Mamadou ya no quiere entrenar
Canarias busca soluciones urgentes para que cientos de adolescentes migrantes puedan sortear los requisitos de la FIFA y jugar en los clubes insulares

Mamadou habla con rabia contenida. Se nota hasta por teléfono. Desgrana su día a día con calma, sus estudios, sus ganas de trabajar, pero… cuando le preguntan por el fútbol, un coraje embridado llega a través del auricular desde Tenerife a Madrid: “Ya no voy a ir a entrenar más. Como no va a dar tiempo para la siguiente temporada, no sé si volveré a entrenar. Ya no voy”, dice el senegalés de 17 años, cansado de que no le hagan la ficha para poder jugar contra otros equipos. Ha tirado la toalla. El muchacho tiene su residencia española, obtenida no sin esfuerzos burocráticos, pero ahora la FIFA dicta reglas nuevas: los menores migrantes que llegaron solos y que no hayan solicitado asilo no pueden competir con otros clubes. Otra vez Mamadou se queda en el banquillo. “Ni siquiera en el banquillo, si voy al partido, tengo que estar en las gradas”, vuelve a notarse el hartazgo en su voz con fuerte acento canario. Sus compañeros, con los que entrena tres veces en semana, calientan y saltan al campo.
Acuciada por las protestas de familias, entrenadores y organizaciones solidarias, la comunidad canaria ha anunciado medidas para que estos menores puedan obtener su ficha de federados en un corto espacio de tiempo y puedan jugar esta temporada. La Consejería de Educación, que también lo es de Deportes, convocó una reunión urgente este martes con representantes de las dos federaciones canarias y de la española. “Estamos hablando de menores que han llegado solos a nuestras islas, que han vivido situaciones extremadamente duras y que hoy están bajo la tutela de la administración pública. Para muchos de ellos, el fútbol no es solo un deporte, es una vía de integración y de pertenencia”, les trasladó el viceconsejero de Deportes, Ángel Sabroso, quien cree que hay margen para “interpretar” la norma de la FIFA “desde el interés del menor”. Sabroso ha trasladado a otros interesados que no asistieron a la reunión que se dictará una orden de obligado cumplimiento para que se extiendan esas fichas a los menores ampliando el plazo si es necesario. Otros chicos en las mismas circunstancias en la Península seguirán sufriendo las mismas trabas si nadie les pone remedio y también los menores migrantes canarios que quieran salir al resto de España a jugar contra otros equipos, pero la noticia alivia el padecimiento que traían estos adolescentes.
Pocas motivaciones hay más poderosas para los menores migrantes que andan solos por los centros de acogida que el fútbol. Es escuchar la palabra y los chicos se arraciman alrededor de quien la pronuncia a ver quién proporciona un balón, un campo, quizá una camiseta y un equipo que defender. El poder integrador de este deporte es bien conocido en las islas Canarias y en cualquier otra región con alta presencia de estos muchachos llegados de África: hacen amigos, aprenden el idioma, comparten aventuras, se alejan de tentaciones indeseables y prosiguen con sus estudios, condición obligatoria. Así lo han visto las familias de acogida, docentes, entrenadores y cualquiera que preste parte de su tiempo libre para apoyar a estos adolescentes. Y en Canarias, no faltan. Por si fuera poco, algunos pueblos montan sus equipos gracias a los migrantes, de otra manera no tendrían jugadores suficientes.
Viven por el balón y muchos son buenas gacelas en el campo. Bien lo saben los grandes clubes, que tiempo atrás ojeaban a estos adolescentes en sus países de origen y acababan trasladándolos a Europa bajo promesas y dinero. Si después no brillaban lo suficiente, su estrella se apagaba en cualquier calle sin el cuidado de nadie. La FIFA reguló esas prácticas que se habían convertido en un escándalo y se endurecieron las condiciones para estar federado y competir, tanto en clubes de primera como en ligas de barrio o de pueblo, donde no había más interés que jugar y ser felices. Las malas mañas de unos pocos se llevaron por delante la ilusión de la mayoría.
Contra una burocracia multiplicada han peleado muchos voluntarios, responsables de clubes, entrenadores. En Canarias, una magistrada ha puesto nombre a la lucha contra las correosas directrices de la FIFA: Reyes Martel Rodríguez ha impulsado el proyecto UP2U, una iniciativa para mejorar la vida de los menores desfavorecidos con la participación de toda la sociedad, y bregó para simplificar aquellos trámites que cerraban la puerta al fútbol años atrás. El nuevo requisito impuesto por la Federación a mediados de diciembre supone para todos ellos un golpe inesperado, otra temporada en blanco que quizá ahora tenga remedio. La jueza opina que los aires contra los migrantes que soplan por toda Europa pueden estar detrás de esta decisión que ha dejado a los más vulnerables sin salida: “Esto cercena los derechos humanos del menor, atenta contra las leyes internacionales y también contra la propia ley del deporte, que considera el juego un elemento integrador. Su derecho es jugar, competir. Hay que hacerle entender a la FIFA que puede llegar al Tribunal Europeo de los Derechos Humanos”, dice. Y también tiene un mensaje para la sociedad: “¿No queremos que estos chicos causen problemas, que no se radicalicen, que se integren? Pues con esto no lo vamos a conseguir”, advierte. “Si esto no se arregla, vamos a tener un problema, la exclusión es un peligro, luego llegan a los juzgados de menores y todavía hay quien piensa que solo ellos cometen delitos. Nada más lejos”, afirma.
Mamadou (que no se llama así en su identificación real) llegó a Tenerife con 15 años y pasó por varios centros de menores, hasta que le sometieron a las polémicas pruebas óseas y determinaron que era mayor de edad y lo trasladaron a un centro de adultos. Su brillante trayectoria en el instituto, donde pasó el último curso de Secundaria en unos pocos meses, movilizó a los profesores a recabar dinero para regular su situación en el consulado senegalés en Madrid. Meses después llegó el pasaporte y luego el permiso de residencia. Mamadou ya era un chaval tutelado por la comunidad canaria. Había sorteado todos los escalones menos el que le permite obtener su ficha deportiva. La familia de confianza que tiene en Tenerife se desespera viendo al muchacho bajar los brazos.
El permiso de asilo que piden ahora para saltar al campo solo lo solicitan quienes llegan de Malí, por las condiciones violentas de aquel país y algunos incluso renunciaron a ello cuando les dijeron que serían trasladados a la Península. Varios prefirieron renunciar al asilo y quedarse, habían echado raíces y el fútbol fue un buen abono para ello. Miguel Llorca se duele de que esta temporada se pueda frustrar para estos muchachos, aunque recibe la noticia del gobierno canario con alivio. “El año pasado se tramitaron 152 fichas y este año solo 21”, explica el coordinador del Campus Sansofé, de la Universidad de La Laguna, que trabaja en la inclusión de los jóvenes a través del deporte. “Sansofé significa bienvenido en el idioma aborigen canario”, dice Llorca, quien ya solo alcanza “a ver racismo” en esta medida de la FIFA. “Nadie se lo explica, nadie”, dice. “En baloncesto ya están empezando a poner obstáculos, pero en general esto solo pasa con el fútbol”, se queja. “Solicitar el asilo es no poder volver a su país, nadie se lo recomienda, ellos ya están protegidos por el Gobierno canario, por qué van a renunciar a su país”, dice. El problema, en todo caso, no solo lo tienen las islas, también en otras comunidades y países europeos. No corren los mejores tiempos para la migración.

Mamadou quiere trabajar y completar el grado superior en Electrónica. Y seguir jugando al fútbol… “Ya tenía el pasaporte, ya lo tenía todo, y ahora llega esta nueva ley”, que le derrumba. “Yo creo que ya no voy a ir a entrenar más”, dice, a pesar de que el entrenador le pide que no se desilusione y los compañeros le preguntan una y otra vez que cuándo llega su ficha. El problema es que estos chicos crecen y los caminos judiciales son largos y tortuosos. Para cuando las cosas se arreglen, el senegalés ya habrá soplado las 18 velas. Entonces los papeles serán más fáciles, pero nadie podrá aminorar la frustración de haber visto los partidos desde las gradas. El anuncio del viceconsejero de Deportes puede hacerle feliz.
En la FIFA refieren el tráfico de menores entre los clubes que justificó la burocracia y los frenos añadidos, pero algunos creen que los tiempos han pasado y hay que adaptar la norma al 2026. “Ser más generosos”, dice una fuente de la Federación conocedora de este asunto. “Es una cuestión de integración, estamos de acuerdo en eso, pero también sobrepasados, esto no solo pasa en España”. Diversas fuentes aseguran en la federación que ya se está considerando modificar ese artículo 19 que pone una piedra en las botas de estos menores, pero “con cautela” para no desencadenar un “efecto llamada” que abra la puerta de nuevo al tráfico de jugadores. De momento, lo que han hecho es endurecer lo que había.
“El objetivo no es formar a estos pibes en el fútbol profesional, sino su integración”, repite Manuel Rodríguez Tonono, director de Formación y Captación de la Unión Deportiva Las Palmas. El reputado director técnico es capaz de mencionar de corrido el nombre de una decena de muchachos africanos que juegan en equipos y tienen su profesión: “Camarero, soldador, trabaja en un supermercado, tutor…”, va recitando. “Y todos ellos, además siguen su formación profesional o académica, es obligado”, añade Tonono. Entrenan bajo el proyecto solidario de la Unión Deportiva y luego compiten en sus pueblos. Otra vez cita el técnico diversos clubes de carrerilla: “Cárdenas, Arona, San Luis, Maspalomas, Corralejo…”.
Antonio Sánchez, presidente del club deportivo Verdellada, de La Laguna (Tenerife) tiene “dos chicos rechazados”, de 13 y 16 años, de Senegal y Mauritania, y cada semana se le encoge el corazón cuando le preguntan: “¿Ya puedo jugar el sábado?“. ”No, todavía no puedes”, les dice. “Somos un equipo humilde de barrio. Estos chicos no quieren llegar al Barça o al Madrid, solo participar e integrarse, son niños. Van a jugar, a fiestas de cumpleaños, son supereducados, no crean conflictos, ninguno. Yo no veo las cosas que dicen por la tele”. “No sé si esto [de la FIFA] ha ocurrido por presiones políticas... si no, sería racismo, es una palabra muy grande”, afirma por teléfono. “Solo queremos ayudar. Se están cerrando colegios por falta de natalidad; hay equipos con mayoría de chicos migrantes porque en el pueblo no hay más gente. Con esto ganamos todos”, insiste Sánchez, como si tuviera a la FIFA delante.
Si la Federación Internacional acabará por echar abajo esa norma o no, es pronto para saberlo. Pero quizá sea tarde para Mamadou, que desde que su cayuco tocó tierra en Tenerife ha pasado tres años soñando con jugar con su pequeño club. “Cada fin de semana, estos chicos vuelven a estar en inferioridad de derechos, excluidos respecto a otros niños, porque no pueden jugar, el sistema no les deja, aunque tengan su permiso de residencia”, lamenta la mujer que acoge en su familia a Mamadou cuando no está en el centro de menores. No quiere identificarse.
En la adolescencia se sueña con el estrellato, lo mismo si se quiere ser bombero, que cantante o astronauta. La mayoría no llegará a esas cúspides, en cambio, nadie tiene por qué renunciar al fútbol, ya se llame Pedro Duque o Karol G. Pero Mamadou ya no quiere entrenar.
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