OPINIÓN

Empatía y profesionalismo sanitario

¿Podemos pensar en un sistema con liderazgos clínicos consolidados, profesionales realizados y con la capacidad de entender los problemas de los pacientes? Sí, podemos

Personal médico del Hospital Dos de Mayo de Barcelona agradece los aplausos y muestras de apoyo de los ciudadanos.
Personal médico del Hospital Dos de Mayo de Barcelona agradece los aplausos y muestras de apoyo de los ciudadanos.Quique García / EFE

Decía Aristóteles que percibir era sufrir. Tener la capacidad de percibir y entender lo que pasa a nuestro alrededor puede provocar sufrimiento en quien lo detecta. Podría ser una primera definición de empatía. La empatía es la capacidad de entender los sentimientos ajenos, ponernos en sus zapatos, y comunicarlo. Aunque de la empatía todo el mundo habla, su estudio científico es reciente. Y no sólo en el ámbito de la salud, sino cada vez se subraya su importancia en los líderes y políticos.

Y es que la empatía de los profesionales sanitarios es una cualidad que debemos desarrollar y que ha mostrado beneficios clínicos. Pero además hay algo muy importante. Los profesionales más empáticos padecen menos burnout. El burnout o desgaste profesional provoca deshumanización, agotamiento emocional y poca realización profesional. Y esto es nefasto para el profesional y sus pacientes. Tras la pandemia nos encontramos en un momento de cambio, y es fundamental buscar estrategias que frenen y reduzcan el grado de burnout de nuestros profesionales. Hasta ahora, los profesionales de la sanidad de todos los grupos profesionales han trabajado estoicamente. Hemos mostrado vocación y voluntad de servicio. Sin embargo, el agotamiento emocional es una vía fundamental para consolidar el burnout. Y los profesionales estamos agotados física y emocionalmente. Y mucho.

Nuestro grupo de investigación detectó que eran los profesionales con una empatía media eran los que obtenían mejores resultados en los índices de calidad asistencial. Por que lo podríamos concluir que la virtud está en el término medio. Profesionales con buenos niveles de empatía, pero con una base científica sólida. Ni profesionales muy empáticos, pero poco competentes, ni grandes clínicos que no miren a sus pacientes a la cara.

Ha llegado el momento en que el profesional también esté en el centro del sistema. En los últimos años el sistema ha aguantado gracias a la dedicación y esfuerzo de los profesionales, y es justo que en un nuevo modelo estemos en el centro. Con una premisa clara, unos profesionales satisfechos y realizados tendrán menor burnout. Esto se traducirá en profesionales con mayor predisposición hacia la empatía. Y en esta ecuación conseguiremos beneficios clínicos y profesionales más satisfechos. ¿No es un buen resultado?

Es el momento de escoger qué modelo de profesional queremos. Hablando claro y poniendo de relieve las cualidades que siempre hemos tenido. Evidentemente que habrá que hablar de sueldos, pero va más allá. Los profesionales sanitarios queremos trabajar mejor, sentir que no hacemos tareas absurdas o que se limita nuestra actividad. Hemos asumido retos en los que hemos demostrado ser efectivos y que muestran que los liderazgos clínicos dan buenos resultados. ¿Podemos pensar en un sistema con liderazgos clínicos consolidados, profesionales realizados y con la capacidad de entender los problemas de los pacientes? Sí, podemos. Y debemos hacerlo. Escuchando e implicando a todo el territorio.

Tenemos la oportunidad de sentar las bases para conseguirlo y cuidar a los que cuidan. Para preparar profesionales que den lo mejor de sí mismos y evitar que se vayan del país. Para volver a tener el mejor sistema de salud. Porque hemos de saber que el sistema no son las infraestructuras, son sus profesionales. Es el momento de invertir en nosotros. Hemos demostrado que somos un bien para nuestro país.

Oriol Yuguero es médico del Hospital Universitari Arnau de Vilanova de Lleida

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