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VOX
Análisis

La incansable campaña del ‘no candidato’ Abascal en Aragón: 50 municipios en 14 días

El partido ultra ha conseguido en las localidades visitadas por su líder entre 0,5 y 3,5 puntos por encima de la media provincial

El pasado 1 de febrero Santiago Abascal subió un vídeo a las redes sociales en el que se le veía pasear por las montañas del Pirineo de Huesca, cubiertas de nieve, acompañado por el alcalde de Fanlo, Horacio Palacio, del Partido Aragonés Regionalista (PAR). Durante casi diez minutos, ambos tratan de identificar los árboles que encuentran en su camino, reconocer a los pájaros por su canto e incluso adivinar la presencia de zorros por el olor penetrante de sus orines. No se sabe a qué partido votó Horacio el pasado domingo, pero sí que el PAR solo obtuvo una papeleta en un ayuntamiento en el que tiene cuatro concejales, mientras que Vox, que en las anteriores autonómicas obtuvo solo dos votos, logró ahora 19 y se convirtió en la fuerza más votada del municipio, con el 36,5% de los sufragios.

En pueblos como Fanlo, de un centenar de habitantes, la visita de un político nacional como Santiago Abascal, a quien solo han visto en televisión, despierta la misma expectación que la de una estrella de rock. Los vecinos salen de casa para verlo y los jóvenes se hacen selfis con él y le piden autógrafos de recuerdo.

En la distancia corta, Abascal es afable y educado. Cuando baja de la tribuna, se olvida del tono bronco y las palabras gruesas, se borra ese gesto de permanente malhumor y enojo con el que escenifica la indignación que le produce el estado en el que a su juicio se encuentra España, siempre a punto de romperse, y esboza una sonrisa. Abascal presume de hablar el lenguaje del pueblo llano, en vez de la jerga incomprensible de los políticos. Amante de la montaña —asegura que su vocación era ser guardia forestal—, puede hablar de árboles y de pájaros, de caza, toros y caballos —como los que criaba su padre—, pero prefiere predicar sobre la falta de viviendas para jóvenes, el supuesto aumento de la delincuencia o las listas de espera en los hospitales, problemas todos que atribuye a la misma causa, la “invasión migratoria”, y al mismo culpable, Pedro Sánchez, en conjunción con el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo.

En 14 días, Abascal ha visitado 53 localidades de Aragón, según la lista que él mismo ha llevado, medio centenar de municipios, ya que Baños de Panticosa es un balneario y Formigal una estación de esquí: 23 en Zaragoza, 12 en Teruel y 15 en Huesca. Prácticamente no ha salido de la comunidad autónoma desde el 12 de enero, cuando presentó públicamente a los candidatos de su partido, salvo para participar en una cumbre internacional ultra en Bruselas a la que acudió con el presidente electo de Chile, José Antonio Kast. En Teruel capital, donde ha sido la segunda fuerza más votada, por delante del PSOE, dio dos mítines; y en Monzón, donde se quedó a menos de 30 votos de los socialistas, el auditorio de San Francisco, con un aforo de 370 personas, colgó el cartel de completo y tuvo que salir a saludar a quienes se quedaron en la calle. Hizo campaña en La Muela, epicentro de un escándalo de corrupción a principios de este siglo, donde Vox ha ganado con el 31,2% de los votos, pese a gobernar allí la Chunta Aragonesista; y en Fraga, el pueblo con mayor proporción de población inmigrante, donde ha quedado en segundo puesto con el 23,8%; al igual que en Utebo, en el extrarradio de Zaragoza, donde ha cosechado el 23,6% de los votos. En total, Vox ha ganado en 43 localidades y ha quedado por delante del PSOE en 124.

Es difícil saber en qué medida la campaña personal de Abascal ha contribuido al éxito de su partido. En los municipios de Zaragoza que ha visitado ha obtenido de media el 20,7% de los votos, 3,35 puntos más que en el conjunto de la provincia (17,3); en Teruel, el 22,9%, lo que supone 2,6 puntos por encima de la media provincial (20,34); y en Huesca, el 19%, solo un cuarto de punto de aumento (18,75).

Abascal repite que en los bares y plazas de los pueblos nadie le ha preguntado por Groenlandia, lo que es una ventaja, pues así no ha tenido que pronunciarse sobre la actitud de su socio más poderoso, Donald Trump, mientras que sí le habrían trasladado su preocupación por el Pacto Verde europeo o la Agenda 2030, dos de las bestias negras de su partido. Pero su mayor ocupación en esta gira por las tierras aragonesas, según él mismo ha explicado, ha consistido en escuchar, dejar que la gente le cuente sus problemas. Y eso es lo que más agradecen quienes viven en la España vaciada y se sienten ignorados por unos gobernantes a los que perciben como indiferentes y distantes.

Abascal no parece el gestor más capaz para solucionar problemas cotidianos. Nunca ha pretendido serlo. Cuando era un joven concejal de Llodio (Álava) no acudía a los plenos en los que se debatía la recogida de basuras o el alumbrado público. Lo que le interesaba era qué bandera se colgaba en el balcón municipal, según ha confesado él mismo. La guerra de las banderas entonces y la guerra cultural ahora.

Tampoco los electores se pueden llamar a engaño. Abascal se marchó de Aragón el 6 de febrero y por ahora no tiene previsto volver. Aunque su rostro figurase en todos los carteles electorales y él fuera el gran protagonista de los mítines, no se presentaba a las elecciones. La gestión de los más de 117.000 votos que cosechó el pasado domingo corresponde a Alejandro Nolasco, cuya labor como vicepresidente aragonés no dio tiempo a evaluar porque Abascal ordenó abandonar el gobierno autonómico menos de un año después de entrar en él. La clave del ascenso de Vox no parece estar, por tanto, en la confianza en su capacidad de gestionar fondos públicos, en gran medida inédita.

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, planteó las elecciones en Aragón, igual que las extremeñas, como una primera vuelta de las próximas generales. Abascal aceptó el envite y parece haber convencido de ello a sus electores. Vox ha conseguido un ascenso espectacular (siete escaños y unos 42.000 sufragios más) respecto a las últimas autonómicas, pero no tanto si se compara con las generales, no con las de 2023, en las que el partido ultra estaba en caída libre, sino con las de noviembre de 2019, cuando tuvo casi 119.000 votos en Aragón. No le será fácil repetir este crecimiento en las elecciones castellanoleonesas del 15 de marzo, porque allí el trasvase del voto de generales a autonómicas se produjo en 2022. El 17% al que ha llegado Vox en Extremadura y Aragón es el suelo del que parte en Castilla y León. La incógnita está en saber cuál será su techo.

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