba con la oficialidad, no fue sorprendente, ni tan solo por escuchado el mismo día de su fallecimiento. Él estuvo oyéndolo durante años; muchos menos, claro, de los que ha sido, y será, considerado uno de los mejores escritores en lengua castellana del siglo XX. Tampoco sorprendió que tacharan de españolista, al poco de fallecer, a Rosa María Sardà por su rechazo público a la legalidad del referéndum del 1 de octubre, ni extrañaron las críticas a Montserrat Caballé tras su fallecimiento por sus rechazo al independentismo.

Parece que el ser buen o mal catalán sigue siendo cuestión de lengua y política, como se vio en redes tras morir Pau Donés, a quien criticaron porque su música era en castellano, lo que impedía que fuera “de los nuestros”. Incluso uno de los asesores de Puigdemont, Josep Lluís Alay, se quejó de que hubieran dedicado demasiado tiempo en TV3 a hablar de según qué fallecidos.

De esas quejas y desprecios, y de otras parecidas, también sabe bastante la flamante Premio Nacional de Cinematografía Isabel Coixet, quien parece que tiene que pedir perdón cada vez que recibe un premio. Qué más da que sea una de nuestras realizadoras más reconocidas a nivel internacional. Su pecado es que no comulga con el catalanismo excluyente de los que gobiernan para quienes la lengua y la política, no los méritos, es lo que cuentan.

Llegados aquí, no descubro la sopa de ajo si digo que si quieres “triunfar en Catalunya” es indispensable aprender a bailarle el agua a los independentistas y a los gobiernos de la Generalitat en la “única lengua de la República” y, también, pareciendo más catalán que el pa amb tomàquet, aunque este fuera invento de murcianos. Sin ir más lejos, el filólogo Pau Vidal tachó en un tuit de “fascistas y enemigos” a todos aquellos que defendemos el bilingüismo. Así las cosas, ¿cómo no insistir en defender la “lengua única” en una comunidad constitucionalmente bilingüe?, han debido de pensar desde la Generalitat. Y en la creación del ‘Pla Nacional del Llibre i la Lectura de Catalunya’ y del Consell Nacional de la Lectura, para prestigio y visibilidad de los autores, han apostado por la literatura, sí, pero solo en lengua catalana y occitana.

Acabáramos.

Ni pensar en aquellos autores, catalanes también, que escriban en castellano. ¿Para qué leer a Matute, Cercas, Marsé, Mendoza, Vila Matas, Torres o Fernández Cubas?, han debido de decirse. Tal vez, influidos por eso, en algunas escuelas públicas, para las lecturas de lengua castellana se eligen obras de autores extranjeros traducidas, no sea que los niños vayan a descubrir que hay autores catalanes que escriben originariamente en castellano.

Aunque tal vez podamos tolerarlos, como bien se ha encargado de comentar la nueva consejera de Cultura, Àngels Ponsa, que entre sus primeras declaraciones ha señalado su deseo de que el castellano (y todas aquellas lenguas que se hablan en Cataluña) pase a usarse en la intimidad, mientras que el catalán acabe siendo “lengua común” y de “conexión” entre la ciudadanía. ¡Cómo no iba a resurgir con estos mimbres Súmate!, una asociación que se fundó en 2013 con la “misión” de promover el voto independentista en Cataluña entre los castellanohablantes. Entre aquellos que “llegamos desde todos los rincones de España y Cataluña se convirtió en nuestro hogar”. Según Súmate, tus padres o abuelos llegaron cumpliendo unos planes de colonización trazados desde el franquismo.

Pero no te apures, puedes cambiar si te “sumas” a la causa independentista, si reniegas de esos orígenes. Si, además, tratas de hablar catalán como lengua vehicular y quieres convencer a los que todavía les pesa demasiado su pasado de que sueñen con un futuro separado de España, miel sobre hojuelas, lo has conseguido: eres un buen catalán. Y dejarás ser uno de esos padres o madres que tanto molestaban a Marta Ferrusola porque al ir al parque los niños se mezclaban y sus hijos “no podían jugar cuando eran pequeños” y le decían: “Madre, todos son castellanos”.

Estamos en 2020 y yo todavía me pregunto cuánto tardarán en entender que todos somos igual de catalanes, hablemos la lengua que hablemos. No se puede permitir que en el pregón de la Mercé se trate de inadaptados a los que hablan en castellano, aunque te vistas de payaso.

Carmen Domingo es escritora y periodista.