Divisan un centenar de ejemplares de la familia de los delfines en el cañón de Begur

El calderón negro es una especie común en el Mediterráneo pero rara de ver en esta zona de la Costa Brava

Ejemplares de calderón negro en el cañón de Begur. En vídeo, imágenes del último avistamiento de esta especie en la Costa Brava.FRAN ARNAU ( @DRONECATALUNYA I @RAGGAFRANDRONE )

Un centenar de ejemplares de calderón negro o calderón común (Globicephala melas) se han dejado ver esta semana en el cañón submarino de Begur, en pleno corazón de la Costa Brava. Es una de las ocho especies típicas del Mediterráneo, aunque es un animal –de la familia de los delfines- que siempre busca aguas más profundas y no sube de los 600 metros de profundidad, que es donde se alimenta. Encontrarle cerca de la línea de la costa es complicado, apuntan los expertos. Como en el caso del tiburón peregrino o el rorcual común –ballena- parece que la combinación de los efectos de la borrasca Gloria con la aportación de nutrientes de los ríos al mar y la tranquilidad que da el confinamiento del hombre, que ha dejado sin tráfico y ruidos el mar, ha favorecido la presencia de esta especie.

“Científicamente no se puede demostrar, pero nos parece muy significativo, mucha casualidad que, tras dos meses de confinamiento, sin barcas recreativas, con la presencia humana reducida drásticamente, el primer día que salimos al mar hagamos este avistamiento”, sostiene el biólogo marino, Jordi Corona. Lo tiene claro: “Sin impacto del hombre hay dos meses de calma, sin este impacto los animales van cogiendo terreno, les molestamos mucho”. Él fue quien grabó el vídeo de los calderones negros frente al far de Sant Sebastià en Llafranc que se ha hecho viral.

El pasado jueves día 21, Corona y otros tres biólogos miembros de la Asociación Noa18nusos -constituida oficialmente en 2018 pero activa desde 2009-, dedicada a la divulgación del medio marino y en especial de los cetáceos en la Costa Brava, salieron del puerto de Palamós en un velero. Sobre las nueve de la mañana, en el Rec de Begur, una zona de gran profundidad delante de las costas de Begur, Palafrugell y Palamós detectaron a estos animales a unas cinco millas de la costa. “Era un grupo bastante disperso con unos 50 individuos, pero entre las 5 y 11 millas fuimos encontrando grupos dispersos, en total había más de un centenar”, asegura Corona.

Existen dos tipos de calderones, el negro y el gris. “El gris lo hemos visto varias veces, es más frecuente, el negro seguramente décadas atrás lo era y quizás lo sea en el Mediterráneo occidental y en otros puntos del litoral catalán, pero aquí es raro de ver, no lo habíamos visto nunca”, detalla Corona. El también biólogo Albert González explica que escogieron la zona por sus características, un valle submarino que nace muy cerca del litoral con profundidades de los 60 a los 1.500 metros a pocas millas de la costa. “Estos elementos topográficos constituyen toda una dinámica de sedimentos y nutrientes que las convierten en zonas de interés para los cetáceos”, apunta.

El objetivo era averiguar qué cetáceos había en la zona y después hacer una labor de conservación y divulgación. Teniendo en cuenta que a pesar de que no está en riesgo de extinción, sí es una especie protegida tanto en Cataluña como en España, “hay que recordar que hay una normativa que regula las maniobras de aproximación a estos animales, con los que no te puedes bañar ni molestarles, si no son ellos los que vienen a ti”, destaca González.

Se alimentan de cefalópodos como el calamar o el pulpo, pueden llegar a medir siete metros y pesar unas 3’5 toneladas, las hembras son más pequeñas y en los grupos que se mueven normalmente siempre hay un macho dominante. Son fácilmente detectables porqué tienen la cabeza mucho más globulosa y una aleta dorsal con una base muy ancha. Son totalmente negros o gris muy oscuro y solo tienen una mancha blanca como si fuera un ancla en la zona del pecho. Se caracterizan dentro del grupo de los delfines por no tener hocico, tienen esta especie de cabeza de caldero, -de ahí les viene el nombre- muy globuloso con una estructura dentro que se denomina “melón” y que les sirve, a modo de sónar, para detectar a sus presas, ya que a grandes profundidades hay muy poca luz. Es un animal muy tranquilo que se acerca a las embarcaciones e incluso, a veces, saca la cabeza para mirar sobre el agua qué están haciendo.

Dos días después del avistamiento desde Noa18nusos salieron de nuevo a intentar localizar al grupo de delfines calderones, pero sin éxito. Lo intentarán de nuevo esta semana.

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