CONFINADOS / 11

Sin truco contra la Covid-19

La magia puede resultar un buen entretenimiento doméstico para estos días de encierro

Luis Piedrahita en uno de sus videos de Instagram
Luis Piedrahita en uno de sus videos de Instagram

Nunca pensé que mi afición por la magia, y el entretenimiento doméstico que proporciona, servirían para algo más que para animar una sobremesa. Estos días, y hasta que mi exiguo repertorio se agote, envío cada día un vídeo a escogidos grupos de Whatsapp, de familiares muy en particular. En cada uno de ellos, hago un juego. Más con ánimo de buscar una sonrisa que de provocar pasmo. Por ahora, he evitado los de cartas porque son menos vistosos y comprensibles para un público infantil. Cilindros vacíos que se llenan de pelotitas, cuerdas que pescan y anudan una carta sin intervención humana, periódicos de papel que beben leche, plumeros que cambian de colores, esferas flotantes, dados que se ordenan solos… Lástima que parte de mi ajuar mágico –he comprado bastante durante muchos años– lo tenga lejos de Barcelona. Obviamente, no son grandes aparatos ni exigen mucha pericia.

En el Setmanari de l’Ebre presentan al cirujano e ilusionista de Tortosa Adolfo Criado que ha colgado en Instagram (elenigmadetrasdelamagia) unos juegos con cartas, nada simples, para explicar el contagio por coronavirus y su combate. Algunos acreditados ilusionistas también han pensado en los confinados y en el entretenimiento de los pequeños. Luis Piedrahita (piedrahitaluis, en Instagram) cuelga, y explica, desde su casa sencillos trucos que pueden hacerse con objetos que nunca faltan en un hogar (lápices, monedas, tenedores, servilletas…). Un simpático catálogo para que papás y mamás animosos entretengan a las pequeñas “bestezuelas”, dice Piedrahita, que tienen en casa.

Desde siempre sé que soy un mago malo, sin grandes habilidades. Tengo juegos en casa que nunca he presentado porque me veo incapaz de estar unas cuantas horas ante el espejo ensayando la rutina. Por ejemplo, el de los aros chinos que se entrecruzan y separan. Quizás ahora podría aprovechar el encierro e intentarlo.

Únicamente he actuado en público tres veces, las tres en el pueblo de mis padres, Maçanet de Cabrenys. En dos ocasiones actué en un hotel de telonero de un excelente mago gerundense y profesor universitario. Fue pasablemente bien. Pero la tercera, fue un auténtico desastre. Me pidieron que hiciera el pregón de un festival de arte que se celebraba en el pueblo, el añorado Maçart. Y como era un festival participativo en el que algunos vecinos mostraban, por ejemplo, sus pinturas, pensé que sería más divertido hacer un juego de manos que soltar un discursito. Con la plaza llena, quise realizar un efecto con cuerdas pero en mitad de la rutina me di cuenta de que me había equivocado y que no saldría. Y no salió. Tampoco tenía ningún plan B que me sacara del pozo en que me había metido. Recibí unos gentiles y compasivos aplausos. También hubo muchas risas. Mi pobre madre explicaba a quien quisiera escucharla que aquel juego, en casa, me salía perfecto. Después de esta amarga experiencia decidí abandonar los escenarios. Ahora, para entretener a seres queridos confinados hago estos vídeos elementales.

Desde luego, para empezar a hacerse una idea sobre magia basta con ir a Youtube. Ahí hay tutoriales donde enseñan trucos, particularmente de cartas. Sobre cómo se hacen los juegos con grandes aparatos –hubo un polémico programa de televisión con un mago enmascarado que los explicaba– no hay que fiarse mucho. Los trucos acostumbran a ser, me dicen mis amigos que saben, tecnologías ya caducas. Y hay que tener presente una cosa, los trucos que piden manipulación, ni que sea un doble lift (giro de dos cartas), exigen paciencia y ensayo. Siempre recordaré una conferencia del gran cartomago Miguel Gómez en un congreso de magos en Barcelona. Como es habitual en estos encuentros, el ponente hace el juego y luego explica la rutina. Cuando descubrió el truco no perdí ni un gramo de fascinación. Al contrario. Saber el truco es una cosa y saber hacerlo, otra muy distinta. Basta recordar uno de los consejos que dio Gómez en aquella charla. El mago, dijo, tras ducharse, debe empalmar una carta y llevarla en la mano durante horas. Así, cargado con la carta escondida, se coge naturalidad en el gesto.

Y, claro está, la otra opción es disfrutar del espectáculo, del asombro que provocan los efectos mágicos. El repositorio en Internet es enorme. Se pueden buscar los programas estadounidenses de Penn & Teller (en uno actuó el catalán Pere Rafart), los del ya desaparecido Le plus Grand Cabaret du Monde o la actuación del coreano Yu Ho Jin en el Impossivel del portugués Luis de Mateos, un milagro con cartas. Hay infinidad. Como la magia caótica del sueco Lennart Green que ha inspirado a Dani DaOrtiz. Igualmente se puede acudir a los clásicos, desde Dai Vernon en un ejercicio increíble de cubiletes al argentino René Lavand, el mago manco. “No se puede hacer más lento”, decía siempre. Desde luego hay nombres imprescindibles como Tamariz y ejemplos de ilusionismo lírico como el de Miguel Muñoz. En fin, una larga lista. La lástima es que contra la Covid-19 todavía no hay truco.

Lugar de cuarentena. Un ático en Barcelona.

Número de personas y edades. Dos sexagenarios y un estudiante.

Carencias del confinamiento. Paseos por prescripción médica.

Libro y serie para estas dos semanas. Cartomagia fundamental, Vicente Canuto (es de 1993) y las cinco temporadas de la serie de la BBC Inside 9 (hay un episodio de ilusionista asesino).

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