Opinión
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En el futuro no debería haber residencias

Nuestros mayores nos dirán que no quieren ir a una residencia, sino envejecer en su casa. Y para ello tendremos que cambiar el paradigma y pensar en cuidados de larga duración a personas dependientes

José Augusto García Navarro
Voluntarios acompañan usuarios de una residencia de ancianos.
Voluntarios acompañan usuarios de una residencia de ancianos.Albert Garcia / EL PAÍS

Nos equivocaremos mucho si para hacer las residencias de mayores del futuro, ese nuevo modelo del que todo el mundo habla, la residencia de la nueva normalidad, solo les preguntamos a los especialistas del tema. Estos especialistas solo nos darán respuestas técnicas y, en muchos casos, respuestas interesadas. Aun nos equivocaremos más si preguntamos solo a los políticos, porque estos devolverán la pregunta a los especialistas que respondan a sus intereses ideológicos. Y la equivocación aun la aumentaremos más si nuestra pregunta va dirigida solo a las patronales del sector, que, lógicamente, intentarán defender sus legítimos intereses.

No hay que olvidar que el modelo que tenemos y que ahora está en tela de juicio precisamente ha sido construido por estos tres grupos de interés: técnicos, políticos y patronales. Si este es el camino, ya sabemos las respuestas: colaboración público-privada, orientación al cliente, colaboración con la administración…

¿Y si le preguntamos a los que las usan y las necesitan realmente: los mayores y sus cuidadores? Nuestros mayores nos dirán que no quieren ir a una residencia, sino envejecer en su casa. Y para ello tendremos que cambiar el paradigma y pasar de pensar en residencias a pensar en cuidados de larga duración a personas dependientes, lo que incluye una visión global y longitudinal de todos los servicios: desde la atención domiciliaria a las residencias de mayores, pasando por centros de día y pisos con servicios. Los cuidadores nos dirán que quieren más transparencia y control. Y esto también lo queremos todos.

¿Cómo es posible que una sociedad tan desigual e individualista como la estadounidense disponga de una página de transparencia, llamada nursing home compare, donde todos los ciudadanos pueden observar y comparar las ratios de personal o las inspecciones de todas las residencias de mayores, y nosotros no? ¿Cómo es posible que los órganos de gobierno de nuestras residencias con financiación pública mayoritaria solo estén compuestos en su totalidad por personas designadas exclusivamente por la propiedad, muchas veces fondos de inversión con claro ánimo de lucro? ¿Cómo podemos explicar que no exista en la mayoría de casos una implicación directa del mundo local en la provisión y en el control? ¿Podemos seguir soportando que la decisión de ubicar una residencia en un municipio o en otro dependa de las facilidades que ofrece un ayuntamiento o de las oportunidades de inversión de una determinada localización, en lugar de estar coordinado con los servicios sanitarios con una óptica territorial?

La residencia del futuro necesitará más transparencia, mayor participación de las familias, implicación directa del mundo local y planificar territorialmente servicios sanitarios y sociales. Nosotros, igual que los mayores y sus cuidadores, también queremos más control y transparencia en los servicios de atención a la dependencia y, sobre todo, envejecer en casa. Y lo tenemos que hacer con la firme convicción de no hacer más residencias, sino más servicios en el domicilio. De forma decidida y por encima de la presión que ejercerán los intereses del mundo inmobiliario y de oportunidades de inversión.

Esto va de atender a personas y hay que preguntarles y actuar en consecuencia.

José Augusto García Navarro es director general Consorci de Salut i Social de Catalunya y presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.