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¿Quién tiene la culpa de que crezca tanto Vox? Sánchez la rechaza y Feijóo la esquiva

El presidente sostiene que el partido ultra crece porque el PP “le ha puesto una alfombra roja” mientras el líder de la oposición no quiere asumir esa responsabilidad

Hay una gran pregunta sin respuesta clara que recorre toda la política española y que es parecida a la que se hacen los partidos tradicionales en otros países europeos y americanos: ¿por qué sube tanto Vox? ¿Cómo es posible que la ultraderecha crezca indistintamente en países en crisis económica profunda, como Argentina, que llegó a un 200% de inflación, y en otros que crecen con estabilidad económica y tienen buenas cifras desde hace años, como España y Portugal? Esa pregunta sobrevoló toda la larga sesión del Congreso este miércoles. La derecha culpa al Gobierno y el Ejecutivo mira al PP.

Pedro Sánchez se revolvió frente a la idea, muy instalada en el PP y los círculos de influencia de la derecha tradicional, que lo ven a él y a su figura polarizadora como grandes responsables del auge de la ultraderecha española. “Los que dicen que este Gobierno tiene la culpa de que crezca la ultraderecha mienten”, se plantó Sánchez, no solo frente al PP, sino también algunos grupos de la mayoría que le animaban a ser más valiente, a plantear reformas más agresivas, especialmente en vivienda, para no dar alas a la ultraderecha.

Sánchez y su cúpula están convencidos de que Vox no es fruto de los años de gobierno progresista ni una reacción a la primacía de la izquierda española, que lleva gobernando desde 2018 y ha dominado muchos años la política española desde 1982. Frente a quienes, incluso dentro del PSOE, le exigen autocrítica después de dos elecciones desastrosas, en Extremadura y en Aragón, Sánchez sostiene que Vox crece porque el PP “le ha puesto una alfombra roja” y cada vez se parece más en las formas y en el fondo, y él lo que hace es combatir ese ascenso con políticas progresistas.

“No puede ser el culpable del ascenso de la ultraderecha el que plantea precisamente las políticas que no quiere Vox, que a pesar de que ha habido ocho borrascas en lo que va de año, con lluvias que no se veían en los últimos 70 años, está negando el cambio climático y exige acabar con todas las políticas que lo combaten. Es el PP, que le pone la alfombra roja, el responsable del ascenso de Vox”, clamaba Sánchez mirando no solo a los populares sino a la bancada de la izquierda, cada vez más inquieta ante la posibilidad de que Santiago Abascal sea vicepresidente de España o incluso presidente si continúa su ascenso.

Alberto Núñez Feijóo, por su parte, no quiere asumir esa responsabilidad. Durante el debate, pese a que Sánchez le interpeló varias veces por ese giro a la derecha que le hace parecerse cada vez más a Vox, no quiso entrar en esa cuestión aunque indirectamente sí estaba mirando de reojo a su derecha, porque toda su intervención parecía pensaba para dejar sin espacio a Abascal y competir con él en antisanchismo y en palabras gruesas contra el presidente. Tanto que cuando el líder de Vox subió a la tribuna, después de un tono brutal de Feijóo, parecía un tanto descolocado y sin saber qué hueco buscar hasta que lo encontró donde siempre: en los ataques a los inmigrantes y la tesis del gran reemplazo, esto es, que Sánchez está abriendo la puerta a regularizaciones porque cree que serán futuros votantes, algo inviable en el medio plazo porque cada nacionalización lleva años.

Este asunto de quién es el culpable del ascenso de Vox es muy relevante, porque fue la pregunta clave en las elecciones generales de 2023 y precisamente el miedo a Vox movilizó de forma inesperada a al menos un millón de progresistas que no habían votado en las autonómicas y permitieron que Sánchez siguiera en La Moncloa cuatro años más. Por eso el presidente lo rechaza de forma tajante, porque no puede aceptar, como plantean varios dirigentes del PP, que es él quien está engordando a Vox para debilitar a los populares. Su tesis es exactamente la contraria: que él y su Gobierno son el único muro frente a la ultraderecha que está funcionando en toda Europa.

Sánchez repitió varias veces el argumento porque para él es trascendental este debate. “Este Gobierno no es el culpable del ascenso de Vox, al revés, lo está combatiendo. El culpable es el que le copia en forma y fondo, esto es el PP. Porque entre el original, Vox, y la copia, el PP, los ciudadanos se están quedando con el original”, insistió. Incluso se burló de Feijóo porque llevó al mitin de cierre de campaña a un grupo, Los Meconios, que “reivindica el golpe de Estado”, porque cantan “vamos a volver al 36″, y a un activista de ultraderecha como Vito Quiles. “¿Qué ha sido de esa moderación, de esa política para adultos, señor Feijóo? ¿Se la ha robado Ayuso o Vito Quiles? PP, Vox y Alvise son lo mismo, en el fondo y en la forma". El PSOE está viendo que Vox ya no moviliza tanto a la izquierda como antes, y Sánchez trata de juntar a toda la derecha en un bloque para recordar a los progresistas que, si no van a votar, tendrán un gobierno muy extremista con la ultraderecha con mucha fuerza.

En este contexto, también es importante el debate que trata de equiparar a la ultraderecha de Vox con Sumar o Podemos. La bancada del PP se removió molesta cuando Sánchez dijo que no es lo mismo que los populares gobiernen con la ultraderecha a que los socialistas lo hagan con grupos que vienen de una raíz comunista. En el mundo de la derecha se tratan de equiparar en muchas ocasiones. Y Sánchez se revolcó contra eso. “Es verdad que el comunismo en otras partes del mundo significó tiranía, dictadura, pérdida de libertades. Pero en España, los comunistas pagaron con sus vidas y con el exilio la lucha para traer la libertad y la democracia. Y lo dice alguien que es secretario general del PSOE [enfrentado históricamente a los comunistas]. Pero es justo reconocer esa lucha, no se puede comparar con un grupo que reivindica la dictadura aún hoy”, remató. Para Sánchez, esta equiparación que hace el PP forma parte “del blanqueamiento de la ultraderecha”, de la misma manera que el número dos del PP, Miguel Tellado, compara a Vito Quiles con el Gran Wyoming cuando presentaba Caiga quien caiga.

Feijóo no parecía muy interesado en estas diatribas históricas, y se burló de Sánchez por “hablar de comunismo y no de la mayor crisis ferroviaria de la historia”, pero el PP sí está lanzando la idea de que es el presidente el gran activo para Vox. De hecho Feijóo suele decir que ambos se retroalimentan. Sin embargo, el líder del PP ahora está dejando de lado los enfrentamientos con Vox y esta vez en el Congreso no hubo ni un mínimo cruce con el líder de Vox. Ambos están en plena tensión negociadora por las formaciones de gobierno en Extremadura y Aragón, y posiblemente las que vendrán en Castilla y León y Andalucía, pero Feijóo ha dado un giro a su discurso esta semana y ha ofrecido una mano tendida muy clara a Vox que consolida la idea de que son cada vez más un bloque que está dispuesto a gobernar juntos en La Moncloa. “Señor Abascal, le ha salido un competidor potente a su derecha o izquierda, no sé dónde se sitúa el señor Feijóo”, se burlaba Sánchez.

Estos dos ejes, quién tiene la culpa del ascenso de Vox y cómo se están asimilando los discursos de los dos grandes competidores de la derecha, serán sin duda uno de los elementos centrales del debate en los próximos meses, camino de las elecciones generales. De cómo se resuelvan, y de cómo los perciban los ciudadanos, especialmente los progresistas, dependerá en buena parte el resultado de las urnas cuando Sánchez decida abrirlas o cuando se le agote el tiempo y tenga que hacerlo por imperativo legal.

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