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Pedro Sánchez ofrecerá inversiones para resolver la crisis ferroviaria en un difícil debate sobre Adamuz en el Congreso

La oposición de PP y Vox tratará de marcar la imagen de caos y de fin de ciclo tras las elecciones aragonesas

Este miércoles llega un debate difícil para el Gobierno en el Congreso. Después de dos comparecencias del ministro de Transportes, Óscar Puente, tras el accidente de Adamuz, que fueron largas y tensas pero no salieron del todo mal para el Ejecutivo, el presidente, Pedro Sánchez, se enfrenta a un pleno prácticamente monográfico sobre la crisis ferroviaria -se hablará también de política internacional, pero en teoría mucho menos-, que tiene ralentizadas casi todas las vías de alta velocidad españolas y con muchas complicaciones en Rodalias en Cataluña.

El jefe del Gobierno, según diversas fuentes, se centrará en plantear la salida del agujero en el que se ha metido en esas semanas el sistema ferroviario español con más inversiones multimillonarias para mejorar las vías, especialmente en Cataluña, y más gasto en mantenimiento en toda la red.

Lo que no podrá ofrecer Sánchez todavía, porque la investigación no está concluida, son detalles nuevos de las causas del accidente, una explicación definitiva de por qué se produjo y si es atribuible a la soldadura o a un defecto de origen del material. Para llegar ahí, aún queda mucho análisis de laboratorio de los técnicos, aunque la oposición intentará responsabilizar al Gobierno por la obra de reforma y actualización que se hizo en esa vía. En los debates con Puente este asunto ha ocupado mucho espacio, pero el ministro ha insistido en que nadie puede aún saber con certeza qué pasó mientras la investigación independiente que se está llevando a cabo no concluya.

Sánchez se enfrenta a un debate complejo, muy probablemente tenso, en el que la oposición de PP y Vox, pero también Junts y otros grupos catalanes subirán el tono, pero tiene una ventaja política importante: podrá utilizar a su favor el reciente acuerdo entre el ministerio que dirige Puente y los sindicatos con inversiones millonarias, mejoras de seguridad y condiciones de los maquinistas y todo el personal y más contrataciones. Además el presidente podrá utilizar a su favor el anuncio de que la próxima semana se restablecerá con normalidad el servicio en Rodalies.

Con este pacto, que ha supuesto la desconvocatoria de la huelga de tres días prevista por los trabajadores, el Gobierno confía en abrir paso al regreso de la normalidad en un sistema muy sensible políticamente que lleva meses con todo tipo de problemas, ya antes del accidente de Adamuz, que ahora se han agravado por los propios avisos de los maquinistas, que se han multiplicado y fuerzan la reducción de la velocidad en muchos tramos.

La oposición ha preparado el debate para tratar de acorralar a Sánchez con la sensación de caos generalizado. Los problemas en el sistema ferroviario, que ya han supuesto en el pasado un desgaste importante para el Gobierno y en Cataluña son especialmente sensibles, son para la oposición una oportunidad para trasladar esa idea que el Gobierno agoniza.

Tanto el PP como Vox tratarán de reforzar esta idea con los malos resultados del PSOE en las elecciones en Aragón, que se suman a los aún peores que tuvo en Extremadura, para fijar la idea de que el ciclo ha cambiado y Sánchez caerá en cuanto convoque las elecciones generales.

Por el contrario, el presidente y otros grupos que lo apoyan, en especial Sumar, intentarán ofrecer la imagen opuesta, esto es, que a la legislatura aún le queda recorrido y que el Gobierno tiene planes a medio y largo plazo para resolver problemas como el del caos ferroviario. En cada debate, y más en uno tan delicado como este, Sánchez intenta convencer al mundo político y mediático, y, por tanto, a los ciudadanos, de que pese a las dificultades evidentes, su Gobierno sigue trabajando para sacar adelante leyes y decisiones y aún queda un largo recorrido por delante, mientras la oposición transmite la sensación de final inminente.

El debate dará cuenta así del estado de la política española, con una derecha y sobre todo una ultraderecha que sale envalentonada de las dos elecciones autonómicas recientes, y un Gobierno que lo hace debilitado por un mal resultado en ambas, pero que se aferra a su gestión, sus planes de futuro y la inviabilidad de una alternativa parlamentaria para seguir adelante y pensar en un año largo de legislatura por delante.

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