LIBRERIAS

El coronavirus tensa la cadena del libro

Unas 60 librerías plantean no pagar a los distribuidores, que ultiman ERTES que podrían afectar al menos a 500 personas en Cataluña

Depósito de libros del Grupo Machado Distribución.
Depósito de libros del Grupo Machado Distribución.Samuel Sanchez

Los nervios que genera la crisis del coronavirus están empezando a hacer mella en el mundo del libro, quizá de las industrias donde sus diversos componentes (autores, traductores, correctores, ilustradores, editores, distribuidores, libreros…) son más interdependientes que en otros ámbitos económicos. Y esa mítica cadena se tensó ayer sobremanera al trascender que 63 librerías han planteado al Gremio de Libreros de Cataluña que el colectivo no abone de manera conjunta y unitaria las facturas de este marzo a los distribuidores, justamente una de las liquidaciones más importantes del año en el sector al recoger las ventas de la campaña de Navidad y Reyes.

“Ni es falta de previsión ni mala gestión: el de Navidad es uno de nuestros flujos de ingresos más importantes junto con Sant Jordi y con ellos sueles pagar gastos que arrastras, priorizas otros pagos; aquí el problema es que, por el coronavirus, hemos dejado de ingresar en seco desde hace casi 15 días y así será durante bastante tiempo; la situación es muy delicada para muchas librerías, que mayormente van al día porque el sector deja muy poco margen”, apunta Mari Carme Ferrer, presidenta de los libreros, como explicación a la inquietante petición de las 63 librerías, de todas las dimensiones y mayormente de Barcelona, si bien también hay de Tarragona y Girona.

Ferrer descarta que la decisión de no pagar ahora a los distribuidores sea generalizada entre las librerías y que pueda adoptarse como postura oficial del gremio, posición que además podría plantear, según otras fuentes consultadas, problemas jurídicos. “Estas peticiones es mejor hacerlas a nivel individual y me consta que hay la máxima predisposición por parte de los distribuidores; toda la cadena del libro sabe que hay que salvar a las librerías porque son su eslabón más débil”, confía Ferrer, que, aclara, “no estamos pidiendo que se nos condonen esas facturas sino un aplazamiento". En la misiva enviada al gremio por los libreros piden precisamente que no se emitan las facturas de este mes y se alarguen el vencimiento de las mismas 60 días. La presidenta, “por ahora”, no ha detectado entre los agremiados ningún cierre. Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE), sí: “Eso, desgraciadamente, lo estamos mirando todos: en mi librería somos cuatro y un quinto a media jornada; es gente buena, que lleva con nosotros el que menos 13 años y no los quiero perder; cuando pase esto, los recuperaremos”, espera.

“Tenemos buena predisposición, el sector del libro es y debe ser solidario, pero si a finales de marzo no nos paga ninguna librería, los distribuidores no podremos pagar a los editores y éstos, a su vez, no podrán pagar ni a sus trabajadores ni a sus imprentas ni a nadie y entraremos en una espiral muy peligrosa”, admite Martí Romaní, presidente del Gremio de Distribuidores de Publicaciones de Cataluña, un sector muy polarizado entre empresas de tres o cuatro trabajadores y otras de 80 a 100 empleados y que tampoco se va a librar de los ERTE. “Las distribuidoras hemos pasado de tener entre 150 y 200 pedidos de media a apenas tres o cuatro; es insostenible”, justifica. Romaní desconoce cuántos trabajadores podría quedar afectados por esos expedientes, pero fuentes conocedoras apuntan “al menos, entre 400 y 500 personas”. Sumándolos con los que se barajan en el resto de España, la distribución alcanzaría los 3.000.

La decisión de los libreros inquieta también a los editores. “Si entramos en la dinámica de que nadie paga a nadie las consecuencias pueden ser irreparables”, alerta Joan Carles Girbés, director editorial de la cooperativa cultural Som (Ara Llibres, Amsterdam, Bernat Metge…) y presidente de la Setmana del Llibre en Català. “Si nos quedamos sin cobrar lo de Navidad y dejamos de vender por Sant Jordi nos habremos perdido las dos campañas más fuertes del año para los sellos comerciales”, apunta. Y desliza que es ahora en marzo cuando los editores suelen liquidar los derechos de autor a escritores e ilustradores.

Y es que el efecto dominó afectaría también a muchos profesionales independientes, satélites de las editoriales: ocho de cada diez contratan colaboradores externos. Entre estos, quienes temen lo peor son los traductores editoriales, unos tres mil en España, que intuyen una crisis en diferido: ahora siguen trabajando, pero los editores, que en sus inevitables reorganizaciones de programación por la crisis del coronavirus priorizarán presumiblemente autores nacionales frente a los extranjeros, han empezado a retirarles títulos ya apalabrados para finales de año y principios de 2021. La cadena del libro se tensa por todas partes.

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